¿Cuántas veces repites esa foto antes de darte cuenta de que la comida ya se estaba enfriando? ¿Y esa mirada que te taladraba la nuca mientras intentabas encontrar el ángulo perfecto para la tostada? Sí, esa.
El verdadero disfrute está detrás de los platos sucios y los cubiertos mal puestos.
Las redes sociales siempre han sido un escaparate de lo perfecto. Pero en el día a día también hay mucho de lo que no hablamos. Por ejemplo ese trámite interminable que te hace cuestionar la existencia de la burocracia, o ese domingo tirada en la cama viendo series sin ganas de hablar con nadie.
Lo que solemos mostrar es ese 1% que al final sí salió bien y refleja ese mundo ideal que tanto anhelamos habitar.
Pero… ¿y todo lo demás?
En los últimos años, la tendencia ganadora fue compartir fotos de platos casi impolutos, dignos de revista. Aunque después resultaran ser el plato más insulso del planeta y, en el fondo, en lo único que podías pensar era en la tortilla que te prepara tu abuela los fines de semana.
Podríamos decir que una de las grandes epidemias que afecta a varias generaciones es el miedo a perderse lo que parece un planazo. Lo que se muestra en una story de Instagram de 60 segundos puede parecer el día perfecto para unos, pero para otros, se siente tan forzado como una traducción automática de Google Traductor.
Por suerte, poquito a poco, esa tendencia está empezando a quedar atrás. Cada vez entendemos más que lo que vale la pena compartir es haber disfrutado de ese café en tu lugar favorito, Ver esa foto con una taza de café llena y otra vacía, con el fondito de azúcar y la cuchara aún manchada de espuma (y seguramente testigo de muchos dramas).
Pero entonces, explícame una cosa: ¿ahora lo que se lleva es ir de descuidados, rollo laissez faire, o estamos hablando de una especie de rebeldía contra todo ese postureo que veníamos viendo en redes? Porque una cosa es hacer ver que todo da igual, y otra muy distinta es empezar a mostrar lo que de verdad vivimos, sin filtros ni decorado. ¿Es solo una moda más o hay algo real detrás? ¿De dónde sale todo esto, en el fondo?
Una hipótesis podría ser el auge de la inteligencia artificial, que está metida en todos los rincones de nuestras vidas, acelerando todo y dejando cada vez menos espacio para la lentitud y los errores. Otra podría ser la avalancha de influencers, que nos bombardean una y otra vez con algo nuevo, vendiendo todo como si fuera lo más increíble que vas a ver. Y lo único que logran es seguir alimentando esa desconexión con nuestra propia realidad, haciéndonos desear algo que no tiene nada que ver con lo que realmente necesitamos.
Pero una cosa está clara: a medida que vamos viendo una realidad cada vez más inalcanzable ( y toda la frustración que puede generar en algunos) , la audiencia empieza a exigir mostrar algo más auténtico y real. Tener el lujo de mirar a través de esa pequeña pantalla en formato 9:16 y encontrarte con algo que de verdad inspire, donde se pueda notar la esencia de quien está detrás.
Esta nueva corriente, que invita y elige mostrar lo real y lo genuino, demuestra que lo que más ganas tenemos de ver es una mirada más sincera sobre lo cotidiano. Una búsqueda constante por retratar nuestro día a día y encontrar belleza en aquello que no está editado.
Quizás aún no haya un nombre oficial para etiquetar este nuevo fenomeno, y tampoco sepamos cuánto va a durar, porque la rapidez y lo efímero están siendo cada vez más comunes. Pero lo que sí sabemos es que ya tiene su primer portavoz en redes, como es el caso de The After Taste, donde sus creadoras comparten con su comunidad una visión más auténtica hacia lo cotidiano.
https://www.instagram.com/theaftertaste._/
De igual manera, más allá, de lo que queremos mostrar en redes y como, lo que más importa cuando te sentás en una mesa no es solamente lo que elegís comer, sino también con quien. Y como bien sabemos, todo en esta vida es cíclico: lo que hoy vemos como un acto de rebelión contra el perfeccionismo extremo, mañana puede ser lo más normal del mundo. Y así, una y otra vez.
Entonces, ¿qué debería hacer?
A veces, lo mejor es que te dé igual, aunque sin darte cuenta estés buscando validación todo el tiempo. Y sin pensarlo demasiado, quizás lo más honesto sea compartir esa foto con todos los platos apilados, esa copa donde mezclaste vino blanco y tinto, porque el verdadero disfrute está en esos momentos vividos de verdad. Y quién sabe, quizás con eso puedes sumar tu granito de realidad a un mundo que se mueve entre pantallas. ¿Será entonces que estamos empezando a valorar lo que antes escondíamos?




