Días de campo y cómo su fusión de música y naturaleza te harán olvidar hasta el mayor de tus problemas

Siempre he tenido esa espinita de no haber pertenecido nunca a los boy scouts, o en mi caso, las girl scouts –seamos políticamente correctos en los tiempos que corren. Así que allí iba yo, con mi brilli-brilli en la cara y dispuesta a darlo todo en Días de Campo, para ganarme mi insignia de campera bailonga.

Y es que no es para menos, porque el finde vino completito y los pies tenían que estar a prueba. Tres días en los que se fusionaron música y aventura non-stop.  

Os hablo de Días de Campo, un concepto que nació como una fiesta cuyo objetivo era disfrutar de buena música, dejando de lado los espacios cerrados, y que ahora conquista desde las montañas hasta las calles de la localidad de Montanejos durante 3 días en los que la música como protagonista, trae también la gastronomía y la cultura como sus fieles compañeras. Un magnífico enclave donde disfrutar niños y no tan niños, cada uno a su manera, pero sin duda todos despegando los pies del suelo al ritmo de los artistas que el sello The Basement nos brinda.

Para los más ansiosos el calentamiento comenzaba en la plaza del pueblo, que resultó ser un meeting point y lugar de entrañables reencuentros, especialmente para aquellos outsiders que , como yo, regresan a la Comunidad Valenciana para tal ocasión. Una vez pasados por chapa y pintura, nuestros cuerpos ya estaban listos para lo que nos tenían preparado en el recinto principal donde aguardaba el gran escenario y la buena jarana. El mismo donde tendríamos el placer de presenciar a nombres como Axel Boman y Joy Orbison, que enmarcan los eventos de The Basement como referentes en la escena festivalera de Valencia.

Para los que por las noches se portaban bien (servidora no incluida), les tenían reservadas una variedad de actividades como revitalizantes clases de yoga. Los más festeros tratábamos de revivir poniendo nuestros cuerpos a remojo en el fresco agua del río que el maravilloso paraje natural nos ofrecía, o combatiendo la resaca con el infalible remedio casero –más cervecitas- en la animada plaza del pueblo, mientras disfrutábamos de conciertos de nuevos artistas y estilos musicales. Allí, donde el acceso era libre y family friendly, podías sentirte acogido por los vecinos de esta localidad, quienes resultaron disfrutar e implicarse al máximo y ofrecían su amabilidad y buena comida a la manada de visitantes que veníamos a irrumpir su sueño.

Pero para cada roto hay un descosido, y para cada valiente, un dj matutino. Es por eso que la fiesta y el house no cesaban en el recinto, para que nadie se quedase con ganas de más. Y, astros alineados, se nos brindaba un magnífico domingo soleado, contra todo pronóstico previo. Así que yo reuní toda esa energía que pudiera quedarme tras las pocas horas de sueño y me planté en el recinto, volviendo a esa burbuja de buenrollismo que se respira en el ambiente del festival. Y créeme que te envuelve y te atrapa, haciéndote olvidar el cansancio entre baile y baile.

Si os perdisteis este singular evento, no os preocupéis porque el año que viene volverá cargado de nuevas emociones y musicón. Mientras tanto, The Basement ya os tiene preparadas nuevas ocasiones en las que enfundaros ese moderno bañador que os viste el outfit de día y de noche y que os quedasteis con ganas de lucir en las preciosas Fuentes de los Baños y sus aguas termales. Y si habéis podido gozar de esta cita con la naturaleza y la música, seguro que, como yo, ya estáis pensando en el alojamiento para la siguiente edición. Y es que al fin y al cabo, han conseguido los ingredientes de la receta perfecta: un entorno único en plena naturaleza, música de calidad y todo tipo de actividades contra el aburrimiento.