Devermut: “Los del colectivo LGTBI hemos crecido sin referentes”

YouTube califica de “contenido inapropiado” el vídeo de Devermut al que corresponde este fotograma. En cambio, el vídeoclip de Disclosure en el que se inspiran puede verse sin advertencia. 

 


Por Sofía Soler (@sofialemoine)

 

Marta y Sara son pareja. Ninguna de las dos alcanza los treinta años y viven juntas con su perro, Pato, en Barcelona. Aunque queramos negarlo, a ojos de buena parte de la sociedad, no es algo “normal” y, por eso, crearon un canal de Youtube. Bajo el nombre de Devermut, con el que ya superan los 156 mil seguidores, cada semana muestran su vida cotidiana y comparten reflexiones sobre sexualidad, feminismo y roles de género. El objetivo es que la diversidad se convierta algún día en la norma y las ataduras sociales sean algo del pasado. 

 

“Los del colectivo LGTBI hemos crecido sin referentes. Ni reales ni ficticios”, explica Marta sobre su propósito de hacer visibles formas de vida y familia que no se ciñen al canon heterosexual. “Una pareja real que te cuenta su vida normal ayuda a ver que no pasa nada, tanto para el que es gay y tiene miedo de asumirlo como para el que no lo es, porque va a convivir con personas homosexuales”, expone Sara.

 

Los datos continúan siendo alarmantes. En 2016, se registraron en España 230 casos de delitos de odio por identidad u orientación sexual. De acuerdo con el último informe sobre el colectivo LGTBI en el trabajo, elaborado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, es habitual que se evite salir del armario en el ambiente laboral por miedo a despidos, acoso, comentarios o cambios de actitud. “Trabajo en una empresa de 400 personas y, supuestamente, soy la única lesbiana”, cuenta Sara. “Es mentira, pero no conozco a otra”. Y el problema se agrava en el caso de las personas transexuales que, directamente, no acceden a los puestos de trabajo.

 

Se trata de educar a la sociedad para acabar con la discriminación, desde un punto de vista cotidiano, divertido y popular. En sus vídeos pueden hablar de reggaetón, transexualidad, travestismo o poliamor.  Devermut refleja la importancia de infiltrarse en la cultura popular en la que, hasta hace poco tiempo, el colectivo LGTBI solo estaba representado por hombres gays.

“La sexualidad de la mujer nunca ha interesado a nadie, y mucho menos si eres lesbiana. Luego comenzaron poco a poco: Maca y Esther en Hospital Central, Orange is the new black, Vis-a-vis… Ahora está Sandra Barneda”, enumera Marta. “Para mí, el momento ejemplar fue Física o Química; ahí sí que se habló de todo”, recuerda Sara. Por eso, hoy, momentos como el beso de Marina y su novio transexual Bastian en Operación Triunfo son tan importantes.

 

“¡La pluma es la libertad máxima!”

 

Gracias a Internet los referentes son más variados y las reacciones, instantáneas, pero no siempre se acierta. “Hemos aprendido mucho y, sobre todo, nos ha costado darnos cuenta de la invisibilización que sufren las bisexuales”, confiesa Sara y demuestra que la lección está aprendida. “Dábamos por hecho que cuando a una mujer le gusta otra mujer es lesbiana”, dice. “Hicimos una encuesta entre nuestras seguidoras y resulta que las bisexuales son mayoría”.

 

“Intentamos invitar a perfiles de todo tipo. Chicos, chicas o personas que se sienten de género fluido. Entonces habrá chicas masculinas y femeninas”, cuenta Marta. Combatida la ignorancia, se destruyen los estereotipos y, aun así, quedan temas pendientes ¿Por qué es necesario que reivindicar la pluma? “¡La pluma es la libertad máxima!”, replica Sara y se queja del tópico de “a mí me da igual que sean maricones, pero que no lo parezcan”. Marta también dispara: “Si rompiéramos los roles de género, quizás habrá más heterosexuales con pluma. Lo que pasa es que han sido coartados”.

 

Este año, hartas de las agresiones machistas cuando paseaban juntas, decidieron abrir una cuenta en Instagram que denuncia el acoso al que se somete a las mujeres en la calle, Machismo Callejero, que va camino de los 50 mil seguidores. Ahora, también presentan su propio espacio en MTMad, una especie de consultorio sin pelos en la lengua llamado “Tengo un amigo que”. En cualquier caso, advierten: los éxitos personales y las victorias colectivas no disipan el propósito de su trabajo.

 

“Hay muchísimo por hacer”, recuerda Marta.