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La falla que no se mira, se habita (y no es como esperas)

Las Fallas nos obligan a detenernos, aunque todo a su alrededor invite lo contrario. Son días donde el fuego lo invade todo, el ruido de los petardos se superpone, la ciudad se llena de estímulos que ocurren a la vez. Y, sin embargo, en medio de ese exceso, persiste la idea de que todo esto está hecho para desaparecer.  Quizá por eso, esta propuesta plantea justo lo contrario: parar, escuchar, reconectar con el momento presente antes de que se desvanezca.

SOROLL y Silenci, la falla experimental desarrollada por Reyes Pe en colaboración con Sirope Lab, se construye a partir de dos piezas que dialogan desde el contraste.
Silenci, la falla grande, adopta la forma de una oreja habitable que pone el foco en la dificultad de escuchar en la adultez. SOROLL, la falla infantil, se presenta como un megáfono que amplifica la voz de la infancia y reivindica su derecho a hablar, a ocupar espacio y a ser escuchada.

El proyecto recupera una de las esencias de la tradición fallera, como puede ser el uso del textil como herramienta para construir relatos. Porque las Fallas no solo se miran, también señalan, incomodan y ponen en escena tensiones sociales desde un lenguaje popular, colectivo y profundamente urbano. En el caso de Reyes Pe, esa lógica se expande hacia un territorio más contemporáneo y casi escénico, donde el cuerpo y los sentidos se activan, y donde la experiencia deja de ser solo visual para convertirse en algo que también se habita, se siente y se procesa desde dentro.

Las manos detrás de esta falla

Por un lado tenemos a Reyes, química, artista y diseñadora textil, traslada la tradición fallera a un terreno más experimental, donde el proceso y la materia tienen tanto peso como la forma final. Con un enfoque que cruza lo político y lo sensorial, su trabajo aborda cuestiones como el feminismo, la ecología y la no norma, abriendo espacios donde transitar y existir desde otros lugares.

En esta ocasión la artista fallera decidió trabajar con Sirope LAB para poder desarrollar la parte textil de la obra. Alba y Luisa son diseñadoras que se dedican a crear biomateriales a partir de recursos biobasados y residuos locales. Su enfoque combina innovación y sostenibilidad, transformando desechos en materiales nuevos, promoviendo la economía circular y una relación más responsable con la materia.

Construir desde lo que queda

Para esta escultura fallera, Reyes y Sirope Lab desarrollaron un biomaterial experimental que introduce otra forma de pensar la materia dentro de la tradición. Más que reducir impacto, plantea una pregunta: desde qué se construye una falla.

Lejos de los recursos fósiles, estos materiales nacen de biomasa, plantas, microorganismos o residuos, y se transforman en superficies más ligeras, inestables y vivas. Materiales que no buscan imponerse, sino convivir.

Esa lógica se traslada también a la construcción donde Reyes eligió utilizar madera reutilizada, paja local, papel recogido en el entorno. Elementos que recuperan la dimensión comunitaria de la falla desde una mirada contemporánea.

Además, para hacer frente a la rigidez tradicional, un eje fundamental es que sea una falla blanda y sin barreras, invitando al acercamiento y a la interacción a través de superficies que se cosen y se adaptan. Una vez más, esto reafirma el objetivo de encarar la falla como una experiencia viva y no como un objeto de mera observación.

En un mundo que grita, SOROLL y Silenci nos invita a bajar el volumen para volver a sentir. Al final, lo que queda no es solo la ceniza, sino la huella de haber habitado un espacio que nos permitió, por un instante, dejar de ser espectadores para ser parte del relato. Una falla que no solo arde, sino que nos transforma antes de desaparecer.

Fotografías por Almudena Soullard, Ricardo Cases y David Zarzoso
Carpintería por Pablo Velasco, con equipo técnico de Vicente García y Patricia Álvarez Alonso

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