Lo tuyo es de otro planeta, y yo estoy en tu órbita.

 

Te he visto. Te he observado cuando nadie más te veía. Flotar en el espacio de una habitación. No lo entiendo. ¿Y las escamas? ¿Y la lengua bífida? Alienígena. Ahí estás, cuando aterrizas tiemblo. Pero no puedo dejar de mirar. Noto tus comisuras doblarse, estremecerse antes de una sonrisa. Una carcajada antes de pasar a la acción. Y madre mía. Madre mía, niña. Cien mil lunares, constelaciones en tu espalda. Miradas de asteroide, agujeros oscuros y anillos. Pupilas dilatadas. Tu cinturón, de Orión, por el suelo. Por todas partes. Y la vía láctea, entre las mías. Y hacer el amor entre galaxias, notando la gravedad de esta unión.

¿Venus, Marte? Cósmica. Estoy seguro de que esta Tierra –en sus 4,543 miles de millones años– nunca ha visto –o verá– nada igual. Eres galáctica. Sideral. Despeguemos hacia tu órbita. Echemos a volar.

 

TEXTO X @constelacionesypoesia
FOTO X @assiahalcazar