Aunque la espera fue larga, Kiss all the Time, Disco Ocasionally comenzó a gestarse mucho antes, incluso durante el frenesí del Love on Tour. Después de meses viviendo sobre el escenario, Harry Styles sintió la necesidad de redescubrir la música desde la vereda de enfrente: volver a ser un espectador, sin responsabilidades ni exigencias.
Fue esa búsqueda la que lo llevó a alejarse de los escenarios por más de dos años, un tiempo en que muchas cosas cambiaron. Se mudó a un pequeño pueblo en Italia, se volvió runner y adoptó un ritmo de vida mucho más tranquilo que le permitió recuperar lo cotidiano y el tiempo en familia. Sin embargo, ese retiro no fue solo introspección: también se dio la oportunidad de perderse en la vibrante vida nocturna de Berlín. Esta dualidad fue la que terminó de definir su nuevo sonido.
Entre el amor, la nostalgia y el deseo: recorriendo Kiss All the Time, Disco Occasionally de Harry Styles
Este proyecto es un álbum que funciona como una auténtica bisagra en su carrera. A lo largo de sus doce canciones, explora sonidos sintéticos y ritmos que invitan al cuerpo a moverse de forma casi caótica. Es música hecha para bailar solo en tu habitación, sin pensar demasiado, como si nadie estuviera mirando a modo catártico. Como él mismo canta en “Dance No More”, ≪there’s no difference in between the tears and the sweat ≫.
Aun así, el disco no renuncia a la emoción; hay espacio para baladas de una vulnerabilidad absoluta que exigen escucharse con los ojos cerrados (y una mano en el corazón).
Un disco que se encuentra en el limbo entre la solidez de la adultez y la necesidad de bailar
En la cuarta entrega del artista británico aparece un Harry que deja al descubierto sus inseguridades, dudas y reflexiones. En “American Girls” captura con bastante precisión ese momento extraño de la vida en el que empiezas a mirar a tu alrededor y descubres que muchos de tus amigos ya están tomando decisiones definitivas como casarse, asentarse, construir algo estable. Y entonces surge la pregunta incómoda: si también debería llegar tu turno, o si todavía quieres aferrarte un poco más a esa libertad que siempre ha definido tu forma de vivir.
Pero esa libertad, a veces, también pesa. Incluso puede sentirse vacía.
Ahí entra “The Waiting Game”, una canción donde Harry, como él mismo insinúa en sus versos, romantiza esos romances pequeños y efímeros que sabés que no van a ningún sitio. Son relaciones que existen más como un refugio momentáneo que como un proyecto real: alguien a quien abrazar cuando necesitás compañía, aun sabiendo que ninguno de los dos espera que dure demasiado. Porque, como también nos recuerda en “Ready, Steady, Go!”: «One time in the light. It’s two times as fun already.
One, two, three times you’re only playing with me ».
Ese mismo contraste entre la melancolía de una conexión perdida y ya caducada con la intensidad de lo nuevo y desconocido lo encontramos entre “Taste Back” y “Pop”, donde aparecen versos más pícaros y persuasivos que rompen con la nostalgia para darle paso al deseo.
Al final, el otro siempre termina siendo un espejo, reflejando lo que somos y también aquello que todavía nos cuesta ver
Ese sentimiento termina desembocando en “Coming Up Roses”, una balada donde los violines toman el control emocional de la canción. Aquí ya no se trata solo de imaginar la posibilidad de abrirse completamente a otra persona. La fantasía de compartir un momento de vulnerabilidad total deja de ser un pensamiento pasajero y empieza a transformarse en algo mucho más urgente: la necesidad real de encontrar una conexión auténtica, profunda e incondicional.
Por otro lado, el cantante también retrata cómo la búsqueda de uno mismo muchas veces nace, erróneamente, de lo que vemos en los demás. En los otros proyectamos el potencial que creemos tener, pero también la incertidumbre de nunca llegar a alcanzarlo (e ir hacía lo más profundo de nosotros, en muchas ocasiones nos aterra). Esto es un poco lo que Harry nos presenta en canciones como “Time 2 Weight Loss”, “Are you listening yet?”, y “Paint by Numbers”.
El nuevo estilo de Harry está marcado entre el clubbing berlinense y la tranquilidad italiana
Para esta nueva entrega, Harry nos presenta un estilo mucho más sobrio, pero siempre con detalles llamativos. En este cambio se ve perfectamente reflejada esa vida más cotidiana y simple, como bien invita la dolce vita italiana. Es el contraste entre el clubbing berlinense y una vida más conectada con la naturaleza, la huerta y lo esencial.
Esos dos mundos pueden coexistir y quizás es la forma del cantante de homenajear ese equilibrio que tanto estaba buscando. Es el poder disfrutar junto a su audiencia con esa invitación que dejó bien clara desde el single “Aperture” y el lema “We belong together”. En su consciente, él sabía que sus fans lo iban a esperar; como dice el verso de “Carla’s Song”: ≪It’s all waiting there for you≫. Tanto ellos como la pista de baile seguían allí.
Este álbum es, en definitiva, el sonido de alguien que ya no necesita demostrar nada, sino simplemente ser. Finalmente, creemos que Harry Styles demostró una vez más ser un artista tan fiel a sí mismo que, aunque su arte se vuelque hacia un pop más alternativo (con ese espiritú rockero que se hace notar de vez en cuando) , su mensaje permanece intacto: la búsqueda de la individualidad y de nuestro lugar en el mundo debe nacer desde el amor. Ya sea hacia nosotros mismos o hacia los demás, se trata de tener compasión y el coraje necesario para seguir adelante.
Si te has quedado con ganas de más calle, el viaje sigue aquí. Porque el ritual no solo se lee, también se viste. Pásate por nuestro análisis de ‘How High’ (Buen Rollito) y descubre los 5 códigos estilísticos de Method Man y Redman que, a día de hoy, siguen siendo pura tendencia streetwear.



