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El modelo piramidal de la moda, o porqué “no tienes qué ponerte”

Tras una ardua semana lidiando con un extenuante estrés, presiones de distinta naturaleza y deadlines que bien podrían ser considerados imposibles, el reloj marca el fin de la jornada laboral. Es viernes y toca celebrar por todo lo alto la ansiada llegada del fin de semana. Celebrar u olvidar. Lo que resulta indiscutible son las insaciables ganas de desconexión, liberación y disfrute.

El modelo piramidal de la moda, o porqué “no tienes qué ponerte”

Te diriges estrepitosamente en busca del calor de tu hogar, con un único propósito: descansar. La evidente falta de energía, consecuencia de las más de diez horas que llevas sin moverte de tu puesto de trabajo, te impiden pensar en un futuro cercano. Es cuando te levantas de la -más que necesaria- siesta de viernes tarde cuando te decides a concretar el plan con el que festejarás que la oficina está cerrada. Sin ilusionarte demasiado, son solo dos días.

Muchos contactos de tu agenda se encuentran en tu misma situación. La emancipación –por tiempo limitado- de las cadenas forjadas por la monótona rutina desemboca en un clima festivo. Esta noche se sale. Aún no has decidido el plan por el que te decantarás, se podría decir que la velada está en el aire. Pero este factor queda relegado a un segundo plano ante una prioridad mayúscula, que invade repentinamente tu psique en busca de respuestas inmediatas y convincentes. ¿Qué te vas a poner? ¿Aún no has decidido el look que lucirás esta noche, y ya estás pensando en la discoteca a la que acudirás, así como en la compañía con la que compartirás la salida nocturna?

Te levantas vertiginosamente del sofá. O de la cama. En definitiva, te despides del remanso de paz en el que has descargado parte de la tensión corporal y te diriges al armario tratando de solventar el angustioso interrogante. Corres la puerta corredera y las prendas, colocadas estratégicamente en cajones, baldas y perchas, te dan la bienvenida. Decenas y decenas de piezas esperan a ser elegidas de entre las más de doscientas opciones posibles. Es entonces cuando, después de volcar cincuenta camisas, una decena de pantalones y más de veinte accesorios, muchos de ellos andrajosos y desparejados, empiezas a probar los distintos estilismos. La primera opción podría resultar apropiada en cualquier ambiente. Es clásica, elegante y discreta. Sin embargo, no consigue cautivarte. Segunda propuesta. Look monocromático en un impoluto blanco. La estética ibicenca podría ser el remedio a tus problemas, pero detectas un descosido en una de las magas de la blusa. Siguiente. Llega el momento del atrevimiento. Rojo con rosa. Difícil combinación, a la par que atractiva y cautivadora. Es el outfit ganador, lo tiene todo. Intensidad, potencia y carácter. Descartado. El body parece haber encogido tras su paso por la lavadora.

Cientos  de opciones y ninguna parece ser la adecuada. Las más de veinte decenas de posibles alternativas quedan reducidas a no más de tres,  después de haber desechado las prendas desteñidas, deterioradas y harapientas. Y todas aquellas de las que reniegas desde hace años, alegando un extremo cansancio al verlas; incluso al oír hablar de ellas. No es tan grave, al menos son prendas baratas, lo que reduce considerablemente las fatales secuelas. Error. Teniendo en cuenta que atesoras en el armario una ingente cantidad de piezas, deberías recurrir a una rápida y efectiva multiplicación: 20 x 200= 4000. Sesgo de confirmación encontrado. 4000€ reducidos a dos looks. Un par de pantalones vaqueros, una camisa blanca –sinónimo de éxito- y unas deportivas con firma americana y procedencia desconocida. Sorpresa. Tal vez este sea tu fondo de armario, entendiendo como tal el conjunto de prendas versátiles que pueden ser utilizadas en cualquier situación. Siempre y cuando logren resistir el paso del tiempo, por supuesto.

Y es que, este concepto referido al ‘guardarropa salvavidas’ bien se podría decir que ha caído en desgracia. El acopio de prendas, tendencia impulsada por la las cadenas de moda rápida a bajo precio, ha promovido un modelo de consumo sustentado sobre el hacinamiento. Una estructura fulgurante erigida sobre unos endebles pilares que acaba cayendo por su propio peso. El arquetipo imperante, de forma piramidal, requiere de unos sólidos cimientos sobre los que construir. Columnas encarnadas por el ‘fondo de armario’ por todos conocido. Será entonces cuando podamos erigir un monumento argénteo sobresaliente. Siempre desde la conciencia y la responsabilidad.

 

Texto por David Alarcón.

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