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Conversamos con Borja Rueda sobre el estreno de Furia: Parte 2 y sus números musicales. Descubrimos los orígenes del coreógrafo y conocemos más a fondo a este creativo, que se ha convertido en todo un referente.
¿Quién es Borja Rueda? ¿Cómo te definirías como persona?
B. R.: “Borja Rueda es un chico con muchas ganas de hacer cosas que le apasionen en la vida. Hoy te diría eso seguro. Soy una persona con ganas de vivir experiencias que me encanten. Me considero bastante independiente, quiero mucho a los míos y me siento muy agradecido por la gente que he conocido y las experiencias que me ha tocado vivir. Estoy eternamente agradecido a quienes creyeron en mí y me dieron una oportunidad, también a aquellos que me dicen: “Estás loco, pero dale, que está guay”. Con el tiempo, siento que me he convertido en una persona muy agradecida y leal, y eso me gusta de mí. Soy un soñador de pura cepa, pero también realista: intento ir a por lo complicado. Me encantan los retos. Veo que puede ser difícil, pero lucho por ello y voy a por todas: ese podría ser yo”.
Hablando de sueños, ¿quiénes eran tus referentes cuando eras pequeño? ¿Cómo descubriste que la danza era tu pasión?
B. R. : “Mis referentes a nivel personal siempre han sido mi familia y, en concreto, mi hermano mayor. Soy un amante del pop y de su iconografía, del arte, del cine, de la pintura y de muchas otras disciplinas. Tengo mucha suerte porque mi hermano me enseñó todo esto.
En cuanto a mi pasión por la danza, yo pintaba y hacía dibujos, y me encantaban la música y los videoclips. En el colegio me ponía a reproducir esos bailes. Parte de mi familia se dedica al automovilismo: algunos de mis familiares son pilotos. Yo, por cierto, no tengo ni carné de conducir, aunque mi apellido es Rueda. A mi familia le viene perfecto; yo soy más de Uber.
Pero, volviendo a lo que te contaba, por aquella época triunfaban series musicales como Un paso adelante y concursos como Fama ¡a bailar!. Una amiga se apuntó a una academia de baile que le gustó mucho y me animó para darle una oportunidad. Me apunté a un curso de verano, asistí a la primera clase y, desde ese momento, tuve claro que quería dedicarme a esto. Salí de allí pensando: “¿Qué habría hecho yo?”. De repente, todo encajó.
Mi gran suerte fue también que mi madrina profesional en el baile fuera Miryam Benedited. Yo ya admiraba muchísimo su trabajo y ella es como mi mentora. Confió y apostó por mí desde el primer momento. A día de hoy seguimos trabajando juntos lo que es todo un honor.
A nivel internacional, siempre veía en MTV las galas de premios y los videoclips musicales. Me fascinaba el universo de las reinas del pop, como Christina Aguilera. Desde entonces, siempre imagino las coreografías dentro de un universo o un concepto, de este modo es como lo ideo todo. También me encantaba Rob Marshall. Todas esas referencias me inspiraron desde el primer día y todavía vuelvo a ellas”.
Has sido ayudante de coreografía en Operación Triunfo 2017 y coreógrafo en el Benidorm Fest, con Tony Grox y Lucy Calys, entre otros proyectos. ¿Cómo es trabajar en un programa como OT? ¿Y con artistas como Tony y Lucy?
B. R. : “Estuve en OT 2017 y formé parte del equipo coreográfico de aquella edición junto con Myriam Benedited y Vicky Gómez. Fue una barbaridad para mí, porque era superfan del programa desde pequeño. Me surgió la oportunidad y fue increíble.
También estaba trabajando en Tu cara me suena al mismo tiempo. Me propusieron compaginar los dos proyectos y mi vida fue una locura durante cinco meses, pero valió la pena: fue una experiencia impresionante. Después hicimos la gira y bailé con ellos en grandes conciertos, como el del Bernabéu. Todo un espectáculo. Haber formado parte de aquello y de hitos como “Lo malo” o “La bikina” fue muy fuerte. Gracias a estos programas he conocido a personas muy especiales para mí. Un auténtico aprendizaje. Aquel año fue “la mili de la creación”: aprendí muchísimo y resultó impresionante.
Estar en el Benidorm Fest ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. Es un equipo muy guay, liderado por Sergio Jaén, el director creativo, y el proceso funciona como un campamento. Nos llegan las canciones y, junto con el equipo, nos encerramos a soñar a lo grande.
En el caso de Tony Grox y Lucy Calys, tuve instinto de brujo: cuando los vi entrar en la sala después del primer ensayo pensé: “Van a ganar ellos”. Entre la inocencia de Lucía, la presencia de Tony, una canción que me pareció increíble y una puesta en escena sencilla, pero encantadora, todo tenía sentido. Resultó chulísimo y ellos fueron muy generosos.
Es maravilloso trabajar con gente que tiene tantas ganas de aprender y formarse, sobre todo hacerlo junto al mejor equipo creativo de Europa y con los bailarines que más destacan en España y también fuera. Para mí, todo esto es cumplir sueños. Aparte del talento artístico, me inspira muchísimo la actitud y la mentalidad de las personas: es una locura. Me encantaría que quienes disfrutan de este tipo de formatos pudieran vivir todo el proceso con nosotros, creo que les gustaría todavía más”.
¿Cómo se crea una coreografía? Todo lo que haces tiene mucha identidad y se nota que estás detrás. ¿Cómo lo haces?
B. R. : “¡Qué guay, muchas gracias! No sé muy bien cómo explicarlo. Es verdad que tengo un imaginario muy claro y que, para mí, la danza y quienes la representan son seres de otro mundo. En mis coreografías me identifica mucho esa sensación de poder.
No coreografío únicamente desde mi cuerpo. Bailo con él, pero visualizo mucho lo que creo que va a pasar. Es como si imaginara el escenario y el set; a partir de ahí, las cosas van rodadas. Y, obviamente, para mí la clave también está en tener empatía musical.
En el teatro, la coreografía cuenta una historia y ayuda a expresar algo que el texto no cuenta. En un universo más pop, como el de Ana Mena, o en televisión, tienes que transmitir un mensaje en tres minutos y crear un impacto, una emoción o una sensación. Soy muy imaginativo y coreografío desde ahí; después, esa imaginación se traslada al cuerpo.
Por ejemplo, este verano salió “Pa ti toa”, de Ana y Lola Indigo, y a mí me pilló con un lumbago terrible. Monté toda la coreografía del videoclip tumbado, de lado. Me grabé haciendo lo que imaginaba y después se lo trasladé a los bailarines y a Ana. Y fíjate: esa coreografía se ha hecho muy viral.
Trabajo como coreógrafo desde una especie de perspectiva de dron: me imagino lo que quiero y después lo llevo a la práctica con las herramientas corporales que uno tiene. La mente no tiene límites”.
Cuéntanos sobre The Pair Creatives, el proyecto que gestionas con Lena Zafra. ¡Qué pintaza!
B. R. : “Tenemos un amigo con el que hemos grabado muchos proyectos personales y que, en los créditos, ponía en broma “el par de pavos”. Lena es como mi hermana. The Pair Creatives nació cuando empezamos a hacer muchos vídeos visuales, en la época de El mal querer, de Rosalía, que a nosotros, andaluces, nos sirvió de inspiración.
De repente, lo que hacíamos por ocio se convirtió en un sello creativo. Ahora mismo sólo llevamos juntos el proyecto de Ana Mena, porque es muy difícil dedicarle toda la atención que requiere. El nivel de presión y exigencia es muy alto.
Cuando me ofrecieron el proyecto de Ana Mena, lo cogimos Lena y yo juntos. Funcionó y, desde entonces, no nos hemos separado. Somos muy diferentes creativamente, pero tenemos elementos que nos unen, y ahí está un poco la magia. Cuando nos juntamos, sale algo muy especial”.

Eres el coreógrafo y director creativo de Ana Mena. ¿Cómo se ha construido vuestra relación? ¿Cómo es tu día a día? Haznos un 24 hours con Borja Rueda.
B. R. : “¡Qué guay, me encanta! Ana y yo ya nos conocíamos de vista y habíamos coincidido alguna vez. Empezamos a trabajar juntos en unos 40 Music Awards, mucho antes de “Música ligera”. Creo que esa canción supuso un punto de inflexión en su carrera.
A día de hoy, Ana es una de mis mejores amigas. Los dos somos Piscis, malagueños y andaluces. En muchas cosas parecemos casi la misma persona. Cuando nos conocimos, ya compartíamos un imaginario similar. Ella lo materializa porque es una estrella del pop, y a mí me encanta ese universo. Nos gustan el mismo tipo de cine y de personajes, entre otras cosas.
Poco a poco, fuimos creando ese espectáculo y haciendo otros proyectos. En una edición de los 40 Music Awards trabajamos con “Las 12” y creamos algo con una estética inspirada en “Cenicienta”. Hicimos un medley de “Música ligera” y “Las 12”. Nos dijimos: “Vamos a marcarnos un Britney Spears, un Christina Aguilera”. ¿A quién le pasa algo importante a las doce? A Cenicienta. Pues vamos a hacer algo con eso.
La actuación dio mucho que hablar y tuvo muchísima repercusión. Ahí fue cuando nos hicimos inseparables, también junto con Lena. Cuando hablo de este proyecto, lo hago en nombre de los dos. Conectamos mucho y, cuando llega un proyecto o una nueva etapa artística, ambos estamos muy implicados.
Es un proyecto que requiere mucha atención y conlleva mucha presión, porque tiene un escaparate y una exposición enormes. Por ejemplo, el último espectáculo de la gira, que terminó en Zaragoza, tenía una estética de bomberos: era un sueño que teníamos. Vimos un concierto de Christina Aguilera de veinte años atrás y pensamos: “Qué guay sería hacer algo así, cute, pero industrial”.
Trabajamos muy mano a mano con Ana. Cuando surgió Furia, el proyecto lo abordamos por separado. Pero, al mencionarse mi nombre en una reunión, Ana y yo volvimos a conectar porque ella comentó que ya trabajaba conmigo. Fue increíble coincidir de nuevo en un proyecto que nos encantaba a ambos.
Ella es súper creativa y tiene millones de ideas. Es la dueña de su proyecto y nosotros la ayudamos a materializarlo a nivel creativo. Estar con Ana es uno de mis momentos favoritos del año. Es muy divertido.
¿Cómo sería un día conmigo? Siempre tengo algo en la cabeza: estoy pensando en la coreografía que tengo que hacer, en algún proyecto que me gustaría desarrollar o en nuevas ideas. Siempre tengo música de fondo. No veo la tele; sólo YouTube, actuaciones y videoclips. Me entretengo con entrevistas, making offs y reportajes de arquitectura. Hace poco vi un vídeo sobre la arquitectura que inspiró El viaje de Chihiro.
Siempre estoy pensando en cosas relacionadas con lo que hago. Me empapo de referencias y muchas ideas me vienen de ahí. A veces también voy a reuniones creativas o a algún ensayo. Mis días son siempre muy creativos, porque esa es mi manera de estar en el mundo”.
¿Cómo describirías la dirección creativa actual de Ana Mena?
B. R. : “La dirección creativa actual de Ana Mena es, obviamente, muy pop. Ella es pop en vena, y eso es lo que la diferencia. También es muy auténtica. Si conoces a Ana, sabes que es la de “Música ligera”, la de “Pa ti toa” y la de “Madrid City”. Es una persona camaleónica.
Es un tema del que hablamos mucho y al que siempre volvemos: ella combina distintas facetas. Es como una Hannah Montana. Puede que llegue una etapa en la que se decante por un solo camino, pero Ana Mena destaca precisamente por esa dualidad que lleva dentro. Puede ser la persona más intensa del mundo y, al mismo tiempo, la que más te haga reír y disfrutar. Ahora se encuentra en un universo más monocromático, pero ella sigue siendo muy auténtica”.
¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?
B. R. : “Lo que más me gusta de mi trabajo es el proceso. El resultado es lo que menos me importa. Para mí, lo emocionante es el primer ensayo: la primera vez que ves algo casi materializado, cuando empiezas a intuir lo que puede ser y piensas: “Lo hemos hecho”. También me encanta el ensayo general, cuando haces algo por primera vez y, al terminar, piensas: “Lo que tenemos es interesante”.

Por ejemplo, en Furia, cuando Félix me llamó para hablar de los elementos coreográficos y de los números musicales, nos entendimos muy bien desde el primer momento. Entonces me reuní con el equipo de Skeleton Dance. Me encerré con unos bailarines, monté el número, lo grabé, lo edité y se lo envié. Ya habíamos hablado del proyecto, pero también quería hacerles una propuesta concreta.
Cuando la recibieron, les pareció muy guay. Muchas de las ideas que surgieron están en Furia: Parte 2. Compartir el resultado con la gente es maravilloso, pero el proceso es inigualable para mí”.
Retomando lo que me contabas sobre el videoclip de “Pa ti toa”, ¿qué elementos esenciales debe tener un videoclip para ser icónico?
B. R. : “Para mí, la clave es que tenga sentido. Que lo veas y no sientas la necesidad de imaginar otra cosa, ya sea un videoclip coreográfico, narrativo, maximalista o minimalista. Cuando las cosas tienen sentido, cobran vida.
Tiene que haber un camino claro y mucho trabajo en equipo. Si las cosas no están conectadas, no trabajamos todos en la misma dirección y no vamos a por todas, no sale. Tienes que sentir que estás trabajando con los mejores; eso hace que las cosas hagan clic y que todas las piezas encajen.
Todas las ramas del arte requieren trabajo en equipo, pero el audiovisual, en concreto, necesita un equipazo”.
Te has encargado de la parte de movimiento y coreografía de Furia: Parte 2. ¿Cuál ha sido el principal reto de trabajar en una serie como esta? ¿Cómo fue el proceso y qué referencias tenías en mente? A mí me venía a la cabeza Emilia Pérez, aunque son propuestas diferentes.
B. R. : “Sí, son diferentes, aunque tiene un carácter teatral que puede recordar a Emilia Pérez. Para mí, el mayor reto fue introducirme adecuadamente en el universo de Félix, de Jau y de Furia. Cuando me reuní con ellos, me contaron todo el trabajo coreográfico que habría y me hablaron también del número de “La escopeta”.
Tenía claro que todo debía responder a un código propio. Furia me parece una serie única, con un universo muy particular. Por eso, la coreografía también tenía que ser única, aunque inevitablemente llevara mi identidad. Tenía que entrar en ese imaginario y esa iconografía: una estética limpia, pero estridente; furiosa, como la propia serie.
Los planos son un placer visual y los colores están muy definidos. El gran angular también le da un toque futurista e irreal. Hay algo que hace que te preguntes si la acción transcurre en otro país o en España. Ese era mi gran reto: conseguir que todo respondiera a un mismo código. Furia ya tiene su lenguaje visual e interpretativo; yo necesitaba darle también un lenguaje coreográfico. Fue un reto enorme, porque admiro mucho a Félix y a Jau.
“La escopeta” fue un número muy complicado y ambicioso. Creo que lo conseguimos. Una pausa activa que tiene lugar en la empresa de Núcleo fue la parte a la que más vueltas le di desde el punto de vista coreográfico.
Le envié a Félix muchas versiones y entendí lo que quería representar, pero fue el trabajo en el que más tuve que visualizarme dentro de la empresa y de ese universo. Tenía que sentirse como algo alejado de la rutina diaria. Lo monté en el hotel, cuando fuimos con Ana a los Goya. Fuimos escogiendo juntos lo que mejor encajaba y así llegamos al resultado final. Cuando vi a los actores en el set haciéndolo, todas las piezas terminaron de cuadrar.
Después Ana tiene muchas escenas en las que hay bastante trabajo de dirección del movimiento junto con Asier y con otros actores. Fue apasionante; cada acción que me contaban era más interesante que la anterior. Me parecía un reto, pero era precisamente lo que más me apetecía: crear una coreografía para ese universo. Fue increíble”.
Uno de los números más espectaculares, y de los que más me gustaron, fue «La escopeta». ¿Cómo se hizo? Ese día llovió y, según contaron Jau y Félix en el evento de Cosmopolitan, tuvisteis algunas dificultades para rodarlo.
B. R. : “Alrededor de este número se podría hacer un documental, porque hubo varios cambios en las fechas de rodaje. Preparé la escena con un ballet alternativo y trabajé con una doble que interpretaba al personaje de Ana durante el proceso creativo y los ensayos. Eso me permitió decidir qué le iba a enseñar a Ana.
Además, ensayaba con ella otras escenas que requerían trabajo coreográfico, en las que aparecía sola, sin bailarines. Ahí ya probábamos distintas cosas. Cuando trabajo en ficción, me resulta difícil coreografiar sin pensar desde qué lado se va a grabar o qué tipo de plano se va a utilizar.
Decidí echarle morro y proponerle a Félix un tipo de plano para una parte y otro para otra. Le encantó y fue impresionante. Después rodé con ellos y seleccioné a los bailarines. Era un cuerpo de baile peculiar, integrado por personas de distintas edades que también debían encajar en la escena. Todos eran unos bailarines increíbles, la verdad.
Ensayamos mucho y yo tenía referencias muy claras para la escena, así que había que trasladarlas a la coreografía. Félix también me ponía ejemplos. La situación tenía una urgencia muy concreta: hay una mujer con una escopeta y yo llego a una fiesta del trabajo. Eso, junto con la letra de la canción, sirve de guion.
Tuve que estructurar mucho la coreografía para que se desarrollara de forma progresiva. Ese fue mi esquema. Todo son extensiones de la furia de esta chica y del asombro de quienes la rodean; a partir de ahí fui ordenando las ideas. Una de las primeras imágenes que visualicé fue la fila. También tenía muy clara la escena del “volcán”, en la que Ana aparece con la escopeta y los bailarines se arrastran por el suelo, hasta llegar a ese plano final espectacular.
Tenía imágenes muy claras de lo que podía suceder. Había una especie de atracción magnética entre Ana y los asistentes a la fiesta: la respetan, pero no saben si deben marcharse. Se preguntan: “¿Me vas a pegar un tiro?”. Así que deciden seguirla un poco. De ahí surge la idea de que se sitúen a su alrededor y las formaciones”.
Además de los cambios de fecha, nos cayó el diluvio universal. Tuvimos que rodar una parte de la coreografía en interiores. Después, Félix me propuso grabar otra sección en un fondo monocromo. Un mes y medio más tarde rodamos la parte en la que Ana aparece sobre un fondo naranja con seis bailarines. Tiene una estética muy editorial, como si fuera el interior de la casa.
Así nos asegurábamos de tener todo el material posible, aunque no supiéramos si luego lo utilizarían. Al final quedó muy guay: todas las dificultades se convirtieron en virtudes y el número ha quedado muy redondo”.


¿Cómo ha sido trabajar con Jau y Félix, los directores de la serie? ¿Cómo ayudaste a Ana con la coreografía y la dirección del movimiento para que se sintiera más cómoda en su personaje? Contaban Jau y Felix que al principio tuvo un poco de inseguridad al ver que su personaje era totalmente diferente a ella.
B. R. : “Félix y Jau tienen muy claro lo qué quieren hacer y cómo lo van a hacer. Son unos directores impresionantes y así es muy fácil tenerlo claro tú y lo que se supone que tienes que conseguir. Para ellos está muy claro y te lo ponen fácil. Les encanta lo que hacen y su profesionalidad es increíble. Yo me quedaba para ver los rodajes y alucinaba con ellos. Era apasionante. Me trasladaron todo muy bien y desde un primer momento supe lo que buscaban de la coreografía en la serie, con lo que estaba muy tranquilo. Pensaba que si me perdía siempre me iban a ayudar. Pero nos entendimos desde el inicio y salió todo rodado. La verdad que fue un gusto trabajar con ellos”.
“En el caso de Ana, para ella supuso tirarse al vacío. Ha sido una apuesta enorme, casi da vértigo. Yo lo único que hice fue decirles que conozco a muy pocas personas con más intuición que Ana Mena. Entonces, si le sobreviene la más mínima inseguridad sabes que lo va a sacar para adelante. La vida no es una alfombra de terciopelo, tienes que meterte ahí dentro. Yo le preguntaba mucho, leyendo el guion, sobre lo que quería conseguir, lo que ella quería mostrar, entonces mediante todas esas conversaciones conseguimos ese movimiento tan característico que tiene su personaje. Es un trabajo muy interpretativo, pero es interesante ver lo que ella espera y aquellas facetas del personaje que puede que no lleguen a salir. Fue trabajar mano a mano con ella, de nuevo”.
Para ir finalizando, a nivel de baile, ¿cuál sería tu mayor sueño?
B. R. : “Esa me parece la pregunta más complicada de todas. Si tengo que decir algo a lo loco, hay un proyecto que me parece fascinante: la Super Bowl. Me encantaría formar parte de ese espectáculo e incluso estar allí para ver cómo lo hacen. Es uno de los grandes espectáculos del año: son minutos perfectamente construidos, con algunos de los mejores equipos del mundo.
Nunca he sido una persona con un goal concreto, salvo en el caso de Furia, que fue un poco una petición al universo. Diría que mi sueño es estar rodeado de retos, de gente creativa y de personas que me motivan e impulsan para dar lo mejor de mí mismo. Quiero seguir enamorado de mi profesión cada día.
Ese es mi sueño, no importa donde esté. Quiero seguir así siempre, porque lo que me hace soñar y darlo todo es la gente, todo ese talento que me rodea. Los proyectos donde encuentras personas con ganas me mantienen motivado. Y, por supuesto, la Super Bowl: puede parecer una locura, pero, oye, lo pedimos y quién sabe”.
Por último, cuéntanos qué proyectos de danza tienes ahora entre manos.
B. R. : “La verdad es que puedo contar poco. Ahora mismo estoy involucrado en muchos proyectos, pero no puedo desvelar demasiado. Lo que sí puedo decir es que ya estamos inmersos en el proceso creativo de la próxima edición del Benidorm Fest, con el mismo equipo del año pasado. Llevamos unas dos semanas trabajando y estamos muy ilusionados y motivados.
No puedo contarte más, pero se avecinan cosas muy chulas. También estoy en las primeras fases de otros proyectos creativos, algunos con coreografía y otros sin ella. Me apasionan, aunque todavía no puedo revelarlos. Tengo muchas ganas de compartirlos con todo el mundo. Creo que, cuando vayan saliendo, gustarán mucho. Me siento muy afortunado de poder formar parte de ellos”.
