Russian Doll: o el mejor rewind del año

Ser moderna es más que objeto de mofa, pero Natasha Lyonne –en el papel de Nadia Vulvokov– lo sobrelleva aparentemente bien. Ella es una mujer independiente y controvertida, ácida pero cercana, trabaja como programadora freelance y para dar la bienvenida a su 36 cumpleaños reúne a sus amigos en una fiesta por todo lo alto. Alcohol, tabaco y drogas condimentan este prólogo ambientado en Nueva York.

La apuesta estrella de Netflix de este 2019 recae en Russian Doll, un alegato a la comedia negra que a ratos resulta hasta terrorífica. Su protagonista se enfrenta a la muerte de forma encadenada, pero en la recaída vuelve al punto de partida, el baño (que todos querríamos) de la casa. Al rato, todo vuelve a su origen e inevitablemente también la muerte. Y se repite la historia, variando las conversaciones e incorporando nuevos personajes. Un modus operandi que le lleva a revivir su final de existencia una y otra vez sin bajar las revoluciones y dejando fluir sus consecuencias, incluso mejorando las primeras versiones. Porque todo varía en función del camino y las personas que elijamos. No hay fórmulas para escapar del paso del tiempo, pero el azar nos permite jugar y bailar a su ritmo.

La vida adulta debería ser menos complicada, mientras tanto tomemos las mejores decisiones en el momento oportuno. Por ejemplo, ver Russian Doll, que desde el minuto uno te engancha y atrapa en un interminable loop de 8 episodios. Me quedo con la estética rock&roll y el Gotta Get Up que no se te quitará de la cabeza.