Piezas, de Manu Vicente.

Ey, ¿cómo estás?

Supongo que andarás con otras historias ahora… pero sentía la necesidad de contarte exactamente lo que tengo frente a mí en este preciso momento.

Estoy seguro de que te encantaría estar aquí para vivirlo…

Ahora mismo me encuentro sentado en lo más alto de un acantilado con ese clásico mate que siempre me acompaña a todos lados.

Y no te miento si te digo que es la primera vez que siento un vértigo como este.

Tranqui, comprendo que no entiendas el porqué.

Desde este punto se puede contemplar todo, desde la inmensidad del océano hasta el más mínimo detalle.

Veo esa gente que se levanta cada mañana sin saber cómo ni porqué y te mira como si fuera la primera vez que te la cruzas.

Veo las luces de los coches que se mueven al arrancar el día como si se tratase de una coreografía ensayada. Como toda esa gente que vive corriendo sin pararse a mirar a su alrededor.

Y si observas un poco, allí a lo lejos está aquella chica que se fue en busca de sus sueños, los comparte e inspira a otros como a mí, a hacerlos realidad.

Por ver veo hasta ese amigo que se ríe por cualquier tontería que le digo mientras le alcanzo otro mate que vale mucho más que ningún ‘te quiero’.

El atardecer escuchando esa canción de Cruz Cafuné.

Te veo a ti, y a toda esa infinita cantidad de piezas, de personas por las que vale la pena seguir perdiéndose por cualquier rincón de este rompecabezas llamado Mundo; y por las que en este instante siento este jodido vértigo.

Sé que no todas encajan,

Que algunas quizá cayeron en el momento equivocado,

Y que otras están por ahí esperando a cruzarse en el camino.

Imagino que es parte del fluir de la vida.

Pero si te paras, verás que están ahí.

Observándote,

Como tú a ellas…

Solo por verte sonreír.

                                                                                                        Piezas, de Manu Vicente.