La artista Lola Zoido presenta un proyecto que investiga la relación entre imagen, cuerpo y tecnología, reivindicando lo sensorial frente a la saturación visual contemporánea.
En un momento en el que la imagen parece haberse desprendido definitivamente de lo físico, Lola Zoido propone lo contrario: devolverle el cuerpo.
Su nuevo proyecto, presentado en la segunda sala de la galería Marc Bibiloni, se articula como una investigación sobre la percepción contemporánea, donde lo digital no se entiende como un destino, sino como un punto de fricción. Zoido no reproduce imágenes: las tensiona, las desplaza y, sobre todo, las materializa.
La exposición se construye desde ese gesto: recuperar la dimensión táctil en un ecosistema saturado de pantallas. Las piezas funcionan como superficies de resistencia, lugares donde la imagen deja de ser transparente para convertirse en algo opaco, físico, incluso incómodo. Hay en su trabajo una voluntad clara de interrumpir la inercia visual.
Lejos de lo espectacular, la propuesta se mueve en un terreno íntimo, casi silencioso. Es ahí donde encuentra su fuerza: en la capacidad de obligarnos a mirar de otra manera. A detenernos. A reconsiderar qué significa realmente ver en un contexto donde todo parece ya visible.
Zoido no ofrece respuestas cerradas. Su trabajo abre preguntas sobre la naturaleza de la imagen, su circulación y su relación con el cuerpo. Y en ese espacio de duda, construye una experiencia que es tanto visual como sensorial.
Más que una exposición, lo que plantea es un desplazamiento: de la imagen como consumo a la imagen como experiencia
Texto comisarial Paula Tomasini.






