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Entrevista Samuel Almansa
Fotografía: Joan Miguel Moyà

Samuel Almansa: “La sensación de ir contra un lienzo solo es brutal”

 Samuel Almansa (1995) antes hablaba de Basquiat y de Tarantino. De la profesora que le cautivó durante su paso por Bellas Artes y de una gran lista de ideas que lo mismo surgían en su cabeza en ese instante y desaparecían minutos después. Ahora, años más tarde, Samuel sigue teniendo tanta imaginación como sueños. No solo ha añadido una gran lista más de nombres al podio de sus referentes, sino que también se ha consagrado con su firma en paredes de restaurantes de su isla,  en festivales de arte y exposiciones de locales, galerías y museos de diferentes territorios de la geografía de nuestro país, como Mallorca, Menorca, Galicia o Madrid.

Samuel Almansa: “La sensación de ir contra un lienzo solo es brutal”

Como todo artista, recalca, no es la obra, si no el proceso. El cómputo de circunstancias que surgen por el camino y terminan materializándose en lo que nuestros ojos llegan a percibir. Porque dice, también, que la realidad mostrada nunca es veraz. Y así lo plasma en su trabajo, que alterna desde murales, pinturas y dibujos hasta vídeos e instalaciones.

Hablo con Samuel este verano y le propongo esta entrevista. Llevamos cocinándola a fuego lento desde aquel día, en el que además, cumplió 25 años. Sí, Samuel es joven, pero no es novel -¿se puede ser novel en el arte?-. Qué mejor que hablar con él para saberlo. En Kluid intercambiamos información con el artista y nos explica, con sus propias palabras, el vínculo conceptual que materializa a cada una de sus obras.

Fotografía: Joan Miguel Moyà

¿Cómo empezó tu vocación artística?

Con 3 años dibujaba siempre el camión de mi padre, estaba obsesionado con eso y me pasaba horas dibujando y pintándolo, y no sé qué vieron mis padres pero me apuntaron a clases de pintura con cinco años. Desde ahí crecí pintando hasta que empecé Bellas Artes en Cuenca.

Ahora siempre pinto en el huerto de mi hermano o en el taller, en casa. El huerto me permite pintar gran formato con spray, y en el taller trabajo la pintura que no me ahoga.

¿Y por qué elegiste Cuenca como ciudad para realizar tus estudios? 

Fui a Cuenca porque un amigo me la recomendó. No era mi primera opción, pero cuando llevaba un mes cursando la carrera me di cuenta de que no quería salir de esa facultad. Yo llegué allí haciendo una obra muy figurativa, y por decirlo de alguna forma, los profesores que conocí –Ana Navarrete y Armando Montesinos básicamente- me enseñaron el lado oscuro.

Estudiaste en una ciudad pequeña pero en una de las mejores facultades nacionales de Bellas Artes. ¿Qué te llevas de esa experiencia?

Bueno, yo siempre digo que nunca seré tan feliz como lo fui allí. Conocí a tanta gente interesante y crecí tanto como artista que nunca voy a estar suficientemente agradecido con esa ciudad.

¿Qué disciplina es tu favorita? ¿Por qué?

Yo me considero pintor. Aunque haga vídeo, instalación o escriba, me sigo considerando pintor. Es lo que me ha formado, y es mi disciplina, además de ser a la que dedico la mayor parte de mi trabajo ahora mismo.

La pintura me ofrece cosas que otra disciplina no tiene, es encontrarte con un espacio blanco en el que puedes hacer lo que quieras. La sensación de ir contra un lienzo solo es brutal.

Háblanos sobre el proceso creativo: desde que nace la idea y la importancia del mismo.

Para mí, toda buena obra es procesual. En el proceso te encuentras todos los inconvenientes, todas las trabas, y es en ese momento, cuando te enfrentas al problema pictórico.

Cuando tengo una idea, lo que más me mueve es el momento en que quieres llevarla a la realidad, cuando pasa de la cabeza al blanco, ahí es cuando pones en práctica todo lo que tienes.

Entran en la amalgama muchas cosas, y a mi me sirve de mucho hablar con gente para crear. Creo que si no te relacionas con otras personas la obra no tiene sentido. No entiendo una obra que establezca los cimientos de su concepto en la propia artista. La introspección es necesaria, pero para mí, cuando una obra está hecha solo para uno mismo, no tiene fuerza.

Entonces, ¿cuándo sabes que tu idea va a ser una obra?

Lo primero es coger la libreta, las notas del móvil o un papel cualquiera y apuntarlo, sino lo olvido. Tengo un grupo de WhatsApp en el que sólo estoy yo y me envío notas todo el día. Espero que nadie me vea hacerlo nunca.

Nunca sé si al final realizaré todas las ideas que tengo apuntadas. No sé si va a ser una pieza o no, simplemente, cuando tengo ganas de hacer algo nuevo, leo lo que tengo, y puede que de eso salga otra cosa.

Tener la libertad de poder ir de un extremo a otro puede permitirte abrir nuevas formas de conocer”

¿Cómo evoluciona este proceso? 

El proceso es el lugar de materialización. De lo que piensas a lo que es. No creo que exista un proceso sin evolución, porque al producir una serie o una obra, te estás metiendo de lleno en lo desconocido a nivel conceptual.

Cada uno sabe lo que le funciona o tiene una línea hacia la que ir, ya sea técnica o conceptualmente. A mí, por ejemplo, me funciona una idea estética más informalista o de fuerza en la pintura, pero si el concepto lo requiere, hay que cambiar. Por ejemplo, ahora, estoy produciendo una secuencia de pinturas realistas que necesito para una serie. Hacía años que no tocaba lo figurativo en pintura, pero lo necesito para poder materializar un concepto.

Además, creo que encerrarse en un estilo no es malo, dependiendo de lo que quieras hacer, pero tener la libertad de poder ir de un extremo a otro, puede permitirte abrir nuevas formas de conocer.

Fotografía: Joan Miguel Moyà

¿En qué momento sabes que está finalizado? 

Depende mucho de la obra. Depende de lo que estés haciendo. Si es una investigación, yo creo que es cuando tú mismo tienes claro el final. En cambio, si es una pintura, depende también de lo material: el peso y la composición. Te funciona o no.

Ayúdanos a visibilizar al artista, ¿en qué radica la diferencia de un trabajo de un artista al de otra persona de cualquier otro sector?

Seguramente la gran diferencia sea la precariedad laboral. No se es más especial por dedicarse a la cultura o al arte. Es un trabajo más, y si no lo ves así, como un trabajo, es difícil que funcione (yo creo). Entiendo que la gente no pueda tomárselo como un trabajo porque no recibes un sueldo. Vendes o no. Eso limita y deslimita muchísimo la creación. La precariedad del sector artístico es un hecho. Si no funcionas a través de galerías estás muerto porque nadie te conoce a nivel comercial.

Me parece muy significativo cómo se construye una realidad a través de la información y de la posterior opinión”

Detallemos más aún. Háblanos del proceso conceptual.

De algún tema que me interesa o que tengo la necesidad de materializar. Por ejemplo, a finales de 2015 empecé la obra más larga que he desarrollado, ‘Realidad Refugiada‘, que acabó en 2017. Fue una investigación sobre el filtro que significan los media.

En ese caso la base fue mi preocupación por los movimientos migratorios dados por la guerra de Siria, pero la base desde entonces, siempre, es la degradación de la realidad. La degradación, en su aspecto más amplio. El proceso, la forma en que se pasa de negro a blanco, y en cómo generar ideas continuamente.

Para mi la degradación influye en absolutamente todas las cosas que hoy día nos rodean y nos suceden. Pero concretamente me interesa la degradación de contenidos o de la información.

El proceso de degradación de la información siempre pasa por los media, ya sean social media o mass media, y me parece muy significativo cómo se construye una realidad a través de la información y de la posterior opinión, que nada tiene que ver con la primera idea o verdad.

Saber si la información que recibes es real y cuestionar lo conocido. La realidad es una cosa y lo que conocemos es otra. Eso intento hacer ver. Y por eso no encierro mi obra en un estilo, porque a veces para poder desarrollar una serie, me hago valer de otras técnicas que no son las que más me gustan, pero sí las que necesito.

¿Qué técnicas utilizas y cuáles son tus preferidas para trabajar?

En pintura utilizo el spray, el acrílico y el óleo. Pero también el vídeo y la proyección o a saber qué en una instalación.

La realidad es una cosa y lo que conocemos es otra”

¿De dónde ha bebido tu vocación? Cuéntanos cuáles han sido tus referentes cinematográficos, literarios y artísticos.

Mis referentes cinematográficos están cambiando mucho, estoy rodando una serie y aprendiendo dirección de fotografía y por eso ahora me fijo más en eso. Me flipan Lubezki, Alcott, Richardson o Roger Deakins. Y en cuanto a dirección Guy Ritchie, Iñárritu, Danny Boyle, o David Fincher, pero mi preferido siempre es Tarantino.

La verdad es que, aunque sea un error, no suelo leer novela y ahora mismo solo leo ensayos. Me gustan Foucault, Umberto Eco o Baudrillard, pero ahora estoy leyendo Creatividad y otros fundamentalismos, de Pascal Gielen.

Escucho a Joy Division, Talking Heads o Pulp, luego escucho techno, Cecilio G o Chico Blanco, pero siempre acabo volviendo a Bowie.

Y en cuanto a mis referentes plásticos son muchos, desde Fahlström o Basquiat a artistas actuales del postgraffiti y el antistyle.

Fotografía: Joan Miguel Moyà

Exposiciones que hayas realizado y proyectos pendientes.

Las últimas exposiciones que he realizado han sido en Mallorca, en la galería con la que trabajo, Kaplan Projects, y en el Museo MAN de Galicia. También estuve en Getafe a finales de septiembre, pintando un mural para Cultura Inquieta y en el Roser, de Menorca, donde expuse con el colectivo Mataombres.

Tengo algunos trabajos en marcha con un espacio en Palma, y algunas colaboraciones en proceso con otras artistas. Además, en diciembre hago mi primera exposición individual en Palma, en Taca estudi, una galería artist-run space. Estará comisariada por Albert Pinya y se celebrará el cinco de diciembre.