La mitología en la tradición vinícola

“Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?”, escribía Borges en ‘La casa del Asterión’ (incluido en El Aleph, 1947). Pero el autor argentino no fue el único en escribir sobre la historia del minotauro. Cortázar también lo hizo en ‘Los reyes’ (1949) y los amantes más próximos a la literatura saben que las obras que relacionan a este personaje mitológico con el mundo de la escritura y el vino son infinitas.

Todo comienza con esta bestia. La compañía del vino, su sabor y sus tonalidades guardan origen en esta historia por la que, los griegos explicaban su origen y aparición en la tierra.

La trama incluso a día de hoy es recordada y las odas al minotauro se evocan en el interior de las mejores bodegas de nuestro país. Una de las más características, sin duda es la del Grupo Yllera, miembro fundador del Consejo Regulador de Denominación de Origen Rueda de Castilla y León y bodega pionera en la elaboración de vino blanco Verdejo en la zona de Rueda con su emblemático vino Cantosán, su primer verdejo de viñas viejas.

Dicen que sabe más el diablo por viejo que por diablo y a la familia Yllera experiencia vinícola no le falta. En esta bodega sacaron máximo partido a sus instalaciones y crearon un magnífico entramado mitológico con ‘El Hilo de Ariadna’, una experiencia enoturística maravillosa que permite visitar el interior de su bodega y vivir de primera mano la historia mitológica que homenajea a la aparición del vino. Pero cuando en los años 80 ​la familia Yllera compró muchas de las bodegas abandonadas por algunas de las diferentes familias de la zona de Rueda, probablemente no se imaginaría todo lo que vendría después. Adquirieron un gran número de ellas y se hicieron con un espacio tan amplio que incluso a ellos mismos les resultaba complicado conocer el camino entre unas y otras, pero en el año 1997 la primera de la familia se incendió y quedó notablemente afectada por el fuego. Un desastre del caprichoso destino que terminó casualmente convirtiéndose en su identidad.

A la rehabilitación de sus espacios le siguió la creación de ‘El Hilo de Ariadna’, el nuevo proyecto que resurgiría de sus cenizas el espíritu más innovador de sus paredes: el enoturismo. En aquella época la zona de Rueda no se dedicaba aún a ofrecer estas experiencias a sus visitantes por lo que una idea del amigo de la familia

e historiador y decorador de interiores, Juan Carlos Alonso, abrió las puertas de Yllera al público.
La familia se había hecho con tantas bodegas de la zona que a longitud de metros con la que contaban en total para el cuidado de su vino era tan grande que se llegaba a comparar con un laberinto. Entonces, ¿por qué no aprovechar el mito del laberinto en el que estuvo encerrado el famoso Minotauro para unir las bodegas mediante galerías subterráneas y ofrecer una experiencia inédita de primera mano a los amantes del vino y de la historia?

Un patrimonio digno de exprimir fue este primer paso de la simbiosis perfecta entre el mundo clásico, el subterráneo y el vino de las bodegas de Yllera, que dio lugar al ‘Hilo de Ariadna’. Con 2 kilómetros de trayecto, se habilitaron 600 metros para visitar cada una de las salas de estas bodegas que, no sólo describen visualmente la historia, sino que también trasladan al visitante a su tiempo y espacio.

Cada una de las salas que alberga la bodega es uno de los personajes que rodea los diferentes episodios que relatan el mito del Minotauro y en función de sus características se compara con un vino diferente, relacionando su nombre con el mismo. El vino espumoso hace referencia a las agitadas olas del Mar Mediterráneo, los vinos jóvenes a la pureza de Ariadna, los rosados, cómo no, al “quiero y no puedo” de Ícaro y la última sala de la visita encierra una gran sorpresa: la figura del Minotauro representado en una escultura.

Porque como una imagen vale más que mil palabras, caminar por las galerías subterráneas de Yllera es la manera perfecta para remontarse a la historia y conocer los secretos que se esconden en el laberinto de Cnosos en el que fue encerrado el Minotauro. Eso sí, el recorrido termina en el restaurante subterráneo de Yllera con un auténtico manjar para los sentidos de comida tradicional reinventada.

Pero un poco más cerca de la capital madrileña, exactamente en el pueblo segoviano de Santiuste de San Juan Bautista y denominación de origen Rueda también, se encuentra la bodega de Avelino Vegas, empresa familiar y con gran carga mitológica en su ADN.

El logo de su vino Circe, de tremendo sabor frutal y exótico por su procedencia de uvas de cepas viejas y de vendimia hecha a mano, es la figura de un ser con cuerpo de hombre y cabeza de caballo que designa la transición en la que un hombre se está convirtiendo en león mientras escapa de la diosa del sol, Circe.

La trama tiene origen en un capítulo que relata Ulises en la Odisea, donde narra el retorno de la guerra de Troya. Cuenta que se dirigía junto a sus soldados a repostar con el barco en la isla donde habitaba Circe. Allí, primero bajaron sus hombres a la isla (que por cierto, estaba rodeada de leones y lobos) y Circe, diosa hechicera, les ofreció una pócima para “refrescarles” en su bienvenida y al tocarles los convirtió en animales.”Su magia convertía a los hombres en el animal que realmente eran” dicen. Pero Ulises, que se enteró de lo sucedido, cuando bajó del barco para liberar a sus soldados, se encontró por el camino con el dios mensajero, Hermes, su salvador. Éste

le ofreció un antídoto protector del encantamiento de Circe, pero lo que Ulises jamás se imaginaría era que, en lugar de convertirse en animal, terminaría enamorado y rindiéndose ante sus encantos durante todo un año.
No cabe duda con estos dos ejemplos, que son tan sólo algunos de los muchos que se esconden en las tierras castellanoleonesas, que la tradición vinícola tiene un gran peso y carga mitológica. Las bodegas de los vinos de denominación de origen Rueda, además, crecen cada día más para ofrecer y mostrar estas experiencias a sus clientes a través de las singularidades que los define. Su clima, suelos y gran constancia de las familias consiguen sumar ya 74 municipios, 3 provincias y 70 bodegas que aprovechan sus características para reinventarse cada año más y crecer como reclamo turístico internacional.