¿Trendy o consciente? Ha muerto el kaiser de la moda y para ser cool hay que postearlo.

Sí, lo sabemos, aquí nos gusta y se habla de moda. Pero la realidad es que, si Karl Lagerfeld no tenía pelos en la lengua, en Kluid tampoco los tenemos.

Y es por eso que esto no será un homenaje a la muerte del káiser de la moda, sino una crítica al borreguismo de esta nuestra sociedad que inunda revistas y redes sociales con fotos de un personaje icono de la moda, cuyos ideales nos conducían a una visión retrograda y en discrepancia con los esfuerzos del feminismo y otros grupos sociales por lograr una sociedad avanzada y libre de prejuicios.

El hombre de cuya boca salieron comentarios como “todas las que critican a las modelos por aparecer huesudas o anoréxicas son las típicas madres gordas que se sientan en el sofá todo el día comiendo patatas fritas” o reiteradas mofas hacia celebridades como Adele, a quien calificó de “demasiado gorda”, releva a Risto Mejide a un “blando”.

Si bien los cánones de belleza vienen regidos por el mundo de la moda, las personas influyentes del mismo, como Karl, generan una gran influencia en todas las personas que sueñan con este mundo o que simplemente aspiran a ser socialmente aceptadxs.

Pero claro, ha caído un mito, el hombre que rescató Chanel de quedar relegada a un pequeño segmento de la alta sociedad conservadora, y si no lloras su muerte no estás a la última. Lo que no sé es si este Karl Lagerfeld que vosotrxs homenajeáis en vuestros stories y publicaciones, es el mismo que, con la prepotencia que le caracterizaba, proclamaba no rodearse de gente fea y de populacho porque les detestaba. O si el mismo que idolatráis, es el mismo que repudiaba a todo que no fuera su gato Choupette (probablemente ahora la mascota más rica del mundo) o perteneciera a su harem de musas y personajes influyentes.

Pero como no es ético pisar sobre la tumba de nadie, hay que reconocer el mérito de este alemán venido de un pueblo a las afueras de Hamburgo, que logró convertirse en una eminencia del sector y hacer de sí mismo una imagen inconfundible. Todo esto siempre en una eterna rivalidad con Yves Saint Laurent que ni la de Taxi y Cabify, hasta en lo que a líos de faldas (o pantalones) se refiere.

Sin embargo, como sucede con otras brillantes mentes de la historia, su genialidad creativa no lo convierte en una buena persona. Basó sus valores sartoriales en una polémica superficialidad que roza lo surrealista, siendo autor de afirmaciones como “nadie quiere ver mujeres gordas”, y que le impedía hacer una colaboración con H&M porque vende ropa barata para el populacho. Una superficialidad probablemente fruto de sus propios problemas de autoestima y que terminó por reflejar en su trabajo. Hablamos de una persona que siempre llevaba guantes porque su madre le dijo que no tenía unas manos suficientemente bonitas para fumar, que llevaba gafas porque quería esconder su mirada de “perro que quiere ser adoptado” y que adelgazó radicalmente (el mismo que criticaba la gordura) para poder entrar en los trajes de Slimane y debido a que la influyente Anna Wintour le dijo que estaba demasiado gordo.

Karl también fue autor de la frase “Estoy muy en contra de la memoria y cosas así. Hay que desaparecer. Admiro a los animales del bosque, que no se les ve cuando se mueren”. Paradójico, ¿verdad? Si tanto se le respetaba en vida, ¿por qué yo no paro de ver imágenes suyas tras su muerte?

Yo, personalmente, seguiré disfrutando de la moda y de su evolución, admirando a fotógrafos y diseñadores que logran crear arte viendo belleza en lo diferente, y no se ciñen a un patrón banal y superficial de la imagen de la moda.