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MONEGROS DESERT FESTIVAL 2024: ASÍ FUE Y POR QUÉ YA QUEREMOS VOLVER

Sea por la entrada general o la VIP, solo hacen falta unos pocos segundos en el recinto del Monegros Desert Festival para comprobar que, aquello que nos recuerda Rosa Santos, la PR del festival, es cierto: “cuando dijimos que era radical y extremo era por algo”. Lo es, definitivamente lo es. De Monegros se han dicho muchas cosas, pero este año hay otras tantas que se pueden contar, y bastantes que ya podemos olvidar.

MONEGROS DESERT FESTIVAL 2024: ASÍ FUE Y POR QUÉ YA QUEREMOS VOLVER

Nada menos que 12 impresionantes escenarios plenos de más de 150 artistas se dan cita en su 31ª edición. Y un buen rollo que sorprende y derriba cualquier miedo que se pueda tener antes de llegar. Porque si dicen que el miedo es algo impuesto, aquí, definitivamente, la norma se cumple. Está impuesto por la mayoría de comentarios que hemos escuchado, y que a menudo proceden de personas que no han asistido o no son demasiado fans de su estilo de música. Pero no hay que tenerlo (siempre que haya cabeciña, siempre) : Hay puestos de reposición de agua (en mitad del festival, y muchos más de los que se cuentan), food trucks donde llenar el estómago, más personal del que cualquiera pueda imaginar, y una zona de pinos de 2.500 m2 de sombra natural para descansar donde se ubica otro escenario… y donde no hay barra de bar, para que fluya el flujo de gente.

Llegamos allí por la tarde, y ya somos bastantes. En la sombra apenas hay hueco, pero el sol no parece un impedimento. No lo es, menos aún para el escenario de El Row, donde pincha Marc Maya, justo después de que uno de los mejores amigos del festival, Andrés Campo inaugurara su horario de apertura con Manipulated. Tampoco lo es en el Black World, por donde ya cuesta caminar a pesar del calor. “Esto siempre es así”, nos dicen sobre este espacio. Cierto,cada vez que tratamos de pasar por ahí formamos un tetris.

Saltos, puños arriba, los two-steps, los stomping, movimientos circulares con las manos. Todos los pasos aquí se dan cita, incluso los de reggae, que vienen de la mano de Greenlight Corner, el place to be cuando buscamos relajarnos y bajar revoluciones. En Sound System Temple, K1za, nada más comenzar, se deja la voz saltando sobre el escenario y logra que no haya ni un solo metro de sombra con sitio.

El festival va llenándose poco a poco. No hace tanto calor como en otras ediciones, tampoco ha llovido y no hay barro. Puede que tengamos suerte, puede que la gente exagere demasiado cuando resaltan los aspectos negativos (que tiene más que ver con la actitud personal de cada uno que con la organización) que los positivos del festival.

En nuestra agenda hay más de 20 sesiones apuntadas a las que queremos asistir (sí o sí, pero otras muchas que nos gustaría descubrir) durante las 22 horas que dura. Es difícil escoger, pero después de unas cervezas en el VIP – recomendación absoluta para todos los que sientan que pueden llegar a agobiarse con las multitudes –, comenzamos con Ben Klock, que a las 19 horas de la tarde ya logra el llenazo absoluto en el escenario de techno Cathedral. Todavía hay sol, el ambiente está tranquilo y el alemán, que ya ha estado en otras ediciones de Monegros Desert Festival, sabe perfectamente cómo hacer que el ánimo no decaiga. Alternamos viendo a Yasmine en El Corral, probablemente el escenario más fresquito de todos.

El tiempo pasa volando, y por recomendación, nos movemos al Industry City a las 20:30 horas. El atardecer se divisa tras las nubes, debe ser precioso cuando no están. En el Industry City hay algún pogo, sigue el buen rollo, conocemos gente, formamos grupo. Cambiamos a Natos y Waor, que, justo cuando llegamos y Fernando y Gonzalo llevan ya un buen rato siendo de los pocos que hacen cantar al público del festival, nos deleitan con ‘Sudores Fríos’. Al mismo tiempo, en otro lugar, está Indira Paganotto y antes de descansar un rato en La Pinada paramos a verla. Una pasada. Ella y la apuesta que Monegros Desert Festival hace también por las mujeres DJ’s, logrando incorporar un amplio listado de nombres de prestigio a un cartel que coincide con otra de las fechas grandes del techno y la electrónica mundial: El Tomorrowland.

Ya con la noche instalada y las sudaderas puestas damos la bienvenida al comienzo de los platos fuertes del Monegros Desert Festival: Astrix, Paco Osuna y Vitalic. Nos falla Adam Beyer, que aunque ha dicho que ha hecho todo lo posible por trasladarse al desierto, el destino no le ha traído. No hay problema, empieza a amanecer y el primer chute de energía de la mañana llega de la mano de los primeros que se pueden leer en el cartel: 999999999. Y después, nada menos que lo que muchos estábamos esperando. Hablamos de la primera vez de Charlotte de Witte en este festival, un espectáculo a la altura de todo lo que ella hace siempre. A partir de aquí el broche final para valientes: Andrés Campo vuelve por tercera vez al festival, sube a Kase O al escenario, hace mover a la masa de los que saben que merece la pena quedarse y esperar a que se erice la piel con el cierre de Capriati.

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