Mujer y moda: una relación contradictoria plagada de mitos

“La moda es cosa de mujeres”, “el sector textil es una industria pensada por y para ellas” o “la moda es uno de los pocos ámbitos en los que ser mujer supone una ventaja”. Son muchas las veces que he tenido que escuchar y lidiar con este tipo de comentarios, repetidos insaciablemente por parte de un sector, considerable en términos de tamaño, que se muestra reacio a aceptar la cruda y lamentable realidad. La moda no es un universo paralelo ajeno a la desigualdad y la injusticia que impera en el mercado, ni las mujeres ocupan los altos cargos en despachos y espacios creativos, ni las decisiones trascendentales recaen única y exclusivamente sobre ellas.

El ya célebre ‘techo de cristal’, término que hace alusión a la existencia de barreras no tangibles que impiden a las mujeres progresar en su carrera profesional hacia puestos de mayor responsabilidad, ya no se limita a una sola cara del cuadrilátero. Habiéndose extendido por todo el habitáculo (metafóricamente hablando), el cristal convertido en bloques de hormigón ya no impide únicamente avanzar verticalmente en la estructura organizativa empresarial; también imposibilita el cambio y el movimiento sea en la dirección que sea, diluyendo los titánicos esfuerzos y reduciéndolos a una posición estática permanente en el tiempo sin posibilidad de verse alterada. El control y la incapacitación constituyen un mecanismo de defensa, dentro de un sistema en el que gran parte de los hombres se niegan a aceptar la presencia, la valía y el indiscutible talento femenino

Basta con echar un vistazo al estudio ‘The Glass Runway’, un exhaustivo análisis conducido por el Council of Fashion Designers of America (CFDA) en colaboración con la revista Glamour, para percatarse de que la creencia popular de que ‘la moda es femenina’ dista mucho de la realidad. Si bien es cierto que más del 70% de profesionales empleados por el sector textil en todo mundo son mujeres, tan solo un 14% corresponde a altos cargos directivos y posiciones ejecutivas. Entonces, ¿podríamos concluir que la situación de la mujer en la moda es sumamente mejor que en otros sectores por el simple hecho de tener una importante presencia en términos numéricos? Ni mucho menos.

De las 540 mujeres encuestadas durante la realización del estudio, el 100% concluyeron que la desigualdad es un problema en la moda a día de hoy. En el caso de los hombres, tan solo un 50% dijeron estar de acuerdo con esta hipótesis. Tal vez la disparidad y la divergencia hayan comenzado antes de lo que pensamos, concretamente en la escuela y en los centros educacionales. Y es que en las instituciones formativas en moda, el número de mujeres sobrepasa copiosamente al de varones; hecho que no se traduce en el mercado laboral actual. “Si vas a una escuela de diseño te encuentras con 20 chicas y 1 chico, y en cambio luego a la hora de la verdad hay más hombres que se suben a la pasarela. No sé si habrá más mujeres en los talleres, pero como directores creativos hay más hombres.” comenta Charo Izquierdo, quien fuese directora de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid.

 

Ellos asumen el rol de gestores, directores creativos,  responsables de área y ejecutivos de cuentas; el ámbito de acción de ellas se restringe a labores manufactureras y artesanales, donde el saber hacer convive con la monotonía y las técnicas rutinarias. Por supuesto que las mujeres han ejercido papeles relevantes en las grandes firmas de moda a lo largo de la historia, habiendo desarrollado y patentado algunas de las invenciones más notorias y sobresalientes: Mary Quant  acortó al máximo el largo de las faldas dando vida a las primeras minifaldas, un símbolo de la autonomía, la determinación y la libertad femenina; Coco Chanel difuminó las fronteras entre el género, demostrando una contundente actitud irreverente ante la sociedad patriarcal opresora; y Hermine Cadolle decidío cortar el corsé en dos partes, transformando la prenda que formaba parte del armario de toda mujer de finales del XIX en un emblema liberatorio: el sujetador.

Pero, independientemente de la magnitud y el valor de su aportación, los nombres femeninos se han visto irremediablemente ensombrecidos por los apelativos masculinos. Ahora, tras siglos de invisibilidad, desprestigio y desmerecimiento, las mujeres alzan la voz exigiendo de una vez por todas el lugar que les corresponde en una industria donde representan las tres cuartas partes de la fuerza laboral. En la era del movimiento #MeToo, son muchas las grandes firmas y corporaciones que han visto en la lucha feminista un filón al que aferrarse, una causa que, de hacerlo con cabeza, puede traducirse en ventas y beneficios. Si bien es cierto que muchas empresas han emprendido proyectos y campañas de sensibilización, códigos conductuales de responsabilidad corporativa en busca de la igualdad y sanciones con el propósito de prevenir la discriminación, otras muchas han mostrado interés única y exclusivamente por las cifras y el impacto económico de adoptar una actitud u otra.

La camiseta con el emblema ‘We Should All Be Feminists’, lanzada al mercado el año pasado por la firma de lujo Dior, se convirtió en un fenómeno viral en todo el mundo, agotando repentinamente sus existencias. Stradivarius y Mango no dudaron en unirse al fenómeno de las camisetas con mensajes, condenado la violencia machista con prendas en las que se podía leer ‘No es no’ o ‘All Women Should Be Respected’. Pero, ¿acaso regalan estas camisetas? ¿Cuál es el fin último de su comercialización? Habrá quien piense que el simple hecho de expresar a través de palabras el apoyo y la defensa de la igualdad y la no discriminación es ya un logro en sí mismo. Otros creerán que la venta de camisetas u objetos de diversa índole impregnados de consignas de carácter feminista responde a una lamentable mercantilización del movimiento.

De lo que no hay duda es de que, independientemente de que la reivindicación se plasme sobre tela o no, el mundo de la moda no es femenino como pudiera parecer. Las cifras hablan por sí solas, y si bien la presencia de mujeres es mayoritaria, los cargos que desempeñan y sus correspondientes salarios desmontan esta extendida creencia. En la moda, al igual que en el resto de sectores e industrias, aún queda mucho por avanzar.