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Calvin Klein y el arte de hacer historia (en underwear) cada año

Calvin Klein lo ha vuelto a hacer. Una campaña donde la moda, la seducción, la tendencia y la cultura se fusionan en una sola imagen: poderosa, magnética y absolutamente inolvidable.  La última campaña underwear de Calvin Klein ,“Icon Cotton Stretch”, tiene un protagonista de lujo: Bad Bunny. Y, como era de esperarse, nos ha dejado sin palabras (y con la mandíbula en el suelo). La firma estadounidense reafirma su liderazgo visual y mediático en el terreno de la seducción y vuelve a demostrar por qué cada movimiento suyo se convierte en historia de la moda. 

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La campaña de primavera 2025 no solo ha generado suspiros, sino también cifras récord: 8,4 millones de dólares en exposición mediática en tan solo 48 horas, colocándola en el top 5 de las más exitosas de la marca —junto a las protagonizadas por Jeremy Allen (enero 2024) y Jungkook de BTS (agosto 2023 para Calvin Klein Jeans).

Foto campaña Jeremy Allen (@jeremyallenwhitefinally)

 

 

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Pero más allá del hype, el fenómeno Bad Bunny ha elevado esta campaña a otro nivel. Su reciente álbum DeBÍ TiRAR MáS FOToS, el anuncio de su próxima gira con una fuerte reivindicación de su tierra natal, y su creciente influencia en la industria de la moda han convertido esta colaboración en un statement global. Y sí, la campaña se ha realizado íntegramente en Puerto Rico, capturada por el icónico fotógrafo Mario Sorrenti, lo que no solo añade valor artístico, sino también emocional y político.

Porque cuando Bad Bunny se desnuda —literal o simbólicamente—, no lo hace solo por estética: lo hace por identidad, por raíces, por representación. Y Calvin Klein, como siempre, sabe muy bien cuándo y con quién escribir el próximo capítulo de la cultura pop.

Foto campaña Bad Bunny (@calvinklein)

¿Por qué las campañas de Calvin Klein aún nos dejan sin palabras?

La gran pregunta es esa: ¿cómo consigue Calvin Klein seguir siendo el epicentro del deseo visual, década tras década? Su maquinaria de marketing no solo sigue funcionando, sino que lo hace con un radar afiladísimo hacia lo que culturalmente importa. Ahora, como muchas otras grandes casas, la firma ha girado la mirada hacia Asia —pero lo hace a su manera, sin perder su ADN. El resultado: campañas que siguen batiendo récords, una tras otra.

Si algo ha definido a Calvin Klein a lo largo de los años, es su capacidad de convertir una foto en un momento cultural. Desde Brooke Shields lanzando su icónico “Do you know what comes between me and my Calvins? Nothing” con apenas 15 años, hasta un jovencísimo Mark Wahlberg en calzoncillos haciendo historia junto a Kate Moss, la marca ha sabido bailar siempre en la cuerda floja entre provocación, deseo, rebeldía y controversia. Y sí, muchas de estas campañas rozaban —o directamente cruzaban— líneas sensibles, pero eso no ha impedido que sigan siendo referentes eternos del imaginario colectivo de la moda y la publicidad.

Foto campaña CK underwear Kate Moss & Mark Wahlberg – 1992.

Calvin Klein no ha dejado de reinventarse. A lo largo de los años ha seguido generando conversación, encendiendo debates, y manteniéndose relevante —no por nostalgia, sino por audacia. Como cuando Justin Bieber se convirtió en el nuevo rostro (y torso) de la marca, dejando claro al mundo que había dejado atrás al chico de “Baby” y se posicionaba como una figura adulta, deseada y deseante. O más recientemente, con campañas que evidenci an ese soft power en expansión hacia el Este, como las protagonizadas por Greta Lee o Jennie (sí, Jennie de BLACKPINK), que reafirman esa fusión entre minimalismo, sensualidad y cultura global que tan bien sabe manejar la marca.

Campaña Justin Bieber (@calvinklein) 

Campaña Jennie (@jennierubyjane) 

En definitiva, Calvin Klein no solo vende ropa interior. Vende actitud. Vende moments. Vende historia. Y si algo ha quedado claro es que, cuando la moda se alía con el riesgo, el resultado puede ser tan explosivo como inolvidable.

Un éxito que no es casualidad, sino el resultado de una estética ultra definida, de una sensualidad directa, sin filtros, de la controversia bien medida y, sobre todo, de una fidelidad inquebrantable a sus propios códigos. Calvin Klein es y seguirá siendo sinónimo de minimalismo absoluto: blanco y negro, cuerpos que hablan más que las palabras, piel, actitud, y una paleta neutra que grita fuerte. Una marca que no necesita adornos para impactar, porque su fuerza reside en esa simplicidad visual que lo dice todo sin decir nada.

Y si hay algo que Calvin ha sabido hacer mejor que nadie, es leer el pulso de la cultura pop, elegir a sus rostros con precisión quirúrgica y convertirlos en iconos de generación. Detrás de cada disparo hay un ojo maestro: de Mario Sorrenti a Bruce Weber, de Steven Klein a Herb Ritts —todos han ayudado a esculpir este universo visual que sigue marcando época.

Otro año, otra campaña, otro golpe en la mesa. En menos de un minuto, Calvin Klein nos vuelve a atrapar: nos deja sin palabras, nos remueve, nos enamora. ¿La fórmula? Una estética sin fisuras, un mensaje claro, una celebración del orgullo latino, Bad Bunny como símbolo de un nuevo imaginario global, la sensualidad como acto de empoderamiento… y una identidad que nunca se traiciona.

Foto campaña Bad Bunny x CK SS2025.

Más Calvin que nunca.

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