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filip custic presenta dreamcore, el último proyecto del artista, en colaboración con la artista Virgen María

 Sobre la acera, lejos del cubo blanco y de sus calculadas lógicas, los cuerpos acrobáticamente dispuestos de filip custic y Virgen María (María Forqué), sustentados de manera precaria por decenas de globos de diferentes tamaños y colores, componen una onírica estructura que ocupa decidida el espacio público. Protegidos tras unos cascos hiperrealistas, los artistas se camuflan en el entramado urbano donde su epidermis, su falta de expresión y el plástico pulido de los globos son confundidos con el brillo marmóreo de las estatuas urbanas. No obstante, las posturas imposibles de filip custic y Virgen María rápidamente despiertan la duda. Ante la contemplación atenta, la obra se reafirma como un anti-monumento, como una contra-escultura enfrentada a los dignos nombres de los políticos, de los militares y de los descubridores que vertebran las plazas, las esquinas y las rotondas de la ciudad. La inestable quietud de la pieza establece así una comprometida hermanada con los artistas callejeros que se ganan la vida bloqueando su figura durante horas, con los performers ambulantes, con los falsos robots de cartón, con los imponentes peluches inflables y en definitiva, con todas aquellas personas que viven la ciudad de manera creativa ante la rígida stasis del granito y el alquitrán. 

filip custic presenta dreamcore, el último proyecto del artista, en colaboración con la artista Virgen María

Bajo el título dreamcore, filip custic, siempre interesado en la cultura de internet, en los procesos de deshumanización, en el filtro y en el retoque, abandona el espacio virtual en un ejercicio de traducción donde estas realidades se materializan como simulacro en el horizonte de la metrópolis. Entre lo duro y lo blando, entre lo etéreo y lo concreto, entre la piel y el pixel, el artista genera una escultura que le permite habitar el intersticio creativo que distancia estos binomios polarizados y atravesados por la grieta y el hueco. Torsionando el cuerpo, retorciendo el hueso y el músculo en escorzos improbables, filip custic ocupa la brecha mientras asume el riesgo de situarse en un espacio que se tambalea de manera permanente. 

Replicando las mecánicas de la ciudad y trasladando al callejero el léxico y los ambientes virtuales, dreamcore genera una experiencia inhóspita y distante a la vez que colorida e íntima. La plaza pública, habitualmente iluminada, sonriente y decorada es también un lugar desolador. Las luces y los escaparates resaltan las virtudes del presente mientras señalan la dureza del hormigón y las miserias de la urbe. Igualmente, los globos de colores o lo espectacular de las posturas circenses de filip custic y Virgen María conversan con la inquietante sonrisa congelada de los rostros de los artistas. Lo infantil y lo lúdico de la pieza refuerzan el permanente diálogo con aquello que resulta inquietante. filip custic recorre de nuevo el camino liminal de lo siniestro: la obra se sitúa entre un cumpleaños y un cuerpo disecado, entre una piñata y un robot humanoide, entre una plaza y un backroom, entre la escultura y la carne. 

Asimismo, escapando del gesto solipsista y autoreferencial, el artista encarna las lógicas de la red mientras asume la interacción propia de la metrópolis. La ciudadanía está invitada a abandonar la espectaduría para asumir una participación activa en el pieza. El artista, sin miedo a la caída, invita al público a explotar los globos que sostienen y aseguran su equilibro. La obra necesita del paseante y del estallido, del curioso, de la chincheta y del alfiler. Tras el shock los globos revelan su contenido: confeti, dinero, purpurina, líquidos de colores… Lo que antes había sido confundido con mármol, o con el pedestal de un extraño monumento, se desvela entonces como una sesión comunal de ASMR en directo donde el placer háptico y el disfrute sensorial asaltan la praxis. 

Al final, tras la desaparición de los globos, tras demoler la escultura, se intuye la duda y se evidencia la ficción operativa que mantenía la obra y compone lo contemporáneo. Lo que antes era inestable se descubre sólido y la duda se disipa. No obstante, después de la acción, como si de un sueño lúcido se tratara, se cierra el pacto y la plaza recupera su normalidad imperturbable. 

filip custic

(Santa Cruz de Tenerife, España, 1993) trabaja la fotografía, la performance, escultura o el videoarte, medios desde los que aborda temas como la identidad y nuestra relación con la tecnología. Los espejos y las pantallas son elementos recurrentes, una referencia a nuestra era de obsesión por la imagen y los selfies. custic también utiliza símbolos, alusiones a la ciencia y a la historia del arte en su obra. El artista centra su trabajo en el cruce entre la tecnología y el cuerpo, hablando de la identidad y de cómo los objetos tecnológicos pueden ayudarnos a celebrar la diversidad de identidades de los seres humanos. 

filip custic ha expuesto por todo el mundo, en lugares como Parco (Tokio), MdbK Leipzig (Alemania), Palazzo Giustinian Lolin de Venecia (Italia), Colección SOLO (Madrid, España), Art Basel Miami (Estados Unidos), Caixaforum (Barcelona, España), La Térmica (Málaga, España), Matadero Madrid (Madrid, España) y OMM (Turquía), entre otros. 

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