Esta técnica de confección favorece la sensualidad y la feminidad desde hace más de 2000 años. A continuación, desglosamos algunas de sus referencias históricas, sobre la pasarela, más importantes y recientes, y también, los diseñadores que la reinventan esta temporada.
La historia de la moda ama el drapeado y este verano la pasarela lo reinventa
En 1752 el artista veneciano Antonio Corradini realizó una escultura en mármol retratando a una mujer envuelta en un velo translúcido. La llamó La verdad velada y fue considerada una de las obras más bellas y técnicamente perfectas del barroco gracias a la ilusión de transparencia y a la precisión con la que reprodujo la profundidad de las ondulaciones del tejido. Esta figura, aunque no se inspiró en la Antigua Grecia, anticipó de alguna forma la vuelta a las líneas clásicas presentes en los vestidos posteriores a la revolución francesa. La forma en la que Corradini simuló la caída del velo sobre el cuerpo presentó un impecable estudio y reproducción de la prenda como si del trabajo de un diseñador auténtico se tratara.
Esta y otras obras, como el Cristo velado, de Giuseppe Sammartino, o La virgen velada, de Giovanni Strazza, tuvieron un gran impacto para que algunos diseñadores del siglo XX crearan colecciones utilizando el drapeado como ilusión de escultura sobre el cuerpo. Algunas de estos desfiles fueron icónicos porque, además de ofrecer propuestas estéticas rupturistas donde el drapeado se unió con la decadencia del movimiento anti moda de los 80 y 90, sus creadores implicaron emocionalmente al espectador a través de narrativas construidas sobre la historia, los impulsos humanos o el mundo animal.
Uno de ellos fue John Galliano en su colección primavera-verano del 86, titulada Fallen Angels, donde presentó vestidos ligeros de muselina blanca inspirados en el neoclasicismo de la Francia posrevolucionaria. Mangas abullonadas, tejidos que parecen estar a punto de desintegrarse y siluetas románticas e improvisadas sobre modelos que caminaron la pasarela con aire dramático, como ángeles vagando por la tierra. Esta teatralidad símbolo de la dualidad entre la pureza y la decadencia atrajo la atención de la prensa y supuso el inicio de la carrera del gibraltareño como diseñador conceptual.
Más recientemente, en 2020, incluyó el drapeado dentro de la colección de alta costura Artisanal para Maison Margiela en la temporada de otoño-invierno 2020-21. En ella trabajó con sensores térmicos, inteligencia artificial e incluso una app de rayos X para capturar al milímetro la textura en las prendas, la búsqueda de transparencia, los pliegues estratégicamente construidos, e incluso el detalle de las fibras de los tejidos.
El británico Alexander McQueen pasó a la historia por la provocación de sus prendas y también por su incuestionable sentido del espectáculo. Sus desfiles, todos épicos gracias a su habilidad para crear belleza y después corromperla, utilizaron el drapeado en numerosas ocasiones. Probablemente la más recordada sea su primavera del 98, titulada en un primer momento Golden Shower y más tarde rebautizada como Untitled, tras las quejas de algunos sponsors por considerar el primero demasiado controvertido. McQueen dividió este show en dos partes: en la primera, con un mensaje de fetichismo y transgresión de las normas sociales y morales, presentó piezas de sastrería de estética guerrera, blazers de hombros exagerados y cintura estrecha y arneses de piel negra. En la segunda, enfrentó a estos looks la inocencia de vestidos blancos drapeados, asimétricos y alejados de cualquier corte preciso. Esta presentación culminó con una lluvia iluminada de amarillo que otorgó a las prendas un aspecto translúcido y sensual, realzando la estética decadente sobre unas modelos de palidez extrema.
Para su primavera del 98, el japonés Issey Miyake subió a la pasarela una caravana de modelos descalzas, envueltas en vestidos elásticos de lino sin aberturas para los brazos. A estas prendas inspiradas en la danza las llamó velos tubulares y con ellas reivindicó la vestimenta modular japonesa y la sostenibilidad. Con el tiempo acabaron convirtiéndose en una insignia para la firma que continúa en la actualidad. El desfile culminó con las modelos unidas por una línea de vestidos conectados que luego fueron cortados, o desconectados, en looks individuales.
El drapeado lo trabaja también, y de forma magistral, el estadounidense Rick Owens, a través de siluetas alienígenas y juego de proporciones exageradas. Un show emblemático a nivel estético y conceptual fue el de su primavera-verano 2016, titulado Cíclopes, donde presentó a modelos unidas entre sí mediante arneses con el fin de construir estructuras humanas que representaran la fortaleza femenina, la hermandad, la maternidad y el desafío a la gravedad.
Estos desfiles presentan a menudo drapeados que apenas generan espacio entre el cuerpo y el tejido, y en algunas ocasiones este aparece casi como una segunda piel. Y más aún cuando entran en contacto con agua, sudor, o cualquier tipo de sustancia líquida. La moda y algunos de sus creadores irreverentes siempre han sentido atracción por los fluidos corporales y por que estos desvirtúen sus prendas, como si se tratara de un accesorio más. Desde Alexander McQueen y su vínculo con la sangre, que hacía de puente entre lo bello y lo bizarro, hasta Galliano, quien sumergió en aquel desfile del 86 a sus modelos en agua, inspirándose en la costumbre de las aristócratas neoclásicas de empapar sus vestidos para acentuar su transparencia y emular así el ideal de belleza grecorromano.
Cómo llevar el drapeado en 2025
El drapeado junto con la asimetría y los tejidos ligeros son una realidad este verano. Los diseñadores en 2025 recuperan el concepto de sensualidad después de varios años de quiet luxury, el movimiento caracterizado por siluetas minimalistas, poco fluidas, y por el uso de colores vinculados con la naturaleza. Esta temporada las formas básicas de la prenda se reducen y son a veces reminiscentes del estilo heroin chic de principios de los 2000, aunque ahora los rastros de máscara corrida se sustituyen por el clean look, que permanece impecable toda la noche -parte de la emoción de revivir estilos pasados en la moda es hacerlos interactuar con las tendencias de belleza contemporáneas-.
Se trata de un equilibrio entre la fluidez y la arquitectura del vestido. De esto sabe bien Rick Owens, que para esta primavera conjuga los patrones rígidos de la sastrería con la fluidez de la seda y el tul en capas y túnicas de aspecto bíblico, dando vida a personajes semejantes a vírgenes oscuras. Owens es un maestro del drapeado, y desde siempre lo integra en velos que cubren parcialmente el rostro para referenciar aspectos como la oscuridad, el romanticismo o la melancolía. Victoria Beckham también enfrenta la rigidez con la ligereza mediante con pantalones estructurados y abiertos por la parte delantera y tops y vestidos elaborados en resina, moldeados sobre el propio cuerpo y que celebran la ilusión de desnudez.
La sencillez marcó la colección de MM6 para este verano, donde su equipo creativo presentó diminutos mini vestidos blancos, uno de ellos con apariencia de vendaje quirúrgico y cinturón ancho a la cadera, epítome de los años 2000. En Ann Demeulemeester, su director creativo Stefano Gallici unió prendas inspiradas en la Regencia francesa con el estilo punk. El resultado fueron tops y vestidos estructurados en capas, elaborados en algodón. Guram Gvasalia en Vetements feminiza el drapeado en versión lencera, enseñando piel y escogiendo una paleta de colores neutra y delicada, con mini vestidos de vuelo de satén. En la mujer Dior de Maria Grazia Chiuri residen las cualidades de una amazona, que no necesita masculinizar la silueta de la prenda para exhibir su fortaleza.























