Martin Eder: Parasites

…La poesía se esconde debajo del fregadero de la cocina. El mundo se está moviendo bajo mis uñas “. Eder en conversación con Thomas Girst, 2018.

Newport Street Gallery es sin ninguna duda la sala más interesante de cuantas presentan exposiciones plásticas en Londres. Uno puede pensar que en una ciudad donde varias galerías-museo centran la atención del gran público con exposiciones de corte “imprescindible”, como Saatchi, Whitechapel, Royal Academy o la totémica Tate Modern, coronar el raro antojo de Damien Hirst puede sonar presuntuoso. Nada de eso. Evidentemente es una opinion personal, pero si algo debemos reconocer a los caprichos de Damien es un aura de buen gusto.

Cuando alguien hace algo porque le da la gana, no debe licencias a nadie y en este caso y por raro que suponga en su director, Newport  Street Gallery no parece adeudar tributos ni siquiera al mercado. La galería cumple perfectamente la función de guardar la inmensa colección de arte contemporáneo de su mecenas y como envoltorio, presentarla al público a través de unas instalaciones y exposiciones de máxima calidad. Y como no deben favores ni a mercado, ni a público, ni a nadie… Podemos ver maravillas como Parasites” de Martin Eder (Newport Gallery London)

El trabajo del artista berlinés busca la belleza donde parece no estar, o al menos, en donde es difícil encontrarla. Hace unos días hablaba con Erik Urano acerca de un tema recurrente y me comentaba que “las luces más brillantes vienen de los lugares más oscuros”. Una frase que también en esta ocasión parece definir la muestra de Martin Eder.

Uno puede encontrarse incómodo como primera respuesta a la exposición. No se debe a una posición ética, aunque no le falten razones tras varias pinturas de corte pornográfico y, reincidencia a la relación mature/adolescente, si no a la contraposición de conceptos, colores y formas. Entrar en Parasites es como sumergirse en una de esas “tiendas de chinos”, herederas del “todo a cien” patrio, donde una explosión de contradicciones inunda tu cerebro y los más extravagantes artículos se entremezclan con la cotidianidad de un botijo (made in taiwan). Te sorprendes con algunos de los tonos más increíbles jamás imaginados, incluso combinados con espectacular gusto, aunque en el lugar menos oportuno. “No quiero poner esa Virgen de la Macarena verde menta con detalles fucsia flúor en mi habitación, ya lo siento. ¿Tiene usted fundas de Iphone?”

En realidad parte de la exposición parece heredera de esas falsas pinturas religiosas en 3d y con detalles fluorescentes que tanto se han popularizado últimamente en estos bazares… ¡Y nosotros que pensábamos hace años que el gato dorado levantando el brazo era lo más!

Grandes lienzos de perros chihuahua y gatos rodeados de alucinógenos brotes de color ahondan  en la idea de los bazares y parecen inquirir en la idea principal de la muestra: No solo podemos encontrar la belleza en los lugares más remotos, si no que lo horrible e inapropiado se puede esconder en las más encantadoras postales.

No creo que el trabajo del artista tenga la más mínima relación con Instagram, o que al menos exista el concepto de la red social en su pintura, pero si resulta recurrente ya que el recorrido si parece un deslizar de “scroll”. Todas las imágenes son perfectamente contemporáneas y maridan con los colores que inundan cualquier concierto de Trap. Esto parece curioso dado que a pesar de tener un aire de coetaneidad absoluto, el trabajo de la muestra es una revisión de sus trabajos desde hace casi 30 años tanto en recursos pictóricos como temática. Las pinturas ofrecen en muchas ocasiones unos acabados casi renacentistas que fomenta la sensación de incomodidad ¿Tenía Martin Eder un gusto más bien raro en 1990 o todos los datos han explotado en el momento oportuno? Sea como fuere, el resultado es desagradable a la par que atractivo.