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Jornadas interminables, borracheras diarias, sexo y playas paradisíacas. Hice la temporada en Mallorca.

Jornadas interminables, borracheras diarias, sexo y playas paradisíacas. Hice la temporada en Mallorca.

 

Ante la falta de un trabajo estable y con el sol empezando a saludar en Madrid uno se plantea qué hacer durante el verano. Época en la que la capital no es el sitio más atractivo donde coger un buen bronceado…

 

Tras pasar media vida veraneando en un pequeño pueblo de Mallorca y conocer bien todos los negocios, no me fue difícil tomar la decisión de probar suerte en las islas. Rápidamente conseguí curro en un garito muy concurrido y bastante loco.

 

Durante 6 meses iba a trabajar en un mundo que desconocía por completo en el lado profesional, LA NOCHE.

 

Ahora que estamos en diciembre y muchos regresan a sus casas tras una larga temporada en las islas, es un buen momento para recordar una de las experiencias más rocambolescas que he tenido a nivel profesional e incluso vital.

 

En estos meses he vivido situaciones MUY bizarras. Desde pillar a gente follando en los baños del personal, otros dormidos mientras hacían sus necesidades, hasta amanecer cada día en la playa con una birra en la mano y hablando con “colegas” sobre si existen los extraterrestres.

 

Empezaré con un clásico, que de hecho, es completamente cierto en los tópicos sobre camareros/as, el famoso “efecto barra”. El efecto barra puedo asegurar sin ninguna duda que es totalmente real. Llevo seis años veraneando en ese pueblo, seis veranos acudiendo noche tras noche al mismo pub y este año he ligado más del doble que en esos seis juntos.

 

¿Por qué?

Es mucho más fácil ligar si estás al otro lado de la barra, en primer lugar, estás expuesto de una manera diferente, apartado de todos y eso te da un toque inaccesible que hace que te puedan ver como una meta.

 

La interacción es menos agresiva que estando en la pista. Vienen a pedir sus bebidas, y si tienes un poco de maña puedes usar algún comentario gracioso que cree complicidad, ya da pie a que puedas jugar un poco y sea infinitamente más fácil ligar.

 

Cierto es que en mi caso es un pueblo muy pequeño en el que todo el mundo se conoce y si vas de flor en flor te acaban crucificando. Pero yo estaba de paso y como diría Tom Cruise en Risky Bussines… “¿Pero qué coño?”, hice lo que me pidió cada momento.

 

La diferencia con ser camarero en un club de Madrid o cualquier otra ciudad con uno de temporada en Mallorca es que cada día es como si fuese un sábado, el local se llena y hay fiesta asegurada sin descanso. Día tras día terminas poniéndote ciego casi sin darte cuenta y viendo la salida del sol en la playa con tus colegas, o en su defecto, el ligue de turno. Esto suena cojonudo de inicio, pero cuando llevas 3 meses seguidos así, sólo te apetece estar tranquilo en tu casa viendo una peli, comiendo una tortilla de patata de tus padres y dormir 12 horas seguidas.

 

El tipo de ambiente en estas noches de verano solía catalogarse en tres prototipos.

 

En primer lugar los “guiris” de turno que cambiaban cada semana.

 

En segunda posición tenemos a los trabajadores de temporada que curran en los hoteles, restaurantes etc, que solían venir al finalizar su jornada de trabajo para tomarse algo y despejarse.

 

Y en tercero los camellos en busca de hacer negocio con unos y otros.

 

Una noche cualquiera no era difícil encontrarse a alguno que otro dormido sobre la barra

, incluso en los baños  durante un par de meses estuvieron realizando la producción de un conocido reality inglés de jóvenes juerguistas y una noche vino todo el equipo, el tipo dormido del baño era uno de los cámaras, creo que escogieron mal su puesto, ese tío debía haber sido concursante.

 

Recuerdo una noche en la que dos señoras octogenarias muy agradables se pasaron con el vino Italiano y una decidió hacer un striptease para el deleite de todos

 

Separar un par de peleas al día era casi por sistema, pero hay una por encima de todas. A finales de septiembre ya estaba todo un poco más calmado y el último sábado del mes vinieron unos Polacos que eran ultras del Legia de Varsovia, es decir, de los ultras más chungos de Europa. Obviamente, mi acojone desde el minuto 1 fue tremendo. Eso sí, había que disimular. La cosa ya se puso tensa cuando me pidieron varios cubatas y al ir a cobrarlos me dijeron que pagaban todo al final… ¿Os enfrentaríais a 6 zamarracos hasta el cuello de esteroides y los ojos inyectados en sangre? Yo, NO.

 

Me comí la bronca del jefe y recé porque pagasen su comanda. A eso de las 4 de la mañana, llegó un grupo de ingleses, uno de ellos llevaba la camiseta del Manchester United. ¿Recordáis esos videos que salen en las noticias de peleas entre ultras con sillas volando, etc? Bien, pues lo mismo, pero en vez de sillas, volaban vasos, taburetes, y todo lo que había por la barra. Yo, pensando en mi familia y lo mucho que me quieren, decidí esperar detrás de la barra dejando el trabajo  duro a los seguridades, que los pobres hacían lo que podían… La cosa acabó con sorpresa. Cuatro rusos en el suelo, los ingleses corriendo y la policía cogiendo a todo el que se ponía por delante. Por cierto, no pagaron sus copas. Todo esto un lunes.

 

Al terminar la jornada, si pasabas el dedo por encima de la barra superior del inodoro, según la cantidad de farlopa que recogías podías averiguar si había sido una noche fuerte de trabajo o no.

 

Las jornadas de 12 horas de muchos restaurantes y hoteles, unido a que en muchos no tienen ni un día libre en toda la temporada (unos 6 meses sin parar de trabajar) parecen excusa suficiente para que muchos de esos trabajadores tiren de cocaína para “aguantar mejor” como ellos mismos me confesaban. Cierto es que ha habido mucha controversia con el tema de los derechos laborales y la sobreexplotación en las islas y la cosa ha cambiado en un par de años a ahora, sobretodo en los hoteles, ahora cumplen más o menos la ley y suelen dar dos días libres a la semana a sus trabajadores. Lo de que la jornada sea de 40 horas semanales ya es otro tema…

 

En los restaurantes, por regla general siguen sin librar en toda la temporada.

En mi caso no podía quejarme demasiado, no solía hacer muchas horas extra y tenía 1 día libre (normalmente los martes). Aparte de un horario estable, todo un lujo para cualquier “temporero”.

Tras el discurso sindicalista obligatorio, continuo con la experiencia.

La música que lo ha petado este verano ha sido el reggaetón y sucedáneos, desde el dembow, trap, electro latino y demás. Las canciones que más me pedían (sí, igual ponía una copa que le daba caña al virtual dj antes de ir a limpiar un vomitado) eran Mala Mujer, Mayores, Mi Gente, y La Isla Del Amor. Imaginad a un punk rocker fan de Ramones, Queers , Airbag o The Clash que ilusión le hace disfrutar de semejante selección cada noche =).

Había cabida para otros estilos, la mezcla de diferentes nacionalidades y culturas hacía que lo mismo me pidiesen “una bachata parcerito” , “un dembow mi hermano”, “una rumbita killo” o “can you play Shape of you”?

Los chupitos de jagger y las birras gratis ayudaban a paliar dicho martirio y conseguían en más de una ocasión que me lanzase a bailar en la barra, bueno, bailar… Eso es lo que yo creía que hacía.

Hablemos de las bebidas, oh, las bebidas… Esas maravillosas mezclas que nuestros amigos los bretones se atrevían a pedir… Malibú-Cola, Licor 43 con Leche, Cerveza con Cocacola (Diesel se llama en Alemán), Cerveza con granadina… Y así podría estar medía tarde.  Por cierto, si alguna vez os piden “vodka with lemonade”, no es vodka con limón, cuando dicen lemonade se refieren al sprite, seven up etc. Esto lo aprendí tras poner unos 7 vodka limón por error…

Dejamos a los turistas a un lado para hablar de los isleños, y es que tienen una forma de llamar a la pajita para beber un tanto peculiar, “cañita”, como podréis adivinar, cada vez que me pedían una cañita, yo les servía una cañita de cerveza, obviamente. Gracias eso me habré llegado a beber medio barril de cañitas por error a lo largo del verano.

Yo curré de mayo a noviembre, pero sin duda, los meses más jodidos son julio y agosto. Abres el local con cola de chavales esperando a que les hagas una cachimba. En esos meses de no parar ni un segundo y verte desbordado de curro casi desde el primer minuto hay momentos de flaqueza en los que te planteas mandarlo todo a la mierda, pero dicen que si empiezas algo hay que terminarlo, y bueno, eso hice, casi palmo, pero lo hice.

Coñas aparte, hacer la temporada es duro ya que pasas mucho tiempo lejos de los tuyos, de tu casa, y con gente muy distinta a la que sueles estar rodeado. Por otro lado, no es el infierno- Estás en una isla preciosa con calas cristalinas, sol radiante y conoces a mucha gente nueva de diferentes lugares con una cultura y costumbres muy distintas a las que estás acostumbrado, pero con algo en común contigo, están ahí sólos, ganando pasta para sus estudios, proyectos etc, esto te lleva a abrirte a nuevas experiencias y, en mi caso, he podido ver con más claridad hacía dónde quiero ir en la vida.

Como experiencia vital, creo que hacer la temporada me ha ayudado mucho, a conocerme mejor, a valorar ciertos trabajos, a prejuzgar menos a las personas y a comprobar, como bien he dicho antes, que el efecto barra es una puta pasada.