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La razón por la que las historias de Los Javis terminan hablando de nosotros

Los Javis portada Los Javis portada

Si quisiéramos encasillar a Los Javis en un solo género, sería casi imposible. En su repertorio encontramos series y películas, comedias y dramas, historias completamente inventadas y otras profundamente reales que necesitaban una nueva voz para ser contadas.

La razón por la que las historias de Los Javis terminan hablando de nosotros

Quizá ahí esté parte de la magia de Javier Calvo y Javier Ambrossi: en poco más de una década dentro de la industria audiovisual han conseguido construir una identidad propia sin dejar de moverse entre géneros, formatos y universos completamente diferentes.

Y aunque, a primera vista, sus proyectos puedan parecer muy distintos entre sí, hay algo que los conecta: una forma muy particular de acercarse a temas que todos conocemos, pero que no siempre sabemos cómo mirar.

No hablan de lo extraño. Hablan de lo que nos incomoda reconocer.

Si hay algo que saben hacer bien es acercarse a temas que podrían resultar incómodos sin convertirlos necesariamente en tragedia ni subrayar constantemente su dramatismo. Muchas veces hacen algo bastante más difícil: encontrar humor, belleza y ternura justo donde esperaríamos conflicto. 

Quizá ahí esté una de las claves de su sello. En esa capacidad para coger personajes que, sobre el papel, podrían parecer exagerados, extravagantes o incluso superficiales y darles una profundidad inesperada. Y entonces ocurre algo curioso. Dejamos de mirar a esos personajes desde fuera y empezamos a reconocernos en ellos.

Paquita Salas es probablemente uno de los mejores ejemplos. 

Detrás de sus gestos, sus frases imposibles y ese universo aparentemente disparatado hay también una mujer vulnerable, con sus inseguridades y profundamente humana. Una persona que necesita sentirse válida, que quiere que la reconozcan y que se tiene que adaptar a ocupar su lugar desde una nueva mirada. Hay momentos en los que la adoras y otros en los que consigue sacarte de quicio. 

@netflixes Errar es humano, menos mal que soy un bot. #PaquitaSalas #DeepNetflix #parati #drama #mail ♬ original sound – Netflix España

Y entonces aparece la música

Esta construcción de personajes nunca aparece sola. Va acompañada de una sensibilidad muy ligada a la cultura pop y, especialmente, a la música. En las producciones de Los Javis, las canciones y los artistas no funcionan simplemente como acompañamiento. Muchas veces forman parte de la identidad de los personajes y terminan convirtiéndose en una pieza más de la historia.

En La Mesías, por ejemplo, la música es prácticamente parte del ADN de Stella Maris, el grupo ficticio de pop cristiano que protagoniza buena parte de la historia. Amaia participa en ese universo como una de sus integrantes y pone voz a canciones como «El árbol». 

 

 

Algo parecido había ocurrido años antes con Paquita Salas. Su sintonía, «¡Ay, Paquita!», cuenta con la voz de una Rosalía que todavía estaba dando sus primeros pasos y que, vista desde hoy, convierte aquella colaboración en una pequeña cápsula de la cultura pop española de aquel momento. 

Son referencias que ya existían fuera de la pantalla y que, al entrar en el universo de Los Javis, adquieren una nueva identidad.

Tres pasitos para adelante y uno para atrás: el universo Javis comenzó con La Llamada

Quizá no debería sorprendernos que la música sea uno de los puntos neurálgicos del universo Javis. 

Su historia comenzó en el teatro con La llamada, en 2013, antes de que sus nombres se convirtieran en una de las firmas más reconocibles del audiovisual español. La historia de María y Susana mezclaba reguetón, humor, religión, amistad y surrealismo para hablar, en el fondo, de algo mucho más universal: la libertad de descubrir quién eres y qué quieres hacer con tu vida. 

Cuatro años después, La llamada llegó al cine y la música volvió a ocupar un lugar esencial. Leiva puso voz a la película con una canción original que compartía título con la historia y que terminaría ganando el Goya a Mejor Canción Original. Pero más allá de premios y colaboraciones, La llamada ya contenía muchas de las cosas que acabarían defining el universo de Los Javis. 

Personajes que buscan su lugar. Creencias que entran en conflicto con deseos personales. La necesidad de encontrar una identidad propia. Después llegaría Veneno, donde volverían a cruzar música y memoria para contar una historia profundamente vinculada a la identidad y a la forma en la que una persona puede intentar construirse a sí misma frente a los demás.

Pero a ver , entonces, ¿existe tal fórmula? Quizás no.

Pero lo que sí se mantiene intacta es la mirada: la capacidad de acercarse a temas incómodos sin convertirse necesariamente en discursos solemnes, de encontrar humor en la vulnerabilidad y de utilizar la cultura pop para hablar de emociones profundamente humanas.

La soledad, los fracasos que con el tiempo pueden convertirse en risas, ese límite tan delicado entre la fe y el deseo, o esa necesidad profundamente humana de sentirse querido de una manera libre: de reconocerse en lo que siente y poder identificarse con ello sin miedo.

Temas que no necesitan ser extraordinarios para convertirse en grandes historias. Solo necesitan encontrar la voz adecuada para ser contados.

Y quizá por eso sus personajes terminan quedándose con nosotros.

Porque entre una sonrisa, un drama, una canción y algún que otro momento absolutamente surrealista, Los Javis consiguen algo bastante más difícil que contar una buena historia: conseguir que, por un momento, nos reconozcamos en ella.

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