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Dellafuente, el descanso del guerrero: “de alguna forma, esto es una despedida. No es solo el show, sino una etapa de mi vida”

Fuente: Instagram (@angeliyojr

 

Fuente: Instagram (@angeliyojr)

«La vida me puso en la mano un dónde y cuándo / pero nunca me quiso decir el porqué / tampoco quiso decirme de tiempo, cuánto / si era pa’ to’ la vida, pa’ un año o cien», comenzaba cantando Dellafuente con Taifa Yallah en ‘El Barco’, allá por el 2020. El artista granadino no era consciente aún de lo que le aguardaba su destino -¿o sí?-, ya que como el mismo aseguró, nunca ha sido buscado nada de lo que le ha ido ocurriendo en su carrera musical. Ahora ya todos sabemos que la culminación ha sido con el doble concierto histórico que dio en el Estadio Riyadh Air Metropolitano, el campo del atleti, con sold out desde hacía muchos meses antes.

Con una estrella nazarí de ocho puntas en el centro del campo y una fuente de agua en el interior de esta, el estadio se transformó en un pedacito de Granada, algo que Dellafuente lleva por bandera allá por donde pisa, para celebrar los diez años que le han hecho ser un referente del género urbano sin pertenecer a ninguna gran discográfica. Con su propio sello Maas ha ido escalando la “montaña del éxito” como artista independiente; esa montaña a la que hace referencia en el título de su último álbum Torii Yama -literalmente ‘Puerta a la Montaña’, simbología de la dualidad entre protección y aislamiento-.

Pablo Enoc Bayo –su nombre real- convirtió Madrid en el epicentro del punto de inflexión de su carrera. Un ejercito de fieles, venidos de todas partes del país, no quisieron perderse la que puede ser la última vez que vean a uno de los ídolos de su actual generación, dicho sea de paso, fans que atraviesan la barrera generacional en cuanto a edades y diferentes estilos de música. Para ello, presentaron galas uniformados con bufandas, banderas, camisetas y equipaciones de Dellafuente F.C. (DLFC), la marca que creó para unir a toda su afición.

Una vez sobre el escenario, “me han intentado destruir de diferentes formas y diferentes momentos pero gracias a ustedes estamos en pie”, empezó el recorrido de más de 30 clásicos de su discografía comenzando con Bailora y terminando con Consentía, y acompañándole en sus respectivas canciones Rels B, Morad, Pepe y Vizio, Rvfv, Judeline, Lia Kali y Taifa Yallah.

Más de 130000 personas coreando cada una de las letras del artista granadino hacían que el estadio se convirtiera en un templo donde se rendía culto a la pasión, a la familia, al amor y a cada una de las historias que el chino ha plasmado en sus canciones.

La culminación de una década

“Gracias a todos los que estáis. Hace 10 años que estoy aquí y soy una persona totalmente diferente, lo que he hecho yo quiero que sirva de inspiración a otra gente y que sean lo que quieran. Que no se fijen en lo que dicen los demás”, era uno de los tantos mensajes que Dellafuente lanzaba al público entre canción y canción. El de Armilla, poco a poco, iba a avisando a todos los presentes que, de alguna manera, lo que estaban viviendo iba a ser único y asomaba una declaración de intenciones con respecto a su futuro como artista.

El último mensaje de todos hizo presagiar un futuro incierto con los próximos pasos del granadino, “de alguna forma, esto es una despedida. No es solo el show, sino una etapa de mi vida”. Estas palabras hicieron que entre el público se apreciaran caras de asombro, lágrimas o desilusión, pero también empatía y entendimiento ya que han sido diez largos años en los que el artista ha conseguido construir himnos que aglutinan a varias generaciones y trascienden más allá de lo que son simples canciones de géneros musicales determinados. Ha construido una familia en torno a sus seguidores y eso bien requiere un descanso, a nivel creativo, profesional y sobre todo personal.

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