Belén Leroux es una de las mejores bailarinas del momento. Se ha convertido en una bailarina única, una verdadera estrella. De ascendencia española y filipina, nacida en Sídney, criada en Valencia y actualmente moviéndose entre Londres y Estados Unidos, Belén es considerada todo un icono para la escena de la danza española.
Muchos la descubrimos y nos enamoramos de su arte al participar en Fama ¡a bailar! en 2018, donde nos fascinó su movimiento tan personal y característico. A partir de ahí, ha recorrido el mundo bailando para artistas de la talla de Dua Lipa, Jungle, Kylie Minogue y recientemente Addison Rae y Florence and The Machine, entre otros grandes nombres.
Uno de los videoclips de nuestra artista fetiche que más ilusión me ha hecho es el de «Aquamarine” de Addison Rae, en cuya parte final baila con ese estilo increíble que le caracteriza, un videoclip muy comentado recientemente porque en Coachella la cantante estadounidense contó con Maddie Ziegler para formar parte de la performance durante el tema.
Pero más allá de los nombres, lo que define a Belén no es solo el talento, sino una forma muy concreta de entender el arte: como un espacio de honestidad, transformación y búsqueda constante. Hablamos con ella sobre éxito, industria, creatividad y todo lo que no se ve detrás de una carrera global en la danza.
Entrevista
Eres una artista de los pies a la cabeza. ¿Cómo descubriste tu pasión por la danza y cuándo decidiste que querías dedicarte a ello?
Belén Leroux: Siempre he disfrutado bailando. Sobre los 12 años empecé a entrenar en una escuela tipo conservatorio privado, y ahí empezó todo de forma más seria. Con 16, aunque ya era algo que me apasionaba, no es una carrera tradicional y en España tampoco hay tanta conciencia de las oportunidades.
Cuando entré en la escuela de Sergio Alcover en Valencia encontré una comunidad muy especial. Conocí a gente que compartía ese mismo sueño, y ahí nació la idea de que quizá podía ser mi realidad. A partir de ahí decidí probar suerte.
¿Cómo te definirías como artista y cuáles han sido tus referentes?
B.L.: Creciendo, mis referentes eran Beyoncé o Michael Jackson, iconos de la cultura pop. En danza, me cuesta quedarme con nombres porque me han influido muchas personas en distintos momentos, pero por ejemplo Dana Foglia ha sido una figura clave para mí. También mencionaría a Danielle Polanco que es un icono.
A nivel artístico, me cuesta definirme. Para mí el arte tiene que ver con la honestidad. Es un espacio donde puedes ser completamente sincera contigo misma, algo que no siempre es fácil en el mundo en el que vivimos. También lo veo como un lugar de transformación, tanto individual como colectiva.
¿Qué es para ti el éxito?
B.L.: La idea que tengo del éxito cambia continuamente. Hay que saber escucharse y aceptar lo que a lo mejor para ti en un momento quiera decir éxito y poder soltar lo que un momento era éxito, no quedarnos ahí estancados. Ahora mismo, por ejemplo, yo diría que para mí el éxito es tener equilibrio, permitirme disfrutar de mi trabajo al máximo y apoyarme para sentirme bien y sana. También el empujarme a crear y compartir mis creaciones. Ese sería un poco mi objetivo y en el que trabajo día a día para lograrlo”
Participaste en Fama, ¡a bailar! y poco después llegó la oportunidad de trabajar con Dua Lipa. ¿Qué aprendizaje te llevaste de esa etapa?
B.L.: Fama lo recuerdo sobre todo por las amistades y por la conexión con gente increíble. También fue una lección importante: a veces sentimos que estamos siendo juzgados o que algo no sale como esperábamos, pero eso no define tu valor ni tu talento.
La vida no es lineal. Mi eliminación fue dura, pero no es un reflejo de quién soy ni de mi carrera. Hay muchos caminos para crecer y para compartir lo que haces.
De hecho, esa eliminación fue clave…
B.L.: Totalmente. En Fama no teníamos acceso al móvil. Cuando te eliminan, te lo devuelven, y al encenderlo tenía un mensaje de Toogie, la coreógrafa de Dua Lipa. Si no me hubieran echado, no lo habría visto. Nunca sabes qué hay al otro lado.
Colaborando con Dua Lipa y con Toogie, en la gira que hicieron cuando sacó el álbum Deluxe, en las que estaban “Be the One”,“Blow your mind…mwah”, etc, a nivel coreografía, ¿Toogie lo tenía todo creado previamente o creasteis el show conjuntamente o teníais alguna implicación creativa?
B.L.: De lo que yo recuerdo, lo que solía pasar es que Dua y Toogie empezarían en el estudio primero ellas dos porque creo que también, obviamente Dua era un poco como New Artist y obviamente no tenía la experiencia que tiene ahora, entonces igual no se sentía tan segura bailando sobre el escenario y con baile. Entonces, creo que era la manera de Toogie de encontrar los movimientos más naturales para ella. A partir de ahí creo que creaba ella la coreografía, pero un poco con la colaboración e inspiración del movimiento orgánico de Dua. Después ya nosotras lo aprendíamos. Y para alguna cosa sí que nos dejaba más libertad y si surgía algo se acababa metiendo. Era un poco así el proceso, esa etapa.
Trabajar con artistas como Dua Lipa o Jungle implica un nivel altísimo. ¿Qué habilidades son clave para estar ahí?
B.L.: Trabajar con Dua y a las órdenes de Toogie fue todo un sueño. Vivir esa experiencia con ellas fue increíble. Fue un regalo. Eso de hecho, es parte de mi idea del éxito. Por ofrecer mi arte. El arte con tus creencias y con lo que quieres crear en el mundo, para mí va
unido. Poder trabajar y dedicarte a proyectos, que tienen fundamento y sentir que tú como bailarina estás ofreciendo algo más allá es increíble.
Y luego con Jungle, tengo muy buen recuerdo de ese proyecto. Cuando salió y lo vi me sentí súper orgullosa, la verdad. E inspirada también.
En cuanto a las habilidades, por ejemplo, para el proyecto de Volcano, tuvimos muy poco tiempo para mucho material y de la calidad de Shay Latukolan (coreógrafo) que es bastante alucinante a todos los niveles. Siento que todas las personas que estábamos en el cast, y también observando a los demás bailarines, siento que cada uno éramos una estrella individual, cada uno podría ser personaje principal.
Hablando de mis compañeros, todos tienen mucha experiencia con coreografía, en general, con muchos estilos similares al de Shay. Todos tenemos una buena base de fundamentos de danzas urbanas (Hip Hop, Locking, House, Popping). Es realmente un poco coincidir con las bases a nivel danza de Shay.
Yo conocía a todas las personas del cast, algunas a lo mejor de un par de años, pero a otras las conocía desde que me mudé a Londres (de quizás unos diez años). Igual no somos amigos de quedar todo el rato, pero nos conocemos como artistas y siento que había muy buena compenetración y entendimiento del artista que es cada uno. Era un poco como caminos acompañados aunque no hubiéramos sido súper cercanos.
¿Cómo es la preparación para ese tipo de proyectos?
B.L.: La preparación, en concreto, para Volcano fue una locura. Grabábamos tres vídeos al día, cuando de normal en un día casi ni te da para uno. Era un equipo buenísimo, creo que fue duro para todos también. Creo que todas estas personas, para mí personalmente, tienen mucho soul, tienen una conexión con la música en general muy especial. No sé si eso también es algo que quizás también nos conectó a nivel de grupo.
¿Cuánto tiempo os llevó aprender y practicar la coreografía para grabarla después? Tanto con Dua en la gira, como con Jungle.
B.L.: Con estos trabajos que son comerciales es distinto a si haces trabajos con una compañía de danza o para teatro. En el caso de los últimos, igual te pasas meses creando, ensayando y desarrollando. Trabajos comerciales como estos, suele ser todo más rápido y gira todo en torno al dinero que haya en el proyecto. Nunca hay suficiente tiempo realmente. Siempre te empujan a hacer lo máximo posible en el mínimo tiempo posible. Entonces, suele ser un poco locura.
En Jungle, tuvimos una semana o cinco días para crear 14 vídeos o algo así. Hubo cosas, por ejemplo de duetos, donde básicamente lo montaron los propios bailarines. Hubo mucha improvisación. Esa también es una habilidad muy importante en el caso de todo el equipo artístico involucrado en la grabación de Volcano. La habilidad de voy a hacer algo especial, en ese mismo momento era espectacular. Y, a la vez, estábamos creando una historia y pienso que nos faltó un poco más de tiempo para poder desarrollarla aún mejor. Pero, se hizo lo que se pudo en este caso y salió un resultado bastante bueno.
Con Dua, ni me acuerdo, pero por ejemplo para el tour que hicimos, pienso que igual teníamos un poco más de tiempo. Igual o una semana o un mes como mucho. Suele ser un proceso bastante agilizado y rápido.
Todas las actuaciones que hace como bailarina son increíbles y dejan al público boquiabierto. ¿Qué hace que una actuación sea realmente memorable?
B.L.: Obviamente por una parte siento que es una respuesta subjetiva, porque a cada uno le toca una sensación o cosa diferente y supongo que depende del tipo de show y la intención que haya detrás. Si hablamos de una estrella del pop, vamos a escuchar pop y el contexto más o menos detrás del show sería sexy, cute, luces. Entonces en ese caso, por ejemplo, lo que impresiona es tanto la calidad de la producción como la compenetración del equipo.
Pero, en realidad, si pienso en lo que más me impresiona a mí en general, sea lo que sea, yo diría la sinceridad. Lo que más me mueve y me impresiona es cuando veo a alguien actuar y siento que están siendo vulnerables, que están siendo muy honestos, que están siendo muy transparentes. Creo que eso conlleva mucha valentía y un conocimiento de una misma. Se pueden romper todas las estructuras posibles e incluso, romper con todo.
Como conocedora y apasionada del mundo del baile siempre me ha llamado la atención todo lo que conlleva la creación de una pieza o coreografía. Me parece que es un proceso muy intuitivo y que requiere de mucha imaginación. ¿Cómo creáis los coreógrafos bailes que encajen perfectamente con la música y el mensaje de una canción? ¿Cómo sueles afrontar ese proceso creativo?
B.L.: Esto es algo que me cuestiono a mí misma eternamente. Estoy siempre intentando desarrollar o entender mejor este proceso. Personalmente me cuesta crear una coreografía de una manera muy estructurada. Para mí tiene más sentido crear movimiento a partir de conceptos o ideas. Voy a ponerte un ejemplo para que no suene como muy abstracto.
Yo escucho una canción o una pieza de música que me inspira y suelo tener como una visión o una idea que me viene de manera muy orgánica y suelen ser imágenes, a lo mejor un lugar, pero tienen que ver con una historia o un sentimiento. Y a partir de ahí, lo más orgánico es ya en el estudio de baile, escucho la canción y dejo que mi cuerpo se mueva de manera orgánica con esta idea y con esta inspiración musical. Después suelo grabarlo.
Voy encontrando cosas y detalles que siento que van en sintonía con esa idea que tengo con la música. O también haciéndolo descubro conceptos de movimiento nuevos y a partir de ahí pues utilizo mucho el grabarme e ir intentando poner piezas para que tengan sentido entre ellas. Eso es como me siento yo personalmente, no me gusta que se sienta como me han dicho que se hace así. Quiero intentar encontrar el camino más orgánico posible.
Tiene que tener sentido de una pieza a otra y una intención detrás. Busco sacar la esencia de cada bailarín en todo lo que hago y en mis clases trabajamos más la sensación de cómo sentimos cada movimiento que quizás ir directamente a la parte técnica. Esa forma de hacerlo, no tan técnica, me parece que saca la magia individual de cada uno y es lo que más me mueve a la hora de ver una actuación.
Belén te has desarrollado a nivel artístico en Londres y también en sitios de referencia como en Los Ángeles, entre otros. ¿Por qué te decantaste por estos sitios para continuar con tu formación? ¿Qué desventajas ves en comparación con España? Se trata de una profesión que es bastante precaria, con ofertas de trabajo a cambio de visibilidad o un sueldo muy bajo. Es bastante injusto, porque sin bailarines los proyectos carecen de un sentido completo.
B.L: Me decanté por esos sitios porque me parecen centros de diversidad y de arte, de desarrollo del arte, de trabajo también.
En Los Ángeles había mucha concentración de coreógrafos, de entrenamiento, de un nivel que igual no encontrábamos en España. Es
normal porque algunas de estas culturas y estilos vienen de los Estados Unidos, entonces es normal que haya más desarrollado.
Y, Londres, fue similar. Yo me mudé a Londres después del instituto, y yo quería por una parte explorar y también quería, y siempre quiero
ponerme en un contexto donde tenga las máximas posibilidades para aprender. Entonces, también me parecía un buen sitio. Además, hay muchas universidades de danza y más posibilidades aparte del conservatorio. Llevo muchos años fuera y un poco desconectada de la situación en España. Siempre me ha dado la sensación que de alguna manera, no sé, lo veo un poco como una contradicción. Porque siempre se dice que en España se valoran menos las artes, pero a nivel cultural no acabo de entender y, a veces, siento que hay un poco de ignorancia. Pero, realmente somos una cultura que nos encanta el arte, nos encanta la música. Somos gente cálida, sociable. Y todo eso es parte de la danza, de la música. No sé si quizás por eso se ve como una cosa social y no de alto presupuesto. Y por eso creo que sigo en Londres porque hay mucha más regulación, hay más organizaciones, estudios. Sientes que llevan un poco más de tiempo haciéndolo y que han desarrollado unos estándares. Tienes más herramientas también para informarte, para pedir ayuda. Entonces es ir de estas condiciones a las españolas y la verdad que echa para atrás.
Londres es un centro internacional, hay mucha diversidad de gente y ya sólo eso crea un espacio artístico más interesante y tienes muchas más opciones. En España hay mucho arte, mucho bailarín increíble, pero menos. Y sobre todo en el mundo comercial, lo veo muy mal. Si eres una chica vas a estar en bragas, no me parece necesariamente mal, pero me gustaría tener más opciones o historias diferentes. Canciones que no sean sólo sobre una o dos cosas. Creo que como cultura no nos arriesgamos demasiado, porque es un poco una cosa nueva, entonces tiramos de lo que ya llevamos haciendo toda la vida y siento como que no hay tanta novedad.
Hablando de casos en específico como el de la Veronal que muchas veces hemos podido ver su producción fuera y ha tardado en llegar a España, Belén comenta lo siguiente: “a veces no valoramos a nuestros propios creadores, hasta que se van fuera a crear y los de allí los valoran más, o a lo mejor hay más dinero, como por ejemplo en Francia, Alemania, sitios en los que hay más dinero para las artes. Vuelven y, de repente, dicen en España, ¡oh, wow! vienes de Alemania, te amamos. Y hablando claro esto lo veo en distintas disciplinas artísticas. Cuesta mucho tener apoyo en tu propia tierra y creo que es por eso por lo que muchos deciden irse y probar suerte en otros sitios, porque no se invierte en cosas nuevas, diferentes”.
Has trabajado también con Addison Rae, Kylie Minogue o Florence and The Machine actualmente. Tienen muchísima personalidad y son mujeres fuertes. Has logrado grandes cosas, pero ¿Cuál dirías que sería tu mayor sueño como bailarina y coreógrafa?
B.L.: A veces surgen oportunidades que no te habrías imaginado y que acaban siendo lo más, pero sí que me encantaría poder estar un poco más en el lado creativo. No sé exactamente para qué, si es para algo en escenario, algo para cine, vídeo. Pero, simplemente poder estar sí, en el lado más creativo. Y para hacer cualquier cosa que resuene conmigo. La intención, el proyecto, la música.
Para terminar, ¿qué le dirías a alguien que sueña con dedicarse a la danza?
B.L.: Que sea crítico. Hoy en día hay muchísima información y es fácil confundirse. Popularidad no es lo mismo que talento.
También que no se obsesione con llegar rápido. Las redes generan mucha presión, pero las cosas llevan tiempo. Es importante construir una base sólida, encontrar tu identidad y darte espacio para fallar, explorar y crecer.
La historia de Belén Leroux no encaja en el relato clásico del éxito. No hay línea recta, ni fórmula clara, ni camino predefinido. Lo que hay es intuición, trabajo y una idea muy concreta: el arte como lugar de verdad.
Quizá por eso su trayectoria conecta tanto. Porque no habla sólo de llegar, sino de todo lo que ocurre en medio: las dudas, los giros inesperados, las decisiones que cambian el rumbo sin previo aviso.
Y es ahí, en ese espacio imprevisible, donde Belén ha aprendido a moverse mejor que nadie. No siguiendo un guion, sino bailando a pesar de él. Puedes seguirla en este enlace.
En otras noticias Rory Mullen: “Me interesa que el espectador sienta que no debería estar ahí»





