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MI PRIMERA EXPERIENCIA CON MUDE: EL BIENESTAR TAMBIÉN ES UN ARTE

Imagina encontrarte en una casa con terraza y piscina, en medio de las montañas de Sintra, rodeado de un exuberante paisaje verde. Allí, personas que emanan buenas vibraciones se congregan para disfrutar de una actuación de piano en vivo, artistas creando obras de arte en el lugar, cócteles llenos de energía pero con poco alcohol, una deliciosa comida preparada por un talentoso chef y la libertad de bailar, dejando que tu cuerpo se exprese sin preocuparte por la perfección de los movimientos. Sí, es una experiencia única, y es posible gracias al enfoque artístico del bienestar que Mude persigue. 

MI PRIMERA EXPERIENCIA CON MUDE: EL BIENESTAR TAMBIÉN ES UN ARTE

 

Ellos lo tienen claro, pero nosotros igual no tanto. Redefinen el concepto de bienestar, yendo más allá de las tradicionales prácticas de autocuidado. No hablan solamente de cremas hidratantes, de leer libros de autoayuda, practicar yoga, o hacer la cama cada vez que te levantes. Va un paso más allá. Para ellos, el bienestar es una forma de arte, una expresión que se conecta con la naturaleza, la comunidad y las emociones. Sus eventos, incluidos viajes, buscan brindar experiencias que ayuden a comprender verdaderamente qué significa estar bien. ¿Y lo consiguen? Os cuento mi experiencia, y juzgad vosotros mismos.

Un entorno privilegiado

Cada una de las actividades que agenda el evento testifica su filosofía. En esta ocasión me tocó a mí. Un sábado al mediodía me reúno con alrededor de 120 personas en el maravilloso espacio Yayem Lisboa, entre las montañas de Sintra. Lo primero que me llama la atención es el entorno: puro verde. Dato que va en consonancia con su predicado de conectar con la naturaleza. Lo segundo, es que resulta fácil entablar conversación con cada uno de los asistentes, no es necesario realizar un gran esfuerzo. Y es que Guilherme, el fundador de Mude, me cuenta que la socialización, crear una comunidad, es uno de sus principales pilares: “Creemos que el bienestar es la conexión contigo, con tus amigos y familiares; que es crear un lugar seguro. La soledad es la epidemia más silenciosa de todas… y nosotros somos conexiones y sentimientos”. Primer objetivo conseguido para Mude.

Slow live: cócteles con intenciones y alimentación consciente

Algo que se avisa antes de ir es que es uno de esos pocos eventos donde el alcohol no es protagonista. De hecho, apenas tiene presencia. El ticket (unos 80 euros, con descuento si se compra más de uno) es un all inclusive. Incluye bebidas y cócteles sin alcohol, y otras propuestas con un contenido muy bajo del mismo. En esta primera experiencia, todas ellas han sido diseñadas, además, por el Dr. Cecin. Me da curiosidad la idea. Él me la explica: “El Power bar proviene de la experiencia que tengo con la medicina tradicional de la India. El concepto es que vas al bar, pero no a emborracharte, sino a tener buenas intenciones y recargar energía. Para esta ocasión he escogido un orden de bebidas en el que se sugiere empezar la experiencia con un chupito de ingredientes concentrados, para después sentir el sabor de las otras bebidas sin alcohol, y  terminar con alguna de las que tienen un poco, pero que no te emborrachan”. Yo, que siempre debo tener un vaso en la mano, comencé con el welcome shot (limón, cúrcuma, jengibre, miel y sal), seguí con el light pool (té verde, jengibre y canela), y terminé con un light wine (vino biodinámico suave). Cero cafeína, y solo un toquecito pequeño de alcohol en la última bebida.

El encuentro comenzaba a las 14 horas del mediodía, por lo que, Mude también aprovechó la ocasión para dar rienda suelta a otra de las bases sobre las que se sustenta el bienestar: la alimentación. “Tenemos que aprender a cocinar, saber de donde son los ingredientes… Utilizar la cocina como instrumento, como conexión”, sigue explicándome Guilherme. Y, precisamente, la comida que en ese gathering probamos cumplió con todos los requisitos que él nos comentó. Orquestada por la health coach y embajadora Anna Elisa de Castro, pudimos encontrar un menú formado por platos realizados con ingredientes nutritivos, orgánicos y planted base, con cero procedencia de origen animal. Hummus, guacamole, mini hamburguesitas de feijão, y una gran variedad de platos preparados bajo el lema: food as medicine. 

 

Del relax del piano a la vibrante ecstatic dance con Mushima

Durante toda la jornada nos acompaña un artista, que pinta in situ.Y es que, sabido es que, tal y como ellos mismos cuentan, “el arte un elixir para promover la salud mental y aliviar el estrés”. Lo podemos leer en una de las newsletter que lanzan: “El arte es el lenguaje de las emociones. A medida que los colores se mezclan, las notas resuenan y los movimientos se sincronizan, podemos expresar nuestros pensamientos, frustraciones y experiencias acumuladas durante la rutina diaria de maneras que a menudo las palabras habladas no pueden. Nos ayuda a procesar nuestras emociones y aligerar nuestra carga mental”. No les falta razón. A mí incluso me relajó ver al artista deslizando el pincel en directo, como si nadie más le rodeara. Sentí esa burbuja, esa disociación de lo que te rodea cuando estás relajado.

También una masajista al lado de la piscina. Cuando ya es media tarde, Leonardo Hilsdorf nos ofrece un maravilloso concierto al piano. “La música clásica existe porque existe el silencio”, comenta. Todos nos sentamos a su alrededor, compartimos ese silencio vibrando en emociones, escuchamos atentamente sus melodías antes de pasar al plato fuerte que pone el broche final al evento: la ecstatic dance, con, nada menos, que Mushima al mando de la música y Katia Buben como guía. Escuchar a Mushima, ya os aviso, es toda una experiencia en sí misma.

“Empecé muy joven, mi hermano me llevaba a este tipo de eventos donde la gente bailaba, y había música electrónica y psicodélica. Hace veinte años no se llamaba así, porque la ecstatic dance llegó para salvar los movimientos del baile de entonces, porque el término estaba un poco sucio y relacionado con las drogas. Aunque la gente compartía amor, conexión y unidad; por entonces también compartían drogas, alcohol y un gran cóctel de cosas tóxicas. Así que la ecstatic dance llegó para salvar esta situación”, me explica, adentrándome en su universo y despertando, cada vez, más mi curiosidad sobre sus orígenes. “Fue inventada para prevenir estos destructivos comportamientos. Es un ritual de meditación activo que nos ayuda a alcanzar altos niveles de conciencia, como cuando meditamos o hacemos alguna actividad profunda. Si conectamos con la práctica, somos capaces de alcanzar esos niveles. Es posible gracias a los movimientos del baile. Nos conecta también con la gente que tenemos cerca y es muy terapéutica y eleva la buena vibración entre todos. Es muy satisfactorio”.

El cómo se realiza lo vemos después. fuera zapatos, teléfonos móviles a un lado. Solo sentir la música y seguir las indicaciones que Katia, con su voz envolvente, va señalando por el micrófono. “No hablamos ni tenemos distracciones durante el baile. Nos conectamos a través del cuerpo, de los movimientos, de la música, de los ojos. Tampoco calzamos zapatos, porque tenemos que estar cómodos y sentir ese sentimiento magnético de conectar contigo y con los demás”, termina de explicar Mushima. Así es: hay baile, gritos y un final relajador y sanador que pone el punto final al que promete ser el primero de muchos de los gatherings de Mude

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