“No me he perdido porque no conozco el camino”, hablamos con la mujer tras el IG @mochileandoelmundo.

Hola Kluiders!

 

Hoy hablamos con Míriam García, la mujer detrás del perfil de IG @mochileandoelmundo. Una mujer viajera que se define como una “nómada digital” y que nos hace preguntarnos sobre la verdadera importancia de las cosas, lo que nos ata, el sentido de la existencia y cómo queremos vivir.

 

Tras una conversación profunda, pero no menos divertida, Míriam nos da las claves para atrevernos y sucumbir a la vida mochilera. Ella ha logrado encontrar el secreto de la felicidad en la vida nómada. Alejarse del estilo de vida común, convertirse en trotamundos y salir de su zona de confort le ha dado alas. La sociedad no dictamina lo que debe hacer y la recompensa es conocer mundo.

 

Su máxima es que “se necesita mucha locura para soportar tanta realidad”. Y si nos fijamos en sus experiencias no va mal encaminada. Sus viajes la han llevado a trabajar en una granja, a dormir en los lugares más insospechados y a perder sus pertenencias en sitios imprevisibles. Perdió el último tren a casa, o quizá eso fue lo que la hizo encontrar el verdadero camino. “No me he perdido porque no conozco el camino”, sentencia.

 

Lo que extraemos después de hablar con ella es que si estás dispuesto y te lo propones puedes hacer cualquier cosa. All you have to do is dream.

 

 

Cuéntanos un poco sobre ti y sobre la naturaleza de tus viajes. ¿Qué ha motivado tu aventura y cómo decidiste iniciarte en este modo de vida?

 

Siempre me ha gustado viajar. Recuerdo que en mi infancia viajábamos en caravana por España y Francia, y fue en mi adolescencia cuando nos asentamos en un camping todos los fines de semana. Eso marcó la diferencia en mi vida. Tener la oportunidad de crecer al aire libre, la importancia que tiene que tus padres te den esa libertad. Aprendes a ser independiente de forma gradual.  Tiempo atrás no era consciente de lo que eso supuso en mi crecimiento pero ahora pienso que si algún día tengo hijos me encantaría poder darles la misma oportunidad que me dieron mis padres a mí cuando era niña.

 

No sé si realmente esto fue algo que me empujó a dar el paso definitivo pero desde pequeña tengo problemas de cadera. Poco antes de mi primer viaje a Tailandia pasé una temporada muy mala en la que no podía caminar, y el médico me dijo que las posibilidades de aguantar así 20 años o levantarme al día siguiente y no poder caminar nunca más serían las mismas, así que decidí perseguir mi sueño.

 

¿Qué te hizo decantarte por tu primer destino?

 

Mi primer viaje grande fue a Tailandia en el 2014. Tras terminar la carrera decidí marcharme con una amiga, descartando el viaje que el resto de compañeros habían organizado a la Riviera Maya. “Con lo que vale una semana allí podemos estar un mes en Tailandia si nos lo montamos bien”, pensamos.

 

Yo nunca había viajado tan lejos, mi nivel de inglés era nefasto y todo el mundo decía que Tailandia era un país peligroso, que no debíamos viajar dos chicas solas, de mochileras y sin tener nada planeado. Eso solamente incentivaba mis ganas de viajar, de descubrir ese país. De comprobar en primera persona todo lo que esa gente decía. 

 

Una vez allí la esencia de Tailandia me embriagó. Su cultura, su gente, su comida, su territorio… Estábamos sobreviviendo a un país asiático sin saber hablar el idioma y sin tener ni idea de a dónde íbamos. Teníamos un itinerario con los lugares que queríamos visitar pero íbamos sin nada reservado, a vivir la aventura. Viajábamos de ciudad a ciudad en autobuses, trenes o ferries nocturnos, de esa forma aprovechábamos para dormir y movernos a la vez sin perder tiempo del día ni dinero por alojamiento “extra”. Una vez llegado al destino alquilábamos una moto y teníamos la libertad de perdernos hasta encontrar lo que estábamos buscando.

 

La mayoría de las personas que nos cruzamos en nuestro camino procedían de Nueva Zelanda. “¿Qué habrá en ese país?”, nos preguntamos. Hasta que unos amigos de Sudamérica nos iluminaron. Con lo que conseguían ahorrar trabajando 6 meses en Nueva Zelanda podían permitirse el lujo de viajar el resto del año por el sudeste asiático. Resulta que existe un programa llamado “Working Holiday” con el que puedes ir a ciertos países a trabajar y a viajar en el límite de tiempo de un año, si cumples ciertos requisitos. Mi amiga y yo nos pusimos manos a la obra y en 2015 conseguimos el visado. Unos minutos más tarde de hacer el trámite se agotaron los visados. ¿Te lo puedes creer? Estábamos en la biblioteca de la universidad gritando como enfermas de felicidad.

 

¿Dónde vives actualmente? Ciudad y residencia/hogar (lo que el resto de mortales entendemos por casa convencional

 

Actualmente tengo la Work and Holiday en Australia y estoy viviendo en un pueblo dentro del estado de Victoria, en la Great Ocean Road. Viajo y vivo en mi campervan, lo que el resto de mortales entenderían por furgoneta habilitada para vivir en ella, pero ahora que estoy trabajando me dan alojamiento.

 

 

 

¿Cuál es el sitio más loco donde te has alojado?

 

El sitio más loco donde me he alojado, que recuerde, fue el pasillo de la planta de arriba de un bar en Tailandia. La dueña del establecimiento preparó un colchón en el suelo aislado con una cortina. Estaba lleno de hormigas y las veía subir por el colchón hasta mi cuerpo, lo que me dificultó un poco el sueño, pero al final el cansancio hizo el resto.

 

Tiene que ser abrumador la cantidad de lugares y experiencias vividas. ¿Cómo haces para poner en orden todos esos recuerdos? ¿Tiene esto algo que ver en la decisión de crear una cuenta de Instagram?

 

Viajo con mi ordenador y ordeno las fotografías que tomo por fechas. La cuenta de Instagram decidí crearla a causa de la gran cantidad de fotos que tengo. Quería compartir con la gente todos los lugares por los que había pasado. Nueva Zelanda es un país precioso, montañas, mar, carreteras… su cielo me vuelve loca, nunca he visto unas nubes tan esponjosas y tan bajitas como en ese país, amaneceres, atardeceres… incluso los días de lluvia son especiales porque el cielo se transforma. Es una locura.

 

Seguramente las imágenes no hacen justicia a la realidad, pero en tu Instagram hay fotos espectaculares. ¿Cuál es el lugar o el momento que más te ha impactado visualmente?

 

Al principio de mi estancia en Nueva Zelanda fui a hacer el trekking del volcán Tongariro, lo que los amantes de El señor de los anillos conocerán como Mordor. Subimos con todo lo necesario para acampar arriba y pasar la noche allí, algo que está prohibido puesto que es un volcán activo. Al día siguiente presencié el amanecer más bonito que he visto en mi vida. Estábamos a 1886 metros de altura y podía ver un mar de nubes bajo mis pies y el sol saliendo por el horizonte. Fue increíble. Unos pocos días después el volcán entró en erupción y prohibieron la entrada al parque nacional.

 

 

 

Después de recorrer tantos lugares y encontrar cosas insólitas has debido querer atesorar más de una. ¿El espíritu coleccionista se ha apoderado de ti en algún momento?

 

Jajaja el espíritu coleccionista siempre se apodera de mí pero debo dejarlo a un lado porque no puedo cargar con todas las cosas que quisiera. Eso sí, de cada país que visito me llevo un imán para mi nevera, eso es algo que llevo haciendo desde pequeña.

 

En tu postura, tiene que ser fácil sentirse ciudadano del mundo. ¿No sientes apego por las cosas o lugares en ningún momento?

 

La verdad que hay muchas cosas materiales que he perdido por el camino, y hay muchos lugares de los que no quisiera tener que despedirme nunca pero tengo que seguir hacia adelante. No puedo decir sin mirar atrás porque siempre acabas recordando aquél momento, en aquél lugar, con aquella persona y la nostalgia llama a la puerta pero la vida sigue. Una se hace fuerte después de tantas despedidas y las cosas parece que duelen menos.

 

¿Cómo encuentras el equilibrio ante tanto cambio? ¿Es precisamente esa falta de estabilidad lo que enriquece verdaderamente tu vida?

 

Me enriquece pensar que lo que estoy haciendo tiene un objetivo claro que es viajar. Así que bueno, lo primero como siempre es el trabajo y después llega la tan ansiada recompensa.  Y si te digo la verdad ahorro más con este modo de vida que teniendo un puesto fijo como tenía. No voy a trabajar amargada, me lo tomo con un juego o un reto. Hago la cuenta a largo plazo de lo que voy a ganar trabajando 3 meses en un lugar y en todos los lugares a los que voy a poder ir después con el dinero que consiga ahorrar. 

 

¿Se vive más intensamente así o se vive diferente?

 

Estoy segura de que se vive más intensamente. Estás en lugares que probablemente no vuelvas a visitar jamás y conoces a personas con las que compartes tiempo, no importa cuánto, pero forman parte de ese momento de tu vida y se crean unos vínculos muy fuertes. Así que intentas aprovechar al máximo todo lo que estás viviendo en ese momento.

 

¿Qué te está aportando esta experiencia?

 

Cuando empecé mi viaje decidí tomármelo como algo de lo que tenía que absorber todo lo positivo y negativo. Sabía que cada persona y lugar nuevo que conocería iba a aportarme algo. Me he dado cuenta de que puedo conseguir todo lo que me proponga, no importa lo que sea, y agradezco a todos los que me dijeron en su día que no iba a poder. También estando sola aprendí a estarlo, a quererme y a valorarme. Me encontré a mí misma en un momento de mi vida en el que las cosas no estaban bastante bien. Hay muchos momentos de incertidumbre, de preguntas sin respuesta, de tomar decisiones que nuevamente van a suponer un cambio radical en tu vida. Pero al final la única preocupación de verdad es “cuál va a ser mi próximo destino” y eso es lo que realmente pesa en la balanza. Saber que estás haciendo lo que te hace feliz aunque tengas que renunciar constantemente a otras cosas.

 

¿Qué le dirías a alguien que nunca ha viajado solo?

 

Sé que es algo típico que se dice pero le diría que no tenga miedo y que si tiene miedo que lo haga, que el mundo es muy grande y hay muchos países por descubrir y muchas personas y culturas por conocer. Que los únicos límites que existen para viajar son los que uno mismo se pone y que si se quiere se puede. Y lo más importante es que al final nunca estás solo porque siempre hay alguien ahí fuera realizando el mismo camino que tú y vivir nuevas experiencias con alguien desconocido hará que esa persona se convierta directamente en alguien inolvidable.

 

Si tuvieras que elegir un destino donde retirarte definitivamente, ¿Cuál sería?

 

Buf! Tengo mucho camino por recorrer y todavía no me planteo eso. Pero Nueva Zelanda me parece un país ideal para retirarse, la verdad.

 

¿Crees que podrás vivir de forma convencional alguna vez?

 

Tal vez podría hacerlo en un lugar en el que no me sintiera prisionera o esclava del sistema.