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Todo lo que necesitas saber para viajar a Tailandia

 

Todo lo que necesitas saber para viajar a Tailandia en una guía por fascículos contada por Conscious training, Una buena forma de poder organizar tu viaje, sintiendo que puedes tenerlo todo desde la palma de mano.

Semana 1

Llevo una semana lejos de mi casa, de mi hogar. Aquí estoy, en Tailandia, ese país que tenía idealizado hace años y con el que contestaba a la típica pregunta: ¿Un país al que viajarías? Hace ya una semana que empezó esta aventura. Una semana en la que estoy cumpliendo un sueño y respondiendo con actos a la preguntaba que contestaba con palabras hace nada.

Todo partió junto con el tren hacia Barcelona. De alli saldría mi vuelo hacia Asia. Me salió a 460 euros desde el aeropuerto del Prat y cogiéndolo unos 5 meses antes. Sabiendo que iba, aproveché y fui con 2 días de antelación, para recorrer la ciudad de Barcelona. Sí, vivo en España, tengo 25 años y no había ido nunca. Cuanto más fáciles tenemos las cosas, menos las valoramos a veces. Me encantó, la verdad. Tiene un encanto especial. Usé couchsurfing por primera vez y es una forma genial de alojarse en los lugares, ahorrando bastante dinero. Totalmente recomendable. Empecé a sentirme a gusto viendo las cosas a mi ritmo, sin tener que contrastar con nadie cual sería la siguiente cosa que ver o hacer.

No me creía aun que iba a volar hacia la otra parte del mundo. Es mi segundo viaje más largo, el primero fue a Uruguay unos años atrás. Pero si, ya empezaba esto. Tenía una sensación que definiría como “miedución”, entre miedo y emoción. Me gusta crear palabras nuevas, me hace gracia.

Arrancó. Después de las 12 horas y 20 minutos más largas de mi vida, sin dormir, y harto de no poder moverme, llegué a Shanghai. Mi vuelo hacía una escala de 15 horas en la ciudad. Y otra vez, aproveché. En China resulta que te dan un visado de 24 horas (o 144) in situ. Y allá me fui yo, con el horario clavado, como si me lo hubiesen arreglado adrede, a hacer un free tour por la ciudad que empezaba 1 hora después de mi llegada. Otra cosa super recomendable, visitar una ciudad nueva con un tour gratuïto. Antes de salir del aeropuerto cambié unos 70 euros a yuanes para transporte y comida.

Ya iba siendo real que no estaba en España. Otra hora y veinte de metro después de aterrizar llegué al centro. Viví en primera persona el típico estereotipo que tenía de China, tal cual me imaginaba. Gente que entraba y salía corriendo, mucha. Se amontonaban de la forma más educada posible, y se ponían a mirar el móvil. Todo el trayecto, todo el rato. Ni una palabra.

Hice el free tour, y después de ver lugares nuevos y geniales, conocer gente, probar comida riquísima y hacer un par de fotos, me volví volando para el aeropuerto. Pero volando literalmente. Cogí el Maglev, un tren que funciona mediante magnetismo, y va a 300 km/h. Por unos 6 euros, hice el viaje anterior de 1 hora y pico, en 7 minutos.

Ya estaba otra vez en avión, hacia Bangkok por fin. Pensaba que eran 4 horitas más solamente, pero no. Me equivoqué haciendo el cambio de hora. 5 horas más de vuelo, en las que dormí 1 hora, después de todo un día por ahi bambando sin dormir ni parar quieto.

¡Tailandia, por fin! Aterricé en Bangkok, y estaba super ilusionado, aunque a la vez era medio zombie, del cansancio acumulado. Antes de salir, al igual que en Shangái, cambié dinero. 20 o 30 euros está bien, el cambio está un pelín más caro que en la ciudad. Cogí un taxi alli mismo hacia un hostal cercano al aeropuerto que reservé 2 días antes. Lo hice a sabiendas de que la hora de llegada eran las 3 de la mañana y necesitaba dormir un poco antes de moverme por ahi sin parar y a más de 35 grados durante el día. Necesitaba ducharme y dormir. Descans 3 horitas más. Era una sensación rara. Estaba muerto, pero no podía dormir. Tenía esa ilusión mezclada con ansia que aparece en una aventura así, y apareció el insomnio por un momento (o quizás era el famoso “jet lag”, quién sabe). Con la tontería lo arrastré todo el primer día estando ya en Bangkok. Tuve que pasarme la noche leyendo y relajándome con una meditación que tenía grabada para conciliar el sueño.

Volviendo atrás, una vez descansando ya por fin llegó mi compi de viaje, Soledad. La historia es larga, pero una “coincidencia” (lo pongo entre comillas porqué hay gente que piensa que no existen las casualidades, si no las causalidades. Yo soy uno de ellos) hizo que empezasemos esta aventura organizada estando a miles de kilómetros de distancia. Nos conocimos por Instagram, hablamos un tiempo, y ella me dijo que iba a viajar hacia aquí, y ni me lo pensé. Me tiré de cabeza, y me preparé para venir a unos pocos meses vista.


Ya estábamos por Bangkok. Nos cambiamos de hotel a uno que estuviese cerca de la zona turística, la famosa Khao San Road. Fuimos, nos instalamos, y empezamos a disfrutar del calor abrasador, la masa enorme de turistas y el ambiente de Bangkok. Empecé a darme cuenta también de lo barato que sale todo aqui comparado con Europa: el alojamiento, el transporte y la comida tirados. Y mira que la capital de Tailandia es ultra turística y se aprovecha de ello. Obviamente si comparas un pelín antes, puedes ahorrar en algunas cosas.

Nosotros estamos gastando aproximadamente 40 euros por día, sin racanear mucho, sin derrochar, ni regatear apenas (rompiendo uno de los mitos que teníamos de regateadores natos). Hay alojamiento por 12-15 euros la noche. Se come por unos 10-12 euros al día.

Hay que tener también en cuenta gastos varios e imprescindibles, como la entrada a algunos templos. Son brutales. Una grandiosidad y unos detalles dignos de una obra de arte hecha edificio. Cuánta devoción, dinero y gente mueven las religiones. Espectacular.

Hablando del tema, tuvimos que comprobar que está prohibido entrar en muchos lados con camiseta de tirantes o pantalón corto (hombres) y faldas, pantalones o camisetas que enseñen los hombros o las rodillas (mujeres). No dejan entrar en los más estrictos. Aun asi siempre hay posibilidad de alquilar o comprar uno en la entrada. Además, tuvimos que tener en cuenta en el plan, que la mayoría tienen un horario de apertura, que suele ser de 8am a 17pm (uno de los importantes hasta las 15pm). El primer día nos quedamos a medias.

Otra cosa de la que me di cuenta es que me nació ese ansia que tengo o tenía a veces por ver todo y no dejar ni un lugar sin pisar. Nota mental: tranquilidad. Disfruta de cada sitio, vive la experiencia y haz unas cuantas fotos, pero a ratos, no hagas lo típico de sacar la foto e ir a por el siguiente trofeo en la lista.

Más cosas típicas que creía necesitar son una tarjeta de datos móviles y un adaptador de enchufe. Nada, hay wifi por todos lados, y enchufes europeos. El lado bueno del turismo: la adaptación brutal. Incluso se puede contar con mapa orientativo. Google Maps funciona sin conexión y puede usarse como forma de ubicarse.

Pero existe también el lado oscuro, y es enorme y muy visible: el turismo masivo. Gente local que se dedica en cuerpo y alma a servir a los demás. Quizás lo hagan con gusto, o porque ven una mina de oro en nosotros, no sé, es mi perspectiva, pero no me gusta mucho. Además, la masificación de gente es a ratos agobiante. Siempre choca ver convivir en el mismo lugar la riqueza más notable y la pobreza más limitante. Aun asi repito, quizás es pobreza por venir de donde vengo. Y como no, esa parte que odio: perritos sueltos, con sarna y en condiciones penosas vagabundeando por la ciudad.

Dejamos atrás el bullicio y el calor de Bangkok, y empezamos a mirar como movernos hacia el norte. Me sobraron totalmente los 2 días pasados alli. Menos mal que llevé una gorra, a ratos el sol abrasaba. Además si quieres te puedes marcar tus 30 km andando fácilmente.

 

 

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Ejemplo de entrenamiento para viajeros en la playa. * . . Realizar de 10 a 20 repeticiones (siempre en función de las sensaciones) por ejercicio, organizando el conjunto en circuito, y repitiendo el mismo 2-4 veces: . . 1. Zancadas dinámicas con fase isométrica sostenida abajo (15-30″). 2. Peso muerto con miniband. 3. Flexiones spiderman. 4. Remo unilateral de pie con goma. 5. Pull through con goma (para glúteos). 6. Core: Plancha + rodilla al codo recto + ” cruzado + perro cabeza abajo. 7. Perro cabeza abajo + cobra. . . . *Los ejercicios siempre se pueden adaptar al nivel de cada persona. Que los haga yo no significa que los puedas hacer tu, o quizás al revés y necesitas más intensidad. . . #yoga #strength #strengthtraining #thailand #tailandia #viajerosconmochila #travel #trainingfortravellers #beachtraining #calistenia #calisthenics #stretching #outdoorstraining #fewmaterial #band #miniband #conscioustraining #consciouslife #personaltrainer #entrenadorpersonal . . Musica: Summer lover – Oliver Heldens (feat. Devin & Nile Rodgers.

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Nuestra siguiente parada fue Ayutthaya, en el centro. Pensaba que no ibamos a encontrar transporte, se ve que en temporada alta mucha gente reserva todo por internet y hay varias compañías destacadas (las únicas). Nosotros miramos en 12go. Pero nada de temer a la reserva de último momento. Yo me agobié en vano. Se ve que hay una gran parte de transporte que ni aparece en internet. Simplemente hay que preguntar en alguna oficina de turismo, a algun local, al dueño del hostal o a alguien que parezca que sepa más que nosotros.

Ayutthaya genial. Mucho más tranquila que Bangkok, y super bonita, con un encanto diferente. Templos en ruinas de la que fué antigua capital de Siam (Tailandia). Fue ideal dedicar un día allí y quedarnos en un hostal de la zona. Nunca viene mal una ducha y una cerveza típica fría a la luz de la luna llena.

Arrancamos de nuevo hacia el norte. La siguiente parada inesperada y la cual me resistía a visitar: Sukhotai. Me cuesta a veces soltar y no obsesionarme con planes preestablecidos en mi cabeza. Me alegré de saber dejarme llevar y parar en semejante lugar. Otro rollo. Una especie de Ayutthaya menos turística y más especial rodeada de naturaleza, también antigua capital de Siam. Sin palabras. Solamente me decepcionó que el pueblo estuviese muerto de noche. No se puede tener eso y a la vez evitar el turismo atroz. Aun así encontramos sitio para cenar algo.

Al día siguiente otra vez en carretera, esta vez hacia Chiang Mai. El bus era bastante incómodo en esta ocasión, pero transporte al fin y al cabo, peor sería no tener como moverse de allí.

Habíamos leído en algún blog que no había mucho de especial, y que valía la pena ir a algún pueblo de alrededor en vez de dedicar tiempo a Chiang Mai. Ahora mismo me alegro de tener nuestro propio criterio y no haber organizado mucho el viaje. Alargamos una noche aquí. Es una ciudad especial también. Nos hemos encontrado con que nuestro hotel está en una zona rollo hippie, con multitud de opciones veganas y vegetarianas, un montón de artesanías y varias galerías de arte. Me flipa el ambiente. Los templos también son una belleza, no entiendo porque había gente que menospreciaba la ciudad.  Solamente por poner una pega, subimos al templo Doi Suthep arriba de la montaña, y no me encantó, más bien me decepcionó un poco. Por aquí lo más clave es visitar templos de la ciudad antigua, y aprovechar si es fin de semana para ir por los mercados callejeros comiendo y viendo cosas sin parar.

Mañana partimos para Chiang Rai ya. Última parada en el norte de Tailandia y nos volvemos a subir en un avión, esta vez para bajar hacia el sur. Las islas, el calor, las playas, los masajes, el agua de coco y todas estas cosas nos están esperando.

 

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