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El perro

El perro me ha hablado otra vez y me ha vuelto la pesadilla

Santo Dios, el perro está hablando. ¿Quién le iba a decir al perro que iba a hablar en algún momento? Me mira triste, desde el rincón. El perro está hablando y yo lo estoy escuchando y tengo pena porque el perro habla y yo lo entiendo.

El perro me ha hablado otra vez y me ha vuelto la pesadilla

No quiero saber lo que dice, el perro tiene ojillos de pena, se le caen los párpados por todo el hocico. Remolonea entre mis piernas buscando que lo escuche, pero me niego.

¿Quién me va a creer cuando le diga que el perro está hablando?

Ha pasado un día y yo lo he encerrado en la cocina. No quiero escuchar el murmullo del perro. Ha soltado algún grito en la noche, pero me he metido debajo de las sábanas y he simulado no escucharlo. Espero que el vecino no se haya dado cuenta, espero que lo haya confundido con alguna voz en la calle. No voy a sacar a pasear al perro en mi vida, así tenga que quedarme yo dentro, porque el perro habla y tengo miedo de que le escuchen. En un momento despistado me he sentado a leer el periódico y el perro ha abierto la puerta.

Siempre tuvo la habilidad inexplicable de los perros para ciertos mecanismos. El perro es un mastín enorme que me llega por la cintura. Estoy acostumbrado a sus pasos torpes y no me doy cuenta. El perro me ha hablado otra vez y me ha vuelto la pesadilla. Le he mirado. Tiene los ojos tristes de nuevo, pero no quiero escucharle. Intento hacer que se calle, le agarro el hocico con suavidad, tampoco quiero lastimarlo, no tiene culpa el perro de tan terrible desgracia. Insiste y no puedo hacerle callar. Me duele la cabeza, suelto el periódico y lo tiro al suelo y miro al perro, me dejo caer en sus ojos tristes y, al decirle que se calle, he soltado dos ladridos profundos.

Ahora el perro habla y yo ladro. Tampoco es tan diferente a lo anterior.

Texto por Adrián Oliver

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