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La cultura rave acaba con la sensatez estética del lujo

La cultura rave acaba con la sensatez estética del lujo

Desfile de Martine Rose SS26.

La estética rave conquista la industria de la moda desde hace meses y la inspiración la encuentran los diseñadores en la alegría del vestir y en la clandestinidad de la noche.  

 

La industria de la moda ama el contraste y todo híbrido que permita polarizar sus creaciones. La tranquilidad estética apenas cabe ya en un mundo también polarizado, y algunos diseñadores han reaccionado desgarrando la sastrería y uniendo jeans y lentejuelas o jabots y deportivas. Jonathan Anderson encuentra la rave en el Sena a las 7 am, Glenn Martens en Milán, dentro de huevos oversized de plástico escondidos alrededor de la ciudad, y Rick Owens a medio camino entre el Hollywood boulevard y las discotecas de barrios bajos. El movimiento cultural de la rave está resurgiendo en ciudades como Londres y París y ahora inspira su misma corriente en moda. Los expertos la celebran, pero aún está a la espera de pasar por el filtro de las ventas físicas, donde el cliente mantiene un perfil conservador.

Con esta corriente, el lujo transforma sus arquetipos y acaba con el eco del quiet luxury, si que aún permanece algo del minimalismo y la neutralidad que recuperó la figura de Carolyn Bessette en la serie Love Story. La británico-jamaicana Martine Rose utiliza el factor sorpresa, aquel por el que ‘no se ve venir una colección’ para jugar con la artificialidad de la moda, las subculturas y la creación de personajes sobre la pasarela. Reinterpreta en cada desfile el sentimiento de comunidad -esta colección la presentó a prensa y público general en un flea market londinense junto con decenas de artesanos reunidos para vender sus creaciones-, alejado del look excesivamente clínico que el lujo ha presentado en los últimos años. 

Rick Owens, uno de los referentes más acertados de la estética del club nocturno, redujo en sus últimas temporadas la oposición entre proporciones para favorecer el elemento comercial de las colecciones. Los looks son provocadores, algunos sórdidos incluso por el uso de correas, arneses y torsos desnudos en los modelos masculinos. En su colección femenina presentó transparencias y juego entre ligereza y densidad.

El movimiento cultural de la rave trae un periodo de experimentación para las firmas de lujo porque introduce códigos tradicionalmente alejados de sus convenciones, entre ellos exceso, nocturnidad, tecnología, subcultura y música electrónica. Un buen ejemplo es el trabajo de Glenn Martens en Diesel, que para su colección ss26 encapsuló a los modelos en escaparates de plástico transparente y los dispuso en el epicentro comercial de Milán, y también delante de bares, sex shops y talleres mecánicos. Su objetivo fue llegar a nuevos espectadores, sin distinguir según edad, genero o poder adquisitivo, y además, que todos ellos pudieran participar por igual de la experiencia de la firma.

J.W. Anderson reinterpreta en Dior Men la obsesión de su fundador de la maison por el siglo XVIII en piezas como la chaqueta Bar, y otras chaquetas y corbatas inspiradas en la regencia francesa y británica, el uso del tweed Donegal, apliques de rosas y bordados rococó. Todas ellas articulan un concepto de ‘aristócrata desaliñado’ presentado por primera vez en su temporada SS26 , que retrata esta nueva idea dentro del lujo donde convergen influencias high and low de la moda. Su temporada SS26 comenzó a cristalizar esta tendencia, y las posteriores no han más que reafirmarla como la novedad de la pasarela llevando al extremo el enfrentamiento entre las influencias elevadas y bajas de la cultura.

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