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 ¿Son tus zapatillas tan importantes como el Guernica? 

Irremediablemente en el llamado siglo XXI o era de la información, blablablá… que es en el que vivimos actualmente, la campaña publicitaria que le harían a un nuevo vestido colaborativo de Muramaki X Raf Simons sería muchísimo mayor, que si, por ejemplo, Artemisia Gentileschi expusiese en una gran galería de New York. Estas palabras podrán decir mucho más de mí que de vosotros; que sí conservador, polla vieja, adáptate a los nuevos tiempos, huele a rancio, dinosaurio…, y lo entiendo, de veras que lo entiendo. Pero quiero daros la mano y acompañaros en este paseo por mis conceptos de aura y arte. 

¿Son tus zapatillas tan importantes como el Guernica?

¿Es la unicidad de la obra la que convierte un producto en arte? El trabajo detrás del concepto de único e irremplazable otorga esa cierta luminosidad o sensación que desprende, y que solo se puede entender si la aprecias en vivo. Un ejemplo, que explica muy bien lo que os estoy contando, es el efecto que sufre todo el que haya ido al Prado y visitado la zona de pintores Flamencos, y más en concreto, la sala donde está expuesto “El jardín de las delicias”, del primo Jheronimous van Aken, aka El Bosco. Sufrir esa corriente eléctrica que recorre tu espina dorsal, el despertar de ese pequeño síndrome de Stendahl que todos llevamos incorporado, y pocos desarrollan. La manera que ese tríptico te abraza y te ahoga mediante alguna técnica de asfixia erótica, es un de las sensaciones más plácidas y reconfortantes, visualmente hablando. Esta es la verdadera aura de la que hablaba Walter Benjamin, esa capacidad de sumergirte en una pieza y aislarte del conjunto entero que te rodea. 

En cambio, un producto replicado industrialmente, no es más que un cuerpo sin alma, un ser errante vacío de sentimiento, de carga crítica. Llamar obra de arte a tus Nike X Off-White dunks, por el mero hecho de que tengas el modelo 1/50, es defecar en la tradición iconográfica medieval y el moralismo cristiano puritano que vivió el Bosco; seamos consecuentes, actualmente se le dé tanta importancia al diseño y confección de un bolso de Balenciaga, como al proceso creativo, crítico-dramático e informativo que llevo a Picasso a realizar el cuadro del Guernica. 

Y si, estructuralmente el “concepto subjetivo de belleza” ha derivado hacia aceptar unas zapatillas como algo bello, como esculpido, como si el origen de su belleza proviniese de más allá de su piel, kalon. Pero otorgarle la categoría de arte, no implica que en 400 años las vayamos a exhibirlas en centros culturales, y si es así menos mal que yo no voy a llegar…, espero. 

Volviendo al concepto del aura como: ese pequeño conjunto de vivencias que a través de su escenificación artística permiten transmitir la podredumbre moral y social de aquella época—hablando del Bosco—, y es por eso por lo que tu camiseta de Rick Owens de 300 euros tampoco se va a exhibir en el Prado. Siendo claros, sería muy hipócrita por mi parte no otorgarle al señor Owens el puesto que se merece, como uno de los mejores diseñadores de este siglo, pero es eso, fin. Porque si, no podría no otorgarle valor a su obra, de hecho, las botas over-the-knee de Rosalía en la última Met Gala me parecen una mezcla de Smart y dominatrix. Incluso realizan un perfecto contraste con el clásico mantón de manila de la España del siglo XVIII, una combinación perfecta de vuelo y ajuste, de libertad y fuerza. 

Donde quiero llegar con toda esta retahíla de palabros, es que no debemos perder el sentido del criterio. Y entiendo que la palabra “arte” es difusa, vaga y porque no decirlo facilona, se acuesta con cualquier otro significado que queramos darle, pero no borremos lo que nos otorga valor como sociedad, nuestros significados. 

No intento subyugaros con mi pensamiento, solo comparto mi poca experiencia. Ya que al final de camino, únicamente la subjetividad determinará esos pequeños establos de ideas propias, las cuales hemos alimentado de heno llamado inconsciente colectivo, y que una vez ya maduradas, han ido cogiendo fuerza y forma a través de la alfalfa llamada opinión construida, no impuesta. 

Por lo tanto, y lo que quiero decir es que cada uno busque su propio significado de arte, y que lo sienta como una extensión más, real como un brazo, una pierna, casi tangible. Pero sin perder la verdadera esencia, ese destello llamado aura. 

 

 

Aquí las palabras que en su momento me indujeron a escribir esta reflexión. 

El dinosaurio y el bebé (Conversación entre Jean-Luc Godard y Frizt Lang) 

Y otras que vienen mucho a cuento: 

“Yo he visto cuadros y he llorao, el arte es una broma” 

Yung beef 

 

Texto por Pablo González

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