Back to… sandalias con calcetines (y viceversa)

Si Parchis ha vuelto (afortunadamente solo a las pantallas de Netflix), también lo han hecho las chanclas a rayas, las coletas altas, la fiebre de las gorras de playa con publi de cajas de ahorros, las Fantas de Bershka, las camisetas Disney y las camisas hawaianas que no distinguen de género. Por supuesto, la insustituible riñonera, las mallas de ciclista, las cazadoras oversize, las Dr. Martens, los pendientes largos y de colores, el animal print en cualquier accesorio que se preste, los bañadores de tiro alto combinados con bolsos de red o la exuberancia de los peinados años 70.

Hay quien tilda algunas de estas tendencias de mal gusto, pero lo cierto es que

–fenómeno Rosalía aparte– hay preferencias que ya no son exclusivamente territorio de nuestros vecinos británicos de ruta por las playas del Levante.

España adopta revisitados looks y basta adentrarse en lo más oscuro de nuestros armarios para reafirmar una vez más que el estilo inconfundible que patentaron sin pretenderlo nuestros padres, tías y vecinas sigue con nosotros. Las calles son un escaparate cada vez más apasionante en el que cada uno viste como le da la gana y expresa su identidad sin tapujos.

Yo me pregunto: ¿volverán los cromos de picar? ¿Viviste aquel boom de los famosos cromos saltarines?

Benditas sean estas modas, que a mí me gustan todas.

¡Adiós normas y pasarelas!