‘Historias sin firmar’ Cap.1 Vagón Nº 12.

Todo comenzó con una canción de Sabina y un tiramisú de limón.

Era ya costumbre eso de subirse al tren de turno con alguna canción

Que me hablase,

Que me acompañase…

O que simplemente estimulase mi imaginación.

Allí estaban los típicos personajes de cada trayecto:

Ese hombre que no sabe si preocuparse más por su entrepierna o su alopecia,

La señora que se duerme con la boca abierta mientras pierde su parada (No la culpo, a todos nos pasa alguna vez),

El tipo que simula leer ese libro de Cortázar que tiene entre sus manos…

¿Lo típico, no?

Sin embargo, había alguien allí que des del silencio llamaba a gritos mi atención;

Sus gestos nerviosos,

Y la mirada perdida

Suplicaban una explicación.

  • ¿Puedo ayudarle en algo señorita?

+   ¿Sería capaz de lograr que este tren no se detenga jamás?

Pueden imaginarse mi rostro en esas circunstancias… Por suerte reaccionó antes de decir nada.

       + No se preocupe, solo bromeo… Digamos que huyo.

  • ¿Huye? ¿De quién?

+ Mejor dicho, ¿de qué?

Nunca concretó.

Nunca pretendió hacerlo.

Únicamente aseguró que todos huíamos por algún motivo, que nadie estaba a salvo.

Engaños, promesas, dudas, certezas… No importaba el porqué.

Era tal la tonalidad que había adquirido aquella conversación, que el espacio y el tiempo se redujeron por completo, como si se tratase de una película donde nosotros éramos los protagonistas y el resto simples figurantes.

Fue entonces cuando se levantó para marcharse y cerrar la función,

No sin antes preguntarme con una sutil sonrisa:

  + ¿Y usted… por qué está en este vagón?

                                                                                                                                   Camino Múnich.

                                                                                               “En Algún lugar, Historias Sin Firmar”

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