Hoy en Kluid hablamos con el artista vasco Juan de la Rica, no solo para entender un poco más sobre su arte, sino también para entender su visión sobre la autenticidad y el poder de ser uno mismo en un mundo que no para de gritar unicidad y exclusividad.
Algo que caracteriza sus obras es que cada una vale por sí misma, aunque, a la vez, forma parte de un sistema gigante como puede ser la trayectoria del propio artista. Y entonces nos preguntamos… ¿será que también el ser humano es una pieza indispensable dentro de un engranaje que no podemos ver, pero que, gracias a nuestra simple existencia y a nuestra mirada, puede seguir funcionando?
Una conversación sobre arte, autenticidad y la necesidad de encontrar nuestro propio lugar dentro de algo mucho más grande.
Juan de la Rica: «Un artista auténtico es el que, para empezar, acepta que no va a inventar nada nuevo. Si ni siquiera Picasso inventó nada desde cero, ¿qué voy a inventar yo?»
¿Qué nos hace ser uno entre todos?
Guau, pregunta intensa para empezar…
Yo creo que, si somos sinceros con nosotros mismos, nos aceptamos con nuestras virtudes y defectos, y asumimos con naturalidad nuestros cambios y evoluciones, acabamos siendo «uno».
Al final, yo creo que se trata de entender que nadie puede hacer mejor que tú lo que quieres hacer.
¿Qué te interesa de que cada cuadro pueda existir por sí mismo, sin necesidad de formar parte de una serie o de un proyecto mayor?
Mi manera de pensar es bastante anárquica. Si me impongo un guión o un discurso cerrado, no suelo funcionar bien. Necesito libertad. No puedo concebir cada cuadro como parte de una serie cerrada, con premisas o conceptos a priori.
Al final, de manera natural, cada cuadro acaba relacionándose con el resto. Después de todo, soy yo quien los pinta y, sea como sea, todo tiene que tener algún sentido.
En alguna ocasión has comentado que tu verdadero proyecto es tu carrera en conjunto. ¿Qué hace que una obra destaque por sí sola cuando forma parte de un universo tan amplio? ¿Hasta qué punto refleja eso la forma en que habitamos hoy una comunidad global sin perder nuestra individualidad?
Cuando hablo de mi carrera como un proyecto continuo, me refiero a que no trabajo por series, aunque con el paso del tiempo se observan temas e intereses recurrentes.
Concibo cada cuadro de manera individual y el proceso, hasta que una idea se convierte en una pintura, suele ser largo. Dibujos, bocetos, etc. Muchas ideas se quedan por el camino, así que lo que finalmente llega a convertirse en un cuadro ya ha pasado bastantes filtros.
A partir de ahí creo que no me corresponde a mí decir qué hace que una obra destaque sobre el resto… Existen infinitas variables y no creo que exista una fórmula.
Lo que sí puedo decir es que planteo cada obra con la intención de que se sostenga por sí misma. Luego, el resultado tendrá más o menos éxito, tanto para mí como para el resto de espectadores, ahí ya no entro.
Siempre existe esa tensión entre la necesidad de pertenecer y la de destacar por uno mismo. ¿Qué significa para ti la autenticidad?
En mi opinión, un artista auténtico es el que, para empezar, acepta que no va a inventar nada nuevo. Si ni siquiera Picasso inventó nada desde cero, ¿qué voy a inventar yo?
Nadie escapa a la historia del arte, por muy innovadores que pretendamos ser.
Creo que cuando un artista acepta eso, puede empezar a aportar algo propio: su visión, su manera de entender el arte, sin pretensiones ni artificios.
Has investigado y trabajado alrededor de temas muy diferentes, sin quedarte necesariamente con uno en concreto. ¿Hay algún tema, idea o territorio que todavía tengas ganas de explorar a través de tu obra?
En mi caso surge espontáneamente. De repente me da por algo. Una cosa lleva a otra y así todo el rato.
Ahora, por ejemplo, estoy trabajando bastante la figura femenina y la naturaleza muerta. Antes me interesaban más el paisaje y las escenas más o menos narrativas o surrealistas.
En general, lo que realmente me interesa explorar es la pintura en sí. La composición, el dibujo, el color… El tema es la excusa. De hecho, creo que la exploración más pura se hace en la pintura no figurativa, pero yo necesito este anclaje con la representación. Al menos de momento…
Lo interesante es estar abierto e ir abriéndote tu propio camino a través de esa selva infinita de posibilidades.
Hay algo en tu obra que recuerda a Botero o Picasso. ¿Te reconoces en esas referencias? ¿Cómo fue el camino hasta encontrar tu lenguaje artístico?
Sí, por supuesto. No creo que haya ningún pintor contemporáneo que pueda negar la influencia de Picasso y Matisse. Más o menos conscientemente, de una manera u otra, están siempre presentes.
En cuanto a Botero, yo siempre había renegado de él, pero empezaron a relacionarme con su obra y eso me llevó a considerarlo de otra manera. Dejé de ver el cliché, la etiqueta del «pintor de mujeres con curvas» y empecé a prestarle más atención. Además, leyendo entrevistas suyas, empecé a verme bastante reflejado en su manera de entender la composición y los volúmenes.
En cualquier caso, creo que el camino para encontrar un lenguaje propio nunca acaba; se sigue recorriendo toda la vida. Hasta ahora ha sido largo y errático. Al final son más de veinte años, y eso da para dar muchos bandazos…
El trabajo y el tiempo van depurando todo, hasta que empiezas a verte reflejado en lo que haces. Empiezas a reconocerte en tu pintura.Pero es un camino que no tiene fin.
Por ejemplo, yo no soy muy consciente de haber experimentado cambios bruscos en mi manera de pintar o de entender la pintura durante los últimos tres o cuatro años. Sin embargo, si comparo los cuadros, no tienen nada que ver. Igual ahora los cambios se producen a nivel de microevoluciones que no se aprecian a corto plazo, pero que, con algo de perspectiva, resultan muy evidentes.
¿Qué papel juega el error en tu proceso creativo?
Para mí, el error es la única manera de aprender. Y es frustrante porque yo no busco equivocarme a propósito. Mi proceso creativo es bastante planificado y trato de controlarlo todo antes de ponerme a pintar. Intento que todo esté bien pensado y dejar muy poco espacio para el azar.
Pero, inevitablemente, siempre hay cagadas…
Pintar es manejar infinitas variables y posibilidades al mismo tiempo, y equivocarse es muy fácil. Pero un error también es un hallazgo, información valiosa. Una señal en el camino que te dice por dónde no debes ir o cómo no debes enfrentarte a algo.
¿Alguna vez te has imaginado haciendo otra cosa que no sea arte? ¿Por qué?
La verdad es que no… Aunque todavía aparece de vez en cuando la duda de si realmente sirvo para esto, nunca he tenido un plan B.
Siempre me ha gustado dibujar y pintar, y me parece una locura que hoy pueda dedicarme a ello. Por otro lado, no sirvo para mandar ni para que me manden, así que probablemente este sea el trabajo perfecto para mí.
¿Qué te obsesiona ahora mismo, aunque no tenga nada que ver con el arte?
El reguetón.

¿Quién es Juan de la Rica hoy que quizá no era cuando empezó?
Igual ahora tengo más confianza y seguridad en mí mismo y en lo que hago. Antes creía que tenía que encontrar cuanto antes mi estilo. Ahora entiendo que el estilo no se encuentra de repente y para siempre, sino que va construyéndose durante toda la vida.
Antes pintaba con miedo. Me tenía que decir a mí mismo: ’es solo un cuadro, no te va a comer’. Hoy tengo infinitas dudas, pero no me paralizan. Y soy mucho más consciente de lo difícil que es pintar.
Barceló suele decir que la pintura es un ‘arte de viejos’. Aprender a pintar es algo muy lento.
¿Qué música suena mientras trabajas? Compártenos una playlist de Spotify que te represente.
Uff… Creo que en mi estudio se ha escuchado casi de todo. Va por rachas.
Lo que más se ha escuchado durante años ha sido pop y rock en inglés de los sesenta y setenta: Beatles, Beach Boys, Dylan, Paul Simon, The Kinks, Talking Heads, Nilsson, Pink Floyd…
También salsa, música brasileña y cantautores como Pablo Milanés, Silvio y Serrat. Y hubo una época larga en la que prácticamente solo escuchaba ópera.
Pero desde hace un par de años escucho casi exclusivamente reguetón. Acá link a la playlist 😉








