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Por qué la tendencia del ‘ugly shoe’ permanece intocable desde… ¿siempre?

Todas las décadas tuvieron los suyos propios: las plataformas okobo o de silueta japonesa en los 90, las sandalias Birkenstock y botas UGG en los 2000; las Crocs en 2010; los zuecos en 2020; y en 2025 abrimos las puertas, entre otras, a las deportivas a medio camino entre el trekking y el ballet. La tendencia del ugly shoe (zapato feo, en inglés) triunfa desde hace décadas desafiando lo que tradicionalmente embellece el pie, y a veces acercándose ligeramente a la ortopedia. Sin embargo, cada temporada trae nuevos modelos que acaban triunfando, y cuando se trata de colaboraciones, se agotan en cuestión de horas. 

El zapato y la zona de confort

Para todos aquellos educados bajo la idea de belleza occidental, asociada hasta hace unos años con la simetría y la armonía de proporciones, existe una pequeña emoción en fusilar un outfit con un zapato poco favorecedor. Esto es porque permite experimentar más allá de lo conocido y porque su éxito se encuentra en hacerlo con ironía. Un mismo zapato, por ejemplo, unas deportivas de running desgastadas, no tienen hoy en día el mismo significado en un padre de mediana edad, que el que tienen en un veinteañero. Lo que las hace cool es que en un primer momento resultan impensables, por lo que llevarlas es sinónimo de estar por delante de lo estéticamente ya aceptado. Además, siempre será más fácil atreverse con una pequeña disrupción en el calzado que revolucionar un look entero de pies a cabeza. Este es otros de los motivos por los que esta tendencia no pasa de moda, porque no resulta excesivamente incómoda de explorar.

En esta era de la moda el feísmo en el zapato alcanzó una dimensión cultural gracias la gran variedad de modelos creados en los últimos años, desde los extremadamente cómodos hasta los poco prácticos por exigencias del diseño. Si la labor de la creatividad y de los diseñadores es transformar la belleza normativa para hacerla evolucionar, antes es necesario cuationarla. Para ello también es necesario que las tendencias presentadas por estos creadores generen escepticismo. Ninguna revolución estética es aceptada sin antes ser criticada. Algunos de los diseñadores comprometidos con la tendencia del ugly shoe son Demna Gvasalia en Balenciaga -ahora en Gucci desde hace pocas semanas- con sneakers XXL y de aspecto desgastado, la japonesa Abe Chitose en Sacai y su habilidad para jugar con el volumen, Francesco Risso en Marni con zapatos esculturales y Miuccia Prada a través de diseños retro-futuristas. 

Cambio de paradigma

Socialmente, el ugly shoe llegó para facilitar la renuncia al tacón y, además, para hacerlo de una forma divertida. Desde que el streetwear ocupó parte de la esfera del lujo en los primeros años de los 2010, y más aún después de la pandemia, el confort y el utilitarismo se convirtieron en la norma. Los diseñadores llegaron a transmitir con sus colecciones incluso un mensaje de protección del cuerpo más que de simple funcionalidad. Esto derivó en el declive del tacón en favor del zapato plano, y en especial en favor de las deportivas, que en su versión ugly presentaron siluetas voluminosas, suelas anchas y el uso de colores primarios. Desde entonces sacrificar la comodidad por la estética dejó de resonar con las generaciones jóvenes, que también comenzaron a buscar surrealismo en la moda. En los años posteriores el ugly shoe solo reafirmó su presencia con modelos ahora icónicos, como las slip-on en forma de rana creadas por JW Anderson para Loewe, la bota Astro-Boy de goma, gigante, creada por la firma MSCHF, o los zapatos Tabi de Margiela, probablemente el origen de esta corriente.  

Ahora en 2025 esta tendencia se presenta en todas sus formas, desde sneakers, hasta zuecos de hospital, mocasines, o kitten heels con detalles angulados. La pasarela presenta tacones y zuecos tridimensionales, y también zapatillas que fusionan el estilo normcore con el romanticismo. Es el caso de la diseñadora Simone Rocha, que ofrece un nuevo enfoque de la feminidad sobre las Crocs aplicando cristales, perlas y tachuelas en punta para recrear la estética victoriana. De esta forma explora la dualidad y genera una tensión entre exuberancia y utilitarismo. Reinventar la feminidad también es el punto de partida para la diseñadora Cecilie Bahnsen, que inspiró su colección para este verano en la montaña, la escalada y la resiliencia de quienes la practican. En ella presentó su primera colaboración con The North Face en bolsos con apliques florales, cortavientos, vestidos con falda globo o zapatillas abotinadas. También continuó la colaboración que realiza desde hace varias temporadas junto a la firma de zapatillas Asics.

Estas diseñadoras exaltan la feminidad a través de elementos como flores y abalorios. La mitad del zapato roza el estilo kitsch, la otra mitad, el atlético. El resultado es uno de los ugly shoes más populares de la temporada que incluso infantiliza la tarea de vestir los pies. Otro ejemplo son las Reebok Instapump Fury, las zapatillas creadas en 2024 por la firma deportiva junto a la diseñadora japonesa Noir Kei Ninomiya; la malla superior está cubierta por una superficie adicional de flores en diferentes tamaños y texturas y está disponible en blanco, en negro y combinando diferentes tonos neón.

El otro extremo viene a cargo de Francesco Risso en Marni, donde el zueco se reduce a una silueta minimalista y ondulada, y también por parte de la diseñadora Rei Kawakubo en Comme des Garçons, con zapatos inspirados en el aire, la ligereza y la arquitectura dórica.

 

Fuera de la pasarela, uno de los últimos ugly shoe virales vinieron de la mano de New Balance con sus New Balance 1906L. Se trata de un híbrido entre mocasín y su icónica zapatilla 1906, son unisex y la parte superior está elaborada en piel y tejido deportivo. Las primeras unidades de este lanzamiento se agotaron en cuestión de horas y a los pocos días la marca anunció nuevos colores.

New Balance 1906L en el color Silver Metallic Black.

Otras razones por las que esta tendencia sigue siendo importante a pesar del paso del tiempo es la necesidad de individualidad, de escapar de la realidad a través del humor y el desvanecimiento del género en la moda. Es aparatosa y puede ofender a los más conservadores, pero ayuda a reforzar el factor sorpresa que en los últimos tiempos ha sido anestesiado por el exceso de estímulos en las redes sociales.

Si la moda no genera cierta incomodidad, ¿se considera obsoleta? La belleza tradicional a secas ya no vende. Y nadie se extraña de ello en medio de varias crisis ambientales, bélicas y la sanitaria sufrida por el mundo entero hace pocos años. El ugly shoe reivindica que la idea de ‘poder’ en la moda femenina ya no está asociada con la renuncia, en este caso a la comodidad. Este zapato da salida a la feminidad clásica, que ahora necesita fusionarse con un zapato de montaña, tejidos técnicos o con la inspiración espacial para conquistar a un consumidor visualmente estresado.









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