Benidorm Dreamin: el paraíso kitsch de Roberto Alcaraz

Benidorm, años 60: la transformación urbanística, la meca del turismo, las suecas, las “despedidas de”, la apertura al uso del bikini en España por ese señor de bigote…

Benidorm, año 2019: una composición armónica, musical, silenciosa, que atrapa y engancha. La luz mediterránea, el fin del verano, la brisa, la paz de los lugares de playa en invierno… Todo esto es @benidorm_dreams, la cuenta de Instagram a seguir si te gusta la buena fotografía, veranear y el Levante y que fusiona Ordinary places + Ordinary things + Ordinary pics.

El mundo está repleto de lugares kitsch, espacios retros que se mezclan con ángulos indefinidos y en los que a veces uno no repara, pero Roberto Alcaraz nos lo pone muy fácil gracias a @benidorm_dreams. Una espiral de (im)perfecciones, curvas y líneas, colores y graduados, fruto de la observación detallada del mayor patrimonio de este enclave: hoteles, apartahoteles, los Sol&Playa añejos y a su vez añorados.

Hablamos con él para Kluid Magazine para saber qué le une tanto a Benidorm y si piensa retirarse allí una vez jubilado. 

¿Por qué Benidorm, amor-odio a partes iguales?

Ni amor ni odio ni todo lo contrario. Tengo una vinculación personal, he trabajado muchos años allí y me he criado en Villajoyosa.

Normalmente, cuando pensamos en un lugar se nos abre en el cerebro una carpeta de etiquetas. Hagamos una prueba: digo Las Vegas y ¡zas!, ya tienes una imagen en la cabeza y un montón de etiquetas y quizás nunca has estado en Nevada, pero sabes si te gusta o no y porqué. Con Benidorm pasa eso, hay un cliché (y como todos los clichés, tienen una gran parte de verdad) que condiciona nuestra forma de acercarnos a la ciudad. Llámale amor, odio o simplemente prejuicio.

Mi trabajo se sustenta en la eliminación de los prejuicios, tanto los positivos, como mis recuerdos infantiles en el parque de atracciones Europa Park, como los negativos, ver caer una mesilla de noche desde la décima planta de un hotel sin consecuencias. Intento aproximarme a la ciudad como un extraterrestre que acaba de llegar a la Tierra, sin intención, sin prejuicios, solo con curiosidad y la necesidad de que todo encaje en un orden geométrico del que se nutre mi forma de ver las cosas.

Has conseguido instagramear Benidorm huyendo de los clichés. ¿Rediseñarías las postales y bolsas de souvenir obsoletas prestando tus imágenes para promocionar Benidorm o forman parte de su ADN?

Forman parte de su ADN y son parte de su encanto; ahora bien, no hace falta que todas las postales sean iguales, quizás otro tipo de imagen también encontraría su público, hay gente “pa tó”. Si algún impresor de postales está leyendo esto y le gusta, que se ponga en contacto conmigo.

A veces me da lástima que solo se potencien unos aspectos de la ciudad y otros, que me resultan muy atractivos, ni se mencionen. Pero es difícil discutir con las cifras: Benidorm lleva 60 años colgando el cartel de lleno con una oferta de sol, playa, buenos precios y festivales de música. No lo están haciendo tan mal.

¿Tus fotos pueden condicionar a la hora de decantarse por un destino vacacional u otro?

No sé qué decirte, supongo que no. Mis fotos no son un producto de masas para conseguirlo. Sí es cierto que mucha gente me comenta que les estoy cambiando el punto de vista que tenían, bastantes me dicen que irán y un par de instagramers muy relevantes que hacen un trabajo semejante ya han viajado y les he facilitado localizaciones y consejos sobre las horas buenas.

¿Contamos con el mayor patrimonio en cuanto a hoteles singulares, fetiches, rancios o cinematográficos?

No es el mayor patrimonio, pero estoy convencido que es el más denso de Europa. Hay un montón de hoteles. Con una población de unos 65.000 habitantes, Benidorm cuenta con 41.000 plazas hoteleras frente a 620.000 habitantes y 75.000 plazas que tiene la ciudad de Barcelona. Proporcionalmente es increíble.

Los hay muy interesantes por muchos motivos. A nivel arquitectónico resulta fascinante por la variedad de estilos y épocas y los contrastes; hay edificios de los ‘60 al lado de edificios de hormigón visto, con fachadas de azulejos, de cristal, de colores, con miles de toallas colgadas de los balcones. Es imposible aburrirse.

¿Qué más te queda por explorar en tu trabajo?

Mucho. Ahora tengo un par de ideas en mente ya bastante trabajadas y espero compartir muy pronto los resultados con vosotros. Una de ellas es ganar distancia y ver la ciudad desde muy lejos, estudiar su forma, su enclave y a la vez apreciar todos los detalles. También tengo pendiente aproximarme de noche.

Creo que nunca acabaré porque, en mi caso, la fotografía es simplemente una herramienta para conocerse a uno mismo. Sales, tomas fotos desde ángulos distintos, con equipos distintos, buscando nuevas formas de mirar y sorprendentemente juntas todo lo que llevas haciendo durante años y parece coherente, como si hubiese un plan detrás, y te prometo que no lo hay. Es la cámara la que va indicando aquello que me interesa, y cada vez me conozco un poco más, pero queda mucho por descubrir.

Define tu cuenta en un tweet:

La rutina es una caja de sorpresas.

¿Hay más ciudades además de Benidorm para seguir disfrutando y amando tu trabajo?

Seguro que sí. De hecho hay gente que cree que las casi 700 fotos de mi cuenta son de Benidorm, pero hay fotos de Indonesia, Nepal, Noruega, Barcelona, Madrid, Sabadell, polígonos industriales de toda índole. Ahora estoy explorando enclaves turísticos del Maresme, en la provincia de Barcelona.

Hace unos días una estudiante de fotografía de Paraguay me dijo que le sorprendía lo que era capaz de ver en la nada. Esto quiere decir que tenéis @benidorm_dreams para largo, porque lo que para muchos es “la nada”, es el 90% de nuestra existencia.

Imagina que vas a subir al tren, vas con prisa porque te has dormido, y de camino a la estación no reparas en que hay un buzón, unos metros más adelante una fachada estupenda que a esa hora recibe una suave y dorada luz lateral que proyecta unas sombras dulces. Todo eso no lo ves, queda en la visión periférica, y en ese momento solo eres capaz de ver al señor que pasea a dos perritos con una correa kilométrica que te corta el paso y te hará llegar tarde.

Yo me fijo en eso todo el tiempo. De mi casa al tren cada día encuentro un rinconcito, una farola, algo que merece la pena contar. La mayoría de mis fotos de Sabadell vienen de ahí.

No sé si cuando me jubile me retiraré a Benidorm o no, no me preocupa. Lo que me preocupa es saber, por cómo están las cosas, si podré jubilarme algún día.

Moraleja: más allá de las curiosidades benidormsenses como caso de éxito, el trabajo de Roberto rescata un pantone maravilloso de esta ciudad alicantina y de otras por llegar. Qué cosas, deberíamos detenernos y dialogar más con nuestro entorno.