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‘El triángulo rosa’: una historia de amor homosexual durante el Holocausto nazi

 

Alemania. Marzo de 1933. El Reichstag adopta la Ley de Concesión de Plenos Poderes, cediendo de facto todo el poder legislativo a Adolf Hitler. La abrupta caída de la república parlamentaria da paso a la instauración de la Alemania nazi, un período de la historia alemana que se prolongará hasta 1945, año en el que el Führer acabará rindiéndose ante los aliados decidiendo acabar con su vida. Pero, en sus poco más de 10 años en el poder, Hitler aniquilará a millones de personas después de emprender un genocidio de carácter étnico, político y religioso identificado con el nombre de Holocausto. La ‘solución final’, término acuñado por los nazis para referirse al exterminio de todos aquellos individuos considerados ‘indeseables parásitos’, afectará a judíos, gitanos, prisioneros políticos, personas con discapacidad… y homosexuales. Los miembros de la comunidad LGTBI+ también serán víctimas en primera persona de la atroz persecución y la sanguinaria masacre promovida por el régimen totalitario durante el Tercer Reich.

‘El triángulo rosa’ es la primera novela del autor Dave Santleman, y en ella aborda precisamente esta cuestión: la homosexualidad en tiempos del nazismo. A través de una historia de ficción romántica (en la que no faltan las menciones explícitas a personajes históricos y referencias contrastadas que nos ayudan a contextualizarla), el malagueño rinde homenaje a todos aquellos que tuvieron que sufrir para que, a día de hoy, podamos disfrutar de derechos y libertades que de no haber sido por ellos nunca hubiéramos conquistado. Tomando como punto de partida la figura de Rudolf Brazda, el último superviviente conocido portador del triángulo rosa (distintivo que servía para identificar a los homosexuales en los campos de concentración nazis) Santleman se sumerge en una compleja y comprometida relación amorosa. Y es que, los protagonistas de esta trepidante historia de amor pertenecen a mundos completamente opuestos, a priori absolutamente incompatibles. Erich es un alto cargo del Partido Nazi, mientras Hannes es un escritor e intelectual preso en el campo de concentración donde el militar se encuentra destinado.

A través de un conmovedor viaje por su relación sentimental, influida inevitablemente por las circunstancias y sus roles en una sociedad que persigue la segregación y la inamovilidad de estratos, el autor nos acerca una parte fundamental de la historia que corre el riesgo de acabar siendo olvidada y silenciada. Además, la mitad de los beneficios obtenidos con la venta del libro irán destinados a la asociación KifKif; organización que trabaja con refugiados LGTBI+.

Hablamos con Dave Santleman para preguntarle cómo ha transcurrido el proceso de desarrollo de la novela, por qué ha decidido poner el foco en este período de la historia y qué mensaje quiere lanzar al mundo con su nuevo libro.

¿Cuándo y cómo decides dar vida a esta novela?

Cuando, leyendo de casualidad un artículo, me entero de la muerte de Rudolf Brazda. Investigando sobre su figura aprendí lo que eran los triángulos rosas, y me sorprendió que, siendo miembro del colectivo, no lo supiera ya. Hablando con otros amigos y conocidos, les comentaba el tema y ellos parecían estar igual de sorprendidos que yo. Fue entonces cuando pensé “estamos muy maleducados con respecto a nuestra propia historia LGTB”, y pensé que era necesario acercarla de una manera entretenida al público.

Rudolf Brazda, el último superviviente conocido portador del triángulo rosa (símbolo con el que se identificaba a los varones homosexuales en los campos de concentración) constituye un pilar fundamental en el relato. ¿Cómo ha influido este personaje en tu obra?

La novela en sí es un homenaje a su figura y a la gente que, como él, sufrió— y sufre— la persecución por algo tan simple como amar y ser amado. Si bien Rudolf no aparece nombrado en la novela y ésta se trata de una historia de ficción paralela a la suya, tiene algunos elementos que se inspiran en su propia experiencia y  cosas que él contó en entrevistas.

¿Cómo llegaste a descubrir a Brazda? ¿Tenías constancia de su historia o te sometiste a un proceso de documentación previamente?

El proceso de documentación vino después. Supe quién era por casualidad, leyendo una noticia que hablaba de su muerte. Busqué y vi varias de las entrevistas que concedió en vida, narrando lo vivido… y a partir de ahí, entré en bucle. Fueron meses yéndome a dormir con documentales sobre nazis, aprovechando el ratito del café para leerme los escasos libros que existen al respecto con testimonios reales, etc. Y cuanto más leía, más me impresionaba lo desinformados que estamos al respecto.

Reconoces que, antes de descubrir a este superviviente, desconocías por completo el hecho de que  durante el Holocausto Nazi se hubiese perseguido a comunidades distintas a la judía. ¿Crees que existe un desconocimiento generalizado en la sociedad sobre la realidad que se vivió durante el exterminio nazi? ¿A qué lo atribuyes?

Por supuesto que sí. No sé tú, pero yo no recuerdo que ni los libros de Historia ni ningún profesor me hablase de ello cuando era un estudiante y aprendía sobre la II Guerra Mundial. Considero que la masacre que se llevó a cabo con la comunidad judía fue de proporciones tan bárbaras que, inevitablemente, terminó eclipsando la presencia en nuestros libros de Historia de aquellos otros colectivos minoritarios que, aunque en menor medida, también fueron víctimas del odio, la persecución y opresión nazis. Pero, afortunadamente, los tiempos cambian y ahora se les está concediendo más voz— y presencia mediática— a estos colectivos, concediéndoles la oportunidad de contar sus historias y cambiar así las cosas.

¿Qué pretendes conseguir con ‘El triángulo rosa? ¿Qué mensaje te gustaría lanzar al mundo?

Acercar de una manera entretenida, o eso espero, este pedacito de nuestra historia a la gente. Especialmente, a las nuevas generaciones LGTBI+. Para que sepan algunas de las cosas por las que hemos tenido que pasar para estar donde nos encontramos hoy en día. Yo no soy tan mayor, pero sí recuerdo y tengo consciencia de cuando el matrimonio homosexual se legalizó en España, por ejemplo. He vivido en mis propias carnes la evolución de perspectiva que ha tenido nuestro país con respecto a estos temas en los últimos diez años… pero me preocupan las generaciones que vienen después de mí, y que han nacido y crecido con unos derechos ya conquistados. No son conscientes de lo que ha costado lograrlos y, sobre todo, de la importancia de seguir luchando para preservarlos y avanzar. Y eso es terriblemente peligroso.

¿Dónde transcurre la novela? ¿Cuál es su marco temporal?

La novela se mueve en márgenes y saltos temporales constantes que abarcan desde 1933 hasta 2018, pero se centra fundamentalmente en los últimos meses de la República de Weimar y en la Alemania posterior a la victoria de Adolf Hitler en las elecciones federales alemanas de marzo de 1933.

‘El triángulo rosa’ es una novela de ficción romántica. Sin embargo, se enmarca en una de las situaciones más terribles de la historia moderna: el Holocausto nazi. ¿Qué elementos de la novela provienen del mundo real y cuáles son resultado de la imaginación?

Algunos de los personajes y nombres mencionados en la novela fueron personas reales, que existieron en aquella época. Como el comandante Kock, por ejemplo, que dirigía el campo de concentración de Buchenwald, donde se encuentran los protagonistas; o Clare Hollingworth, que fue una periodista y corresponsal de guerra — ojo, mujer, ¡girl power!— y la primera en anunciar el estallido de la II Guerra Mundial. Además, aparecen mencionados numerosos acontecimientos históricos, como el bombardeo de Guernica o el Domingo Sangriento de Bromberg. La historia en sí y sus protagonistas provienen de mi imaginación, es cierto, pero me sirvo de personas y acontecimientos reales para contextualizarla y darle cohesión.

Háblanos brevemente de Erich y Hannes, los dos protagonistas de libro.

Erich es un militar del Partido Nazi que proviene de una familia de clase media, y es víctima del adoctrinamiento. Hannes, por su parte y como buen periodista, es un intelectual y un idealista, dispuesto a cualquier cosa en busca de la verdad objetiva. Lo realmente bonito de ellos para mí es que, si bien es cierto que podría parecer fácil etiquetar al bueno y al malo, a lo largo de la novela los papeles se desdibujan. Ambos poseen vértices e imperfecciones que los convierten en humanos.

¿Cómo ha sido el proceso de desarrollo de la novela? ¿A qué fuentes has recurrido en busca de información?

Me he servido de todo un poco, si bien es cierto que ese “todo” era bastante escaso porque, sorprendentemente, no hay demasiada bibliografía respecto a los triángulos rosas. Pero bueno, en esta era de la tecnología el que busca encuentra, y pude servirme de elementos como documentales, artículos y algún que otro libro muy interesantes.

¿Por qué has decidido apostar por la primera persona?

Como escritor, tu máximo objetivo es atrapar al lector. Tratándose ésta de una novela semejante, no quería a un narrador en tercera persona y omnipresente, que lo supiera todo. Quería que el lector descubriese la historia a través de sus protagonistas y, por lo tanto, de la versión condicionada —y limitada a sus recuerdos— que ellos tienen de los hechos. Me parecía importante para que el lector empatizase con ellos y pudiera entenderles mejor.

¿Cómo concibes la situación actual del colectivo LGTBI+? ¿En qué aspectos hemos avanzado y en cuáles no?

Hemos avanzado muchísimo, ni que decir tiene. Pero todavía queda mucho, muchísimo camino por recorrer. Por eso hay que ser constantes, porque el cambio ocurre de manera lenta y prolongada en el tiempo. Y, sobre todo, tenemos que ser capaces de sacar la cabeza de nuestra burbuja privilegiada de Estado de derecho, avanzado y democrático y observar cuál es la situación global del colectivo. Aún a día de hoy hay 72 países en el mundo donde la homosexualidad, por ejemplo, es perseguida o castigada de alguna manera o forma.

En 2019, se cumplía el 50 aniversario de los disturbios de Stonewall, un acontecimiento fundamental en la historia del movimiento homosexual. ¿Piensas que tendemos a olvidar de dónde venimos?

Lamentablemente, sí. En nueve días de festividades que tuvo el Orgullo en Madrid— uno de los más grandes del mundo— el pasado 2019, apenas se le dio visibilidad a algo tan relevante para nosotros como el aniversario de Stonewall, un acontecimiento además abanderado por Marsha P. Johnson; una mujer trans y negra. Ella fue quien, literalmente, lo empezó todo. Y dime, ¿crees que, por ejemplo, a día de hoy las mujeres y, concretamente, las mujeres negras, están igualmente representadas dentro del colectivo que otros miembros? Yo no lo creo. Y es una lástima, de verdad… porque la única manera de evitar que la historia se repita, es recordándola.

Los escritores jóvenes encuentran frecuentemente multitud de problemas e impedimentos a la hora de intentar publicar un libro. En tu caso, ¿ha sido una tarea ardua o sencilla?

El mundo editorial es bastante déspota. En parte, porque está en decadencia y las editoriales ya no pueden jugársela de la manera en la que lo hacían antes, apostando por talentos noveles que no les puedan garantizar las ventas. A fin de cuentas, es un negocio. Afortunadamente, y como es mi caso, empiezan a surgir otras alternativas y maneras de publicar, que desafían un poco el monopolio hasta ahora exclusivo de las editoriales. Particularmente, y en mi carrera artística, nunca he sido partidario de esperar a que las oportunidades me caigan del cielo; soy más de crearlas yo mismo.

La mitad de los beneficios obtenidos con la venta del libro irán destinados a la asociación KifKif; una organización que trabaja con refugiados LGTBQ.

Sí, y es lo que más ilusión me hace de todo. Se trata de una asociación maravillosa que ayuda a refugiados y migrantes LGTBQ en la ciudad de Madrid, les ofrece asistencia jurídica y psicológica, y organizan actividades de ocio para que sociabilicen y se sientan respaldados. Es una maravilla la labor que hacen. Espero poderles firmar un cheque bien gordo y grande.

La presentación de ‘El triángulo rosa’ estaba prevista para el 27 de marzo en Madrid. Sin embargo, las circunstancias han imposibilitado la celebración del evento. ¿Cómo has reaccionado ante la noticia?

Con mucha pena y resignación, pero es lo que toca. Ahora mismo la prioridad de todos debe de ser luchar juntos contra esta terrible pandemia, que tantas vidas está llevándose por delante y que a tantas otras está afectando. Ya habrá tiempo de debatir, firmar ejemplares y bebernos unas cervecitas cuando las aguas hayan vuelto a su cauce.

En los últimos días has compartido a través de tu perfil de Instagram, @davesantleman, varias pistas y curiosidades relacionadas con el libro. ¿Crees que las redes sociales son una herramienta efectiva a la hora de publicitar y comunicar?

Lo son, indudablemente lo son. Cosa distinta es que yo sea un señor de 70 años encerrado en el cuerpo de un millennial y no sepa cómo sacarles el máximo rendimiento.

¿Qué nos puedes adelantar acerca de tus próximos proyectos?

He comenzado lo que espero que sea el borrador de mi próxima novela, pero de momento estoy centrado en la promoción de El triángulo rosa. Me encantaría volver a escribir teatro, por otro lado… pero ya veremos. Con esas cosas nunca se sabe; ojalá fuera cierto eso de que a mí la inspiración me pilla trabajando, pero me temo que no es tan sencillo.