Pasan los meses y hay resacas emocionales de las que uno no quiere curarse. Hablar de Sonorama Ribera es hablar de una historia que se repite cada agosto, pero lo que se vivió en la edición de 2025 fue de esas cosas que se quedan contigo mucho tiempo. Entre bodegas, pistolas de agua y calles llenas de gente cantando, hubo momentos que explican por qué este festival tiene algo diferente. Elegir solo tres es casi una injusticia, pero si toca quedarse con algunos, estos son imposibles de olvidar. El primero llegó, cómo no, en la plaza del Trigo. Bastó un rumor, unas miradas hacia arriba y, de repente, allí estaba Siloé, apareciendo por sorpresa en uno de los balcones. En cuestión de segundos la plaza explotó y vivimos uno de esos momentos improvisados que te erizan la piel y te recuerdan por qué amamos la música en directo.
Pero la épica no se quedó solo en las plazas. Lo de Arde Bogotá en el escenario principal fue un acto de amor y generosidad absoluta con Aranda. En lugar de cumplir con el típico setlist milimetrado de formato festival, la banda de Cartagena decidió regalar un concierto completo, crudo y conceptual. Una hora y media en la que demostraron que las normas están para romperse si el público se entrega como lo hace el sonorámico.
Y luego llegó Barry B. Actuar en casa siempre tiene un significado especial, pero lo suyo fue mucho más que un concierto ante los suyos. El arandino convirtió su actuación en una celebración compartida. Hubo fuerza y esa personalidad que caracteriza su propuesta, pero también un momento especialmente emotivo cuando subió al escenario junto a su prima. Porque tocar en tu ciudad es bonito, pero hacerlo de esa manera es algo que pocos artistas consiguen.
Pero lo de 2025 no se quedó solo en esos tres momentos. Aranda volvió a convertirse durante unos días en ese lugar del que nadie quiere irse. Este año la organización redujo ligeramente el número de abonos para que el festival fuera más cómodo. Se notó, sobre todo, en escenarios como la Plaza del Trigo, donde se pudo disfrutar de los conciertos con algo más de espacio sin perder ese ambiente único que la caracteriza. Más allá de la sorpresa de Siloé, también aparecieron por allí Despistaos o Alcalá Norte. Estos últimos irrumpieron el sábado al mediodía para interpretar La vida cañón ante una plaza completamente entregada.
Y por la noche, el recinto principal dejó varios momentos difíciles de olvidar. Uno de los más emotivos llegó con Rulo y La Contrabanda. Durante Heridas del rock & roll, el cantante quiso dedicar la canción a su hijo Andy, fallecido recientemente. Con el puño en alto y un silencio absoluto entre el público, el concierto se detuvo por unos minutos para dejar paso a uno de esos instantes que trascienden la música. Viva Suecia volvió a demostrar la conexión tan especial que mantiene con Sonorama. La banda murciana repasó algunos de sus himnos más celebrados y, además, sorprendió invitando a Fito, de Siloé, para interpretar juntos Sangre.
Y si había un concierto especialmente esperado, ese era el de Franz Ferdinand. Los escoceses hicieron disfrutar a varias generaciones de asistentes con clásicos como Take Me Out, mientras Alex Kapranos conectaba constantemente con el público, incluso animándose a dirigirse a él en español. Zahara volvió a demostrar que un escenario también puede servir para lanzar mensajes importantes. Su espectáculo combinó momentos de electrónica con otros mucho más íntimos, mientras aprovechaba las pantallas para denunciar la escasa presencia de mujeres entre los cabezas de cartel de muchos festivales. En esa misma línea, Fermín Muguruza celebró sus cuatro décadas de trayectoria con un concierto cargado de energía, memoria y compromiso. Amaia, volvió a conquistar al público con esa cercanía tan suya. Incluso cambió sobre la marcha el repertorio para incluir Nuevo verano después de ver que muchos asistentes se lo pedían desde las primeras filas.
Y entonces llega el momento que nadie quiere que llegue. Se apagan los escenarios, toca recoger la tienda o hacer la mochila y volver a casa. Es ahí cuando entiendes que Sonorama nunca ha sido solo un cartel de artistas. Ahora solo queda empezar otra vez la cuenta atrás para el próximo agosto.
