Un boxeador en el sofá de su casa.

Un boxeador en el sofá de su casa.

En mis sueños caigo destrozado

a la lona y me rompo

como un globo de agua a cámara lenta.

La angustia se apodera de mi    subconsciente

y desata todas mis preocupaciones cual tormenta de arena se tratase.

Durante la caída de los rayos de luz,

el flash continuo que ciega el horizonte y me guía al olvido,

 encerrando,  afligiendo en mi pecho el llanto,

 la oscuridad, la agonía.

Se desvanece en la irracionalidad de una atmósfera que no controlas,

todos los pensamientos se crean una libertad

para librar sus batallas que hacen de mi  un saco atado al techo, anudado con mi alma rota y apática

sin ganas de luchar contra ello;  obviando mi sangre por las heridas

que se abren con cada puñalada directas al corazón desinhibido,

asfixiado en penas y lágrimas que no dejo ver.

Toda mi sangre cae seca, es arena.

Ya no endulza por las mañanas a aquella mujer que podría

hacer de esos granos hechos con desidia y frustración

un desierto suave para envejecer,

sin dejar de ver la luz

que emana de nuestras melodías

producidas por la fricción

de los cuerpos enredados.