Dark Mode Light Mode

“Seguir el trazo”: una obra para perderse (y encontrarse) fuera del ruido

«Seguir el trazo»: un refugio acogedor entre tanto ruido

 

Aprovechando que, en breve, tendrá lugar la feria de Libros Mutantes en La Casa Encendida, os quiero hablar sobre este libro que encontré por casualidad y que se ha convertido en una referencia para mí, algo diferente, un refugio entre tanto ruido.

Sí, últimamente estamos tan esclavizados con las redes sociales y otras interferencias posmodernas que supone un auténtico esfuerzo ponerse a leer un libro sin distracciones. Por lo que, cuando llegó a mis manos por primera vez la obra de Ariadna Chez, mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que había conseguido atraparme por completo. Tanto es así que, finalmente, me ha inducido a su relectura para poder exprimir todo su jugo.

Ariadna Chez es una artista de los pies a la cabeza. Os voy a contar algo más sobre ella. Ari nació en 1992 en Zamora, creció en el País Vasco y actualmente reside en Madrid. Se graduó en Arte por la UPV – EHU de Leioa, Bizkaia. Trabaja en contextos creativos múltiples y se mueve con plena soltura entre la escritura, la escultura y la pintura. Para ella, las palabras se mezclan y se funden con materiales diversos —resinas, maderas, metales, látex, arcillas poliméricas y refractarias— , entrelazándose, a su vez, con imágenes tanto estáticas como dinámicas. En su universo creativo la tradicional y obligada elección entre disciplinas carece de sentido. Así, cada idea, cada representación, encuentra su propio camino para existir y manifestarse.

“Seguir el trazo” fue imaginado en el período de pospandemia y fue adquiriendo forma en la residencia artística Manoir de la Moissie. No pretende ser un libro en el sentido literal del término, sino más bien una entidad participativa, un verdadero punto de encuentro para espíritus inquietos. Me habían hablado de esta obra y, la verdad, tenía muchísimas ganas de enfrentarme a sus páginas. Y eso que antes de comenzar, le dije a Chez que esa portada tan sugerente me recordaba mucho el eclecticismo de Jean Cocteau. Pero, ¡qué va!, para nada tiene que ver con imitaciones, se trata de algo realmente original, de un preciosismo que os va a volar la cabeza.

El proyecto – prefiero llamarle así para no ceñirme a una sola disciplina – es una puerta abierta a emociones y sensaciones tan intensas como la espera o el rechazo. En su interior conviven poesía, relato, ensayo, cartas, ilustración y fotografía. Y, aunque algunas opiniones – superficiales y precipitadas – piensen que la estructura es un poco laberíntica, a mi me parece que este corpus polifacético e intuitivo es la obra de una auténtica genia. Porque no es tan fácil conseguir un grado de sublimación tan intenso.

Desde que me adentré en sus páginas, me cautivó la introducción de conceptos japoneses como el <<zuihitsu>>, referido a una modalidad de ensayo oriental que avanza, sin una forma clara, auto definiéndose durante su trayectoria imparable. Me fascina esta columna vertebral de la obra y me parece tremendamente original. Asimismo, transmite de manera perfecta cómo la autora imagina Japón, su obsesión por este lugar y su posterior viaje.

También es clave el recorrido propuesto por los Mundos que transitamos durante este viaje, que nos conduce a leer, observar y sentir dentro de la mente de la autora. El Atómico (el recuerdo), El Flotante (lo onírico) y El Eterno (la fe), me parecen universos tremendamente emotivos. Es imposible no derramar una lagrimita en cada uno de ellos.

Las descripciones son detalladas, alucinantes, y te introducen de lleno en el relato. De repente, te sientes identificado/a , mimetizado/a con lo que ella está viviendo. El lector no podrá evitar cogerle cariño a su abuela Inés. Los poemas emanan una belleza absoluta y las fotografías son espectaculares. Es conmovedora la historia del dragón y cómo la relaciona con el padre. Los testimonios son desgarradores y nos conectan a niveles que ni siquiera habíamos sospechado.

La parte dedicada a Castilla y León destaca por su mirada geográfica particular, la gran calidad de sus fotografías y la espontaneidad de los dibujos de su infancia, sin restar importancia a todo lo que nos cuenta y el contenido de sus cartas. Me he visto especialmente reflejada, lo que se dice sentir la obra en tus propias carnes.

Sorprendente la asociación que hace de su nombre con el mito griego de Ariadna. Y, desde aquí, os animo a descubrir la figura de Lilith – que para mi ha sido un placer investigar y descubrir que da nombre a un festival de música creado por Sarah McLachlan, en
Norteamérica, entre 1997 y 1999, totalmente revolucionario en su momento porque sólo actuaban mujeres en el lineup (existe un documental de Disney +, que cuenta en detalle todo sobre su creación y desarrollo, ¡no os lo perdáis!).

Y, para terminar, una breve reseña de cada uno de los Mundos. En el Mundo Atómico son espectaculares tanto las anécdotas como las fotografías del pequeño bosque de la campiña francesa, un refugio que se siente a miles de km de distancia. En el Mundo Flotante, la curiosidad nos lleva a conocer la auténtica identidad de Yoko Ochida, descubrir el porqué de la obsesión de la autora, entender el sentido metafórico de la expresión japonesa <<kofun>> (antigua tumba, que tiene forma de ojo de cerradura y que es una pena que no conozcamos y por no ser masivos, no tienen un deseo de estar por encima de nada, ni de llamar la atención. Es curioso y, a la vez, fascinante) y el dilema final de “¿Cómo escucharnos con tanto ruido?”, junto a la reflexión de “a todo lo que hago le pongo una banda sonora…”. Finalmente, el Mundo Eterno, con el tema «Imago» de Oneotrix Point Never. Culmina la narración (proyecto), por todo lo alto, con el teaser de una pieza audiovisual mientras contemplamos un bello paisaje plagado de aventuras.

En resumen, ¡tenéis que leerlo/experimentarlo!. Volveréis a recuperar el amor por la lectura de emociones. Para mí ha supuesto un verdadero “refugio”, con una capacidad especial para paralizar este tiempo frenético que vivimos y poder disfrutar de todas y cada una de sus páginas. En estos días, donde el calor se ha adelantado en la primavera de Madrid, sentada en la terraza con una horchata fresquita, “Seguir el trazo” ha sido mi Plan Perfecto.

Previous Post
Belén Leroux

Belén Leroux: “Me eliminaron… y una semana después bailaba para Dua Lipa”

Next Post

El regreso más incómodo de la moda tiene nombre propio: Miranda Priestly

Advertisement