Hay artistas que utilizan el lienzo para representar el mundo y otros que lo convierten en una herramienta para comprenderlo. Inés Jimm pertenece a este segundo grupo. Su obra está marcada por la vulnerabilidad y la identidad y, tal y como explica ella, sería “una oda a la empatía”.
En esta entrevista, la artista nos habla de autenticidad, de los cambios que han marcado su trayectoria y de cómo el arte puede convertirse en un refugio desde el que acercarnos, con más compasión, tanto a los demás como a nosotros mismos.
A través de retratos cargados de emoción y una conversación profunda, Inés Jimm explora el miedo a mostrarnos tal y como somos, la necesidad de conectar con los demás y el valor de dejar atrás las expectativas para descubrir quiénes somos realmente.
Inés Jimm: “Estamos hambrientos de conexión real pero tan asustados que no la conseguimos porque somos incapaces de mostrar la verdadera cara de nuestra existencia”
Tu trabajo artístico tiene un sello muy personal, ¿dirías que has encontrado tu “voz” y tu estilo o sigues explorando y cambiando?
Inés Jimm: Quizás mi percepción cambie con el tiempo, pero, ahora mismo, mi forma de verlo es que el estilo no se busca y forzarlo es un error. Tratar de moldear tu visión única del mundo a algo que crees que va a proliferar más en el mercado del arte va en contra de poder llamarla ‘tuya’.
Es imposible pensar en el ‘estilo’ como algo único que surge de la nada, está claro que estamos influenciados por miles de imágenes y referentes, pero, el hecho de analíticamente seleccionar partes a propósito para construir un Frankenstein estilístico le quita la magia a tu propio prisma.
Creo que ahora mismo tengo una voz propia, cuya forma viene dada de muchos referentes como Freud o Sorolla, y también artistas contemporáneos que me inspiran, como también de mis propias vivencias que le dan también forma a qué es lo que quiero narrar en las obras. Sin embargo, estoy segura de que esta voz irá madurando y cambiando de registro, como la vida misma, ¡y eso es lo que más me gusta de mi trabajo! Tengo muchas ganas de sorprenderme y ver cómo los temas que toco y la forma de representarlos va virando de manera natural. Es muy emocionante y da mucho gusto analizar por qué esos cambios se van dando solos, como: “¿por qué las paletas son cada vez más oscuras? ¿qué significa eso?” Y más.
¿Crees que hoy es más difícil ser artista o ser auténtico?
I.J.: A nivel de profesión se puede ser artista sin ser auténtico, por lo que seguramente considere más difícil ser auténtico. En general nos sentamos muy poco a valorar si las decisiones que tomamos vienen desde el deber o la elección libre y hasta qué grado la elección libre es compatible con vivir en sociedad.
Es algo que a mí me hace reflexionar mucho porque es un debate constante entre la naturaleza del ser y el ser cívico, “¿dónde se encuentran los límites y hasta dónde nos deja la sociedad ser ‘auténticos’?” La batalla de la identidad es al menos ser capaz de saber por qué haces lo que haces y qué parte de esa decisión es propia. Conocernos lo suficiente es el primer paso para ser auténticos y estamos muy desconectados de nosotros mismos para saberlo.
“Sorprendernos a nosotros mismos es el sentido de la vida”
Hablas y muestras la vulnerabilidad como algo bello. ¿Consideras que vivimos en una sociedad que intenta ocultarla?
I.J.: Sin duda. Precisamente creo que la desconexión de nosotros mismos viene en parte porque si ignoramos cuáles son nuestras mayores vulnerabilidades se quedan encerradas en un cajón al que nadie puede acceder. Si nadie accede, no te hieren. Y si ni tú mismo conoces su existencia, no se lo mostrarás a nadie. Creo que es autoprotección, estamos hambrientos de conexión real pero tan asustados que no la conseguimos porque somos incapaces de mostrar la verdadera cara de nuestra existencia, nuestra vulnerabilidad.
Has conseguido reinventarte varias veces. ¿El éxito consiste de alguna manera en saber cambiar?
I.J.: Creo que dejarnos ser es el mayor regalo que nos podemos hacer a nosotros mismos. No me considero una persona kamikaze y no quiero invitar a la gente a hacer y deshacer sin un plan de contingencia, pero dentro de las posibilidades propias, sorprendernos a nosotros mismos es el sentido de la vida. Poder cambiar de profesión, conocer a gente muy diferente a ti, probar nuevas actividades y ver quién eres en nuevos sitios donde nadie te conoce por lo que no responder a expectativas ajenas es maravilloso.
El éxito es tan relativo… Pero al menos a mí me da paz mental saber que no estoy castigada a ser solo una cosa el resto de mi vida. Precisamente estar en contacto con el ‘origen’, lo que yo entiendo como el cuerpo dormido, que es la base, alineado con tu existencia es lo que te permite salirte del rol de definirte tanto en cosas más banales como una profesión, un signo zodiacal o un status. La jaula de la personalidad que solo nos deja repetir y repetir lo que nos contamos a nosotros mismos que somos no nos deja crecer, así que supongo que para mí eso es en parte éxito.
“En general nos sentamos muy poco a valorar si las decisiones que tomamos vienen desde el deber o la elección libre”
¿Qué has descubierto sobre ti pintando a otras personas?
I.J.: A abrazar y a mirar con compasión. Entender los blancos y los negros de las personas a la que quería me ha hecho poder juzgarme a mí misma y a la gente a la que desconozco de la misma manera. Oda a la empatía, creo que sería uno de los puntos claves de mi obra. Me gusta pensar que cuando alguien duerme no es ni bueno ni malo, y al verlo sientes ternura por cualquier cuerpo durmiente y eso es precioso, falta mucho mirar con esos ojos. A los dormidos, pero sobre todo a los despiertos, que comparten la misma naturaleza, solo que con miedo.
Y, para terminar, si dentro de veinte años alguien ve tu obra por primera vez, ¿qué te gustaría que entendiera de ti?
I.J.: Que quería ayudar. Inicialmente pintaba desde mi necesidad de curar la sensación de tener que ser perfecta para el resto y para llegar a los estándares de mi moral, esta infelicidad constante de no dejarme ser y no saber quién era por no considerar que el dejarme ser fuese a dar como resultado un ser humano merecedor de amor.
Ahora entiendo que es un sentimiento general, extendido y que esta misma jaula que nos constriñe a nosotros, es lo que hace sentir rechazo por el resto también, nos prohíbe vernos, alimentamos la incapacidad de poder ser y dejarnos ser vulnerables. Por lo que espero que quien vea la obra pueda ver que mi intención era acercarnos.
Creditos equipo:
Ella Inés Jimm
Dop Montaje Pablo de la Reina
Color Martin Stanev
Sound Design Jaby Jiménez
Entrevista Paloma Arwen







