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“Theriomorphism” regresa en su quinta edición.

Camino de convertirse en un clásico de la semana del arte en Madrid, “Theriomorphism” regresa en su quinta edición del 20 al 25 de Febrero a la Galería Kreisler. Una exposición de nuevo arte contemporáneo en formato pop-up organizada por Ink and Movement y comisariada por Okuda San Miguel, quien invita a  una serie de reconocidos artistas internacionales a exponer su obra y a crear una pieza colaborativa para la ocasión. Este año los artistas invitados son AJ Fosik, Christybomb, Phyllis Galembo y Matthew Grabelsky.

 

 

“Theriomorphism” es una exposición pop-up de nuevo arte contemporáneo organizada por Ink and Movement y comisariada por Okuda San Miguel, artista afincado en Madrid y convertido, dentro y fuera de nuestras fronteras, en toda una referencia de ese arte que se expresa tanto en el espacio público como en la privacidad del estudio del artista.

 

Okuda, además de exponer su obra, aprovecha la ocasión para invitar bajo criterios propios a una serie de artistas de renombre internacional a mostrar sus creaciones, de manera efímera, en Madrid. La guinda de este pastel artístico la pone, año tras año, la pieza colaborativa creada en los días previos a la inauguración por el cántabro y sus invitados (en años precedentes, gente como Charlie Immer, Hell’O Monsters o Samuel Salcedo).


En este 2018 es turno para “Theriomorphism V”, a celebrar entre el 20 y el 25 de febrero por segundo año consecutivo en la galería con más solera de Madrid, la Kreisler. Y, en esta oportunidad, contaremos con la presencia de AJ Fosik

 

 

Christybomb, Phyllis Galembo y Matthew Grabelsky. Todos ellos sometidos al embrujo del teriomorfismo.

El primero de ellos, AJ Fosik, basa sus trabajos en el folklore, la taxidermia y atávicos rituales, creando intrincadas piezas de arte tridimensionales; Christybomb, por su parte, acostumbra a combinar lo inocente y lo avant-garde en impactantes y detallados mosaicos junto con el uso de materiales nada convencionales; maestro de un hiperrealismo surrealista en el que cuerpos humanos se ven coronados por cabezas de distintos animales en el poco probable contexto del metro neoyorquino, Grabelsky mezcla el día a día con lo extraordinario, lo verosímil y lo improbable, para sorpresa de todos; mientras que Galembo es una investigadora del poder transformador de los trajes rituales, gracias a sus viajes por África y América del Sur, reflejado luego en unas fotografías de gran impacto visual.

 

 

 

Cuando uno acude al mito del licántropo, lo que aquí en la Vieja Europa venimos llamando hombre-lobo desde tiempos ancestrales, en realidad estamos echando mano del teriomorfismo. Fueron los griegos quienes, en su afán de explicar el mundo a través del mito y del símbolo, dieron nombre a un concepto que entendía al hombre engarzado a la indómita animalidad que le rodeaba. Así pues, teriomorfismo (therion, animal salvaje o bestia, y anthrōpos, hombre) designa a un hombre que poseía rasgos animales o sufría la capacidad de convertirse, de manera completa o parcial, en uno de ellos. Pero no solo los europeos, en las peores noches de nuestra decadencia moral e histórica, hemos caído y creído en el teriomorfismo. Muy al contrario, han sido muchas las culturas que han echado mano del mito del hombre-animal: desde las deidades egipcias al hombre leopardo de algunas tribus africanas pasando por los bestiarios medievales para terminar, de momento, en creadores contemporáneos que, sirviéndose de imágenes teriomórficas, suscitan visiones del hombre actual, de su identidad y de su relación con la realidad material que rodea su vida.