Temario de la vida: drogas.

A veces, el crecimiento personal trae consigo mucha soledad. Soledad porque eres capaz de sentir más que el resto de los que te rodean. Llorar por realidades que ocurren en el mundo que otros no quieren ver. Luchar por ideales que van en contra de los de una sociedad adormecida. Ir en contra de la corriente y tener que verles la cara a todos los que intentan arrastrarte con su inercia. Todo para ser un individuo.

Luchar por la felicidad es algo que no esta muy bien visto en esta sociedad. Uno de los sentimientos más comunes es la envidia, algo que puede causar mucho daño e incluso miedo. Miedo que nadie de nosotros quiere vivir, miedo al fracaso, a que haya otros que se alegren de ello. En un mundo así en el que te educan a seguir y ser uno más, donde la unidad de medida es el éxito y no la felicidad, uno encuentra mucha soledad. La libre voluntad es oprimida por una sociedad homogénea que se limita a un modelo de vida sencillo, pagando con su silencio la seguridad que esta ofrece. En un mundo así, una decisión que va en contra de los mandamientos de estas puede dejar una marca que nunca te perdonarán. Esto es lo que les pasa a aquellos que en algún momento de su vida hicieron uso de su voluntad propia y decidieron que las drogas ocupasen un lugar importante en su vida.
Una vez que tomas esa decisión notas como cada vez te distancias más de tus seres queridos y no especialmente por que cambies tu, sino por que son ellos los que te cambian. Eres la misma persona que un mes atrás te ayudó a arreglar la cocina, o el que en momentos de apuros te ofreció comida. El mismo con el que has vivido innumerables risas y alegrías. El mismo que ha estado para lo bueno como para lo malo. Solo con un diferencia, un marca que indica que eres un drogadicto.
La drogas han dejado marcas sin dudas, mentiría si dijera que son buenas, jamás le recomendaría a nadie que se adentre en este mundo. Un mundo peligroso en el que perder el rumbo es mucho más sencillo de lo que uno cree, donde la realidad cada vez es más difícil de distinguir de la locura. Pero tampoco puedo negar que me haya ayudado mucho. Fueron ellas las que me mostraron un camino a seguir y fue allí donde comenzó un viaje en el que lo más importante es recordar de donde uno viene.
Ellas te hacen difícil aceptar cosas que te hacen infeliz, porque en estos momentos uno es capaz de sentir emociones que no se las desearía a nadie, todo se vuelve mucho más duro y la realidad que uno vivía deja de perder su encanto.
Tu mente se envuelve en dudas, dudas sobre esta, dudas sobre los principios con los que uno se ha criado, dudas sobre quién es uno mismo. Un prueba muy dura que te hacen ver realidades que son muy difíciles de soportar. Verdades sobre uno mismo que pocos pueden aceptar por miedo al cambio, pero una vez que se sepan te persiguen, te muestran los errores que antes no eras capaz de ver. Esta realidad comienza a seguirte para el resto de tu vida, realidad que fácilmente se vuelve a olvidar pero recuperarla es igual de fácil aunque pagando un pequeño precio que cada vez va aumentando. Es aquí donde uno comienza a balancearse por una línea muy fina. Una línea tensada sobre una oscuridad sin fondo, un lugar al que nadie quiere caer. Esa lugar te hace luchar por tu supervivencia, te hace pasar situaciones de miedo e impotencia, un lugar en el que el terror te acompaña en cada segundo. Es este el momento al que tuve que llegar para poder librarme de todos los miedos que esta sociedad transmite. Es cierto que cruzar esa línea no es fácil, pero una vez sobre ella ya no hay vuelta atrás, solo te queda luchar por tus sueños.
Como ya he dicho antes, mentiría si digo que son buenas, han dejado bastantes marcas sobre atributos y cualidades que son de más prestigio. Pero también me han mostrado lo que no quiero en mi vida, me han mostrado lo que me hacía infeliz mientras me tenían hipnotizado en un mundo de rutinas y monotonía. Son ellas las que me han mostrado por lo que debería luchar para no tener que volver a acercarme otra vez a esa abismo lleno de oscuridad. Cuando uno experimenta estas cosas y consigue salir de ellas vuelve a recuperar la alegría por la que estar vivo. Uno tiene las cosas claras y solo quiere luchar por sus sueños. Aunque cuando llegas a este punto y vuelves a la realidad, te rodea la soledad. La felicidad que uno trae de esta experiencia es tapada por la marca que indica que eres un drogadicto, uno marca que ya te acompaña para el resto de tu vida. Es aquí importante recordar de donde uno viene, ya que siempre quedan aquellos que te conocen de verdad, aquellos que nunca han duda de ti y que cuando le pediste confianza fueron lo suficiente fuertes para dártela. Son aquellos los que te hacen recordar lo bonito que es el camino del que uno viene. Son ellos los que siempre te van a dar la posibilidad de dar la vuelta y volver hacia algo que te hace sentir como un hogar. Algo por lo que todos queremos luchar.
Aunque esto muchas veces se complica, porque a partir de ahora la marca va contigo y volver a entrar en esta sociedad no es fácil. El no aceptar sus miedos trae consigo rechazo y aislamiento, con ello soledad y con ello otra vez las dudas de quién tiene razón. Por ello es importante recordar el segundo camino que se ha hecho, aunque al ser este la razón de todo puede ser muy rápido la vía de escape otra vez. No te queda otra que aceptar esa marca y la sentencia que ha hecho la sociedad sobre ti. Uno ya no es querido como antes y se encuentra solo, solo por querer luchar por su propia felicidad. Dudas si realmente libertad es igual a felicidad. Dudas si realmente podrás volver a ser feliz en algún momento de tu vida porque ya esa vida que has dejado no podrás volver a recuperar jamás.