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La influencia del color en la moda masculina

La influencia del color en la moda masculina

 

Desde muy pequeños, incluso podríamos decir desde el momento en el que nacemos, se nos es implantado un color por ser un género u otro. Mayoritariamente hay dos colores que destacan: el rosa y el azul; el primero de ellos para el género femenino y el segundo para el masculino. ¿Poder de elección y de decisión? Ninguno. La libertad de decidir nos la arrebatan con nuestro primer llanto, e incluso a través de una ecografía.

A lo largo de los últimos años sí que ha habido diferentes colectivos que se han posicionado en contra de esta postura del rosa/azul. Como ejemplo claro tenemos las míticas revistas de juguetes en épocas navideñas, todo un machismo encubierto propio del patriarcado. Los coches, los juegos de trabajos como mecánicos, médicos, futbolistas son para ellos; mientras que para ellas son las secciones de labores del hogar, princesas y, en el ámbito sanitario, enfermeras. Eso sí, todo ello con una clara separación pink or blue. Aunque se haya avanzado y muchas empresas hayan cambiado su forma de comunicarse al cliente, aún nos queda mucho por hacer.

¿Qué pasa con el resto de colores?

Hilando un poco más fino, y hablando en el terreno de la moda, el color aparentemente no ha estado condicionado nunca dependiendo de quien eres. Pero leyendo entre líneas si que encontramos diferencias. Cuando pensamos en moda, las mujeres son las que mejor han sabido llevarla, combinarla y jugar con ella, que al fin y al cabo de eso se trata. Los hombres por otro lado se han visto condicionados por vestir colores azules o neutros, pero siempre tirando más hacía los oscuros. ¿Y esto por qué? ¿No queremos romper con los estigmas del color? ¿Estamos haciendo algo mal?

Chicos del mundo, hay que explotar también nuestro potencial en el mundo de la moda. Nos tenemos que ir desprendiendo de las generalizaciones de que los hombres no saben combinar o poder ir a comprar solos. Y si no, retrocedamos unas cuantas décadas, unos años en los que, pese a estar más retrasados en unas cosas, en otras no nos iba tan mal. El color fue toda una fiesta, fueras quien fueras podías vestir con cualquier color: verde, naranja, violeta, blanco, turquesa, violeta, negro, azul, rojo, etc.

 

Actualmente no paramos de escuchar la famosa frase del “todo vuelve”. Por una vez cumplámosla a rajatabla y enseñémonos a experimentar con la ropa y sus colores. Siempre nos han dicho que nuestra forma de vestir nos da una seña de identidad, pero,  ¿qué aburrido seguir siempre una misma línea, verdad? Ser creativos, poetas urbanos, como diría Noemí Argüelles, es lo que implementar en la ropa masculina.

Cuando pensamos en un hombre, inconscientemente, se nos viene a la mente vestido con un traje de corbata o con vaqueros y camisas/camisetas de colores básicos, pero nunca se nos pasa por la mente la misma multitud de colores que si fuese una mujer. Rompamos con el estereotipo de que, vestir de una forma u otra, nos va a marcar quienes somos. Cada persona es un mundo y viste como le apetece. Los ideales, la condición sexual, los gustos musicales, entre otras cosas, se tienen que entrometer en la forma de vestir. Ponle más color a la vida que falta nos hace.

 

Texto por Juancar Sastre

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