Llevo tu lamento en la mente.

Me retumba, como un tambor. Pum, pum, pum. Redoble, una percusión persecutoria. Como la peor migraña de todas las estaciones. Pum, pum, pum. Como un martillo azotándome las sienes. Pum, pum, pum. Y un ataque de alergia a la vida, de pronto, cuando tu recuerdo mohoso se me cuela en la parte del cerebro que me obliga a recordar. Y ahí te tengo, resplandeciente entre la maraña, como un cuerpo envuelto en hiedra venenosa, envenenada. Pum, pum, pum. Es curioso el juego de nuestro cerebro. La censura de un recuerdo. Porque te miro, pero no puedo ver tus pechos. Esos que tanto me gustaba observar cuando te desvestías frente a mí. De ellos brotan dos hibiscos que los tapan. ¿Estoy soñando? ¿Esto es un sueño? Pum, pum, pum. ¡Qué pesadilla! Sal de la cabeza. Salte de ahí, duele. Un recuerdo, un llanto, un lamento. Y mi mente…

 

Texto x @constelacionesypoesia
Foto x @pablogarciafoto