“Si esto va a ser así siempre, me mudo al universo Kluid pero ya” Kluidhouse Uncover Barcelona

¿Sabéis que un día metieron a los alumnos de Ártidi en una aula llena de sillas negras y sólo dos rojas, y nadie se sentó en las rojas? ¡Como si hubiera una fuerza magnética y miedosa que se lo impidiera! ¿Sabíais también que una profesora pidió que aquellos que se considerasen creativos levantasen la mano, y casi nadie lo hizo? ¡En la asignatura de Creatividad! Heavy las cosas que pasan en Ártidi, como la Kluid House. Eso sí que es heavy.

Hay que ir, la gente se suelta y te trata como ese primo lejano que no sabes que tienes, pero que lo conoces y ya lo tratas con confianza; porque aunque hasta hace dos minutos era un desconocido ¡te han dicho que es tu primo! ¿Me entendéis, no? Además te enteras de cosas como las de la sillas y la clase de Creatividad. Y hay cervezas gratis, palomitas y vermú. También gratis. Igual que la entrada. Y los talleres. Lo-cu-ro-te.

Porque el evento ¡no acaba en la cervecita! Y me sabe mal contaros esto a los que no estuvisteis, porque debe doler haberse perdido semejante planazo, pero así no cometeréis el mismo error en la próxima Kluid House e iréis. Como os decía, además de la cervecita, el dj, la música en directo y la posibilidad de conocer a los artistas que estuvieron exponiendo sus obras, había dos talleres. No uno, sino dos.

 

El primero, de 6 a 7h, de yoga. Un grupo pequeñito, muy majete y acogedor en el que nadie me juzgó por tener la elasticidad de un plátano. También había gente muy goals y muy esbelta a la que admirar por su equilibrio y su resistencia a depende que pose. Realmente fue una clase súper apta para todos, de la que salieron incluso intercambios de Instagram entre desconocidos. Bien de networking. Una horita súper tranquila que intentamos alargar mientras la coordinadora del timing nos apretaba para acabar con la actividad porque tenía que empezar el segundo workshop.

 

Sólo os diré que en este, de 19h a 20h, nos dejaron hacer topless. Así que levántate la camiseta y abraza a la fotocopiadora para que esta te retrate en todo tu esplendor. Yo le di un morreo a la maquina y mi versión en blanco y negro quedó con la nariz un poco chafada, pero bien. Se trataba de transferir la tinta de las fotocopias a unos lienzos de madera con la ayuda de un poco de acetona. Algunos pusieron pies, otros orejas, incluso las llaves de casa: todo para crear una composición artística que, está mal que lo diga yo, pero nos quedó bastante guay.

Y, ¿sabéis eso que dicen de que las paredes hablan?, las de la Kluid House son de esas, porque nos dejaron pintarlas, ponerles gomets y llenarlas de hilos. Pero no al tun-tun, sino como parte de un estudio para ver las tendencias entre los Kluiders. Lo de los hilos era para medir el nivel de felicidad y, los gomets, para confesarle a tu acompañante de forma sutil que quizás no eres TAN hetero o que pasas de Tinder porque lo que a ti te mola es conocer gente cuando sales de discoteca.

Hay que decir que los Kluiders somos un poco artistas todos (cada uno en nuestro campo) y si nos ponen un maniquí desnudito de amor, vamos y le plantamos unos piercings en los pezones, un beso en el cuello y muchos usuarios de Instagram, no vaya a ser que perdamos la oportunidad de ganar algunos seguidores.

Lo de poder interactuar con todos los rincones del local fue sin duda mi parte favorita. Todo estaba conectado y en cada hueco había espacio para participar y formar parte del buen ambiente que había.

 

Bailoteo, networking, inspiración y arte. Esta es nuestra cultura y de vez en cuando los chicos de Kluid (esta vez en colaboración con Ártidi y la enorme lista de artistas que hicieron posible el evento) consiguieron meterla casi enterita en un local. Y lo que no cupo, por lo menos, lo tenemos cada día en la web: creciendo, evolucionando y preparándose para estar en el próximo evento.

 

Y… un último secreto. A veces el cartel miente. En lo de los artistas no, ni en la buena música. Tampoco en lo de la bebida gratis.

 

Pero me cachis en la hora.

 

El Team Kluid va al revés del mundo porque así son ellos, alternativos; y si lo normal en, por ejemplo en una tienda o espectáculo, retrasar la hora de apertura y estar contando los minutos para que termine y cerrar antes, pues ya os podéis imaginar ellos. Empezaron puntualísimos y terminaron dos horas más tarde. En su defensa diré que con razón. Porque esas dos horas de más dieron vida a un fiestote de Reggae para flipar. El speaker se puso al público en el bolsillo y una cosa llevó a la otra hasta puntos inexplicables. La cosa se fue animando y… Se prendió. Lo que pasa en la Kluid House se queda en la Kluid House pero si queréis un consejo, quedaros hasta que se apague el último foco.

 

¿He mencionado que había un chico a todo color bailando en calzoncillos?

 

Si esto va a ser así siempre, me mudo al universo Kluid pero ya.