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Modas de mierda que duraron un mes

El spinner es el último artilugio, un tanto inservible, que ha resultado ser un éxito de ventas pese a lo limitado que está recreativamente hablando, aunque hay muchos ejemplos en nuestra historia reciente.

 

Tal y como sucediera con el diávolo o la peonza, los patios de colegio están llenos de fidget spinners, la última moda inútil entre los más jóvenes. Prueben a utilizarlo. Da vueltas sin parar, y poco más. No se pueden realizar infinidad de trucos como con la nombrada peonza. Aún así, cuenta con un par de puntos positivos: su origen terapéutico y el hecho de que los niños olviden el teléfono móvil durante unos minutos. Aún así, tiene pinta de ser la típica moda pasajera que alimentan los bazares y que será engullida por alguna otra tontería. Ejemplos hay muchos.

El palo selfie

Quien escribe también sufrió la fiebre, y se vio, hace dos veranos, haciendo el ridículo con su palo selfie por Berlín. Es una forma más de no socializar, por miedo a pedir que te hagan una foto en lengua extranjera o a que te roben el móvil. Si te lo quieren quitar te lo van a quitar igual. ¿De verdad estamos tan locos como para llevar un accesorio solo para selfies? Por suerte no, y estos palos ya están cubiertos de polvo en el trastero.

Piedras mágicas

El hype es la clave para vender masivamente estos artilugios tontos. El spinner, el nombrado palo selfie o las piedras mágicas, con un brillo especial, que se atraían unas a otras. Eran imanes bonitos, pero si las veías en el colegio las querías. Cuando llegaba el momento, las chocabas un par de veces, las lanzabas al aire para que se juntaran solas, y se acabó la diversión.

Míster Músculo

Su momento de máximo apogeo fue a finales de los 80 y principios de los 90. Míster Músculo no tenía músculos, era una masa amorfa, con morfología de cuerpo humano, de un material blandengue coronado por una cabeza de plástico. Era un muñeco que, según su publicidad, se podía estirar hasta ocho veces su tamaño. Y ya. Encima era complicado de estirar, el Día de Reyes tuve que ver a mi padre y mi tío tirar cada uno de un brazo del muñeco con todas sus fuerzas para probar el invento. Infame.

Pulseras de silicona

El ahora gran tramposo del deporte, Lance Armstrong, era el ciclista total y lanzó unas pulseras amarillas, en colaboración con Nike, para conseguir fondos para la lucha contra el cáncer, que él mismo había superado. Tras estas, llegaron otras contra el racismo y otras causas nobles,… El negocio hizo que comenzaran a proliferar las pulseras de la ‘amistad’, ‘amor’ o la ‘salud’. Abominable.

Power Balance

Las hermanas deportistas de las anteriores. Hace siete años todo el mundo quería una. Pero no era solo cosa del vulgo: pudimos ver a políticos y famosos de todo tipo lucirlas en sus muñecas. Sus fabricantes prometían un incremento de nuestra fuerza, agilidad y resistencia, entre otros muchos beneficios más. Y solo con un trozo de silicona. La homeopatía se abría camino.