Dark Mode Light Mode

The Rebello, el hotel al otro lado del Duero con carácter y un spa que cautiva

The Rebello, el hotel al otro lado del Duero con carácter y un spa que cautiva

Situado en Gaia (Oporto), con un espacio wellness que bien podría ser escenario de Wes Anderson y obras de arte en cada esquina. 

Hay hoteles que tienen el poder de metamorfosear el estado de ánimo, y The Rebello es uno de ellos. Puede que sea por su espíritu rebelde (aunque el nombre hace referencia a los rabelos, las barcas de madera que transportaban barriles de vino río abajo), por su increíble localización (a orillas del Duero, en Vila Nova de Gaia) o porque no hay detalle que no haya sido estratégicamente pensado en cada rincón. 

Como parte del grupo Bomporto Hotels que es (The Lumiares y The Vintage, en Lisboa, rematan el espectacular trío), era de esperar que la estética fuera uno de los principales reclamos para escogerlo frente al resto que dominan la ciudad norteña del país vecino. Sin embargo, no solo de visuals puede vivir un hotel y ser parte de uno de los más alabados de los Small Luxury Hotels of the World. Desde luego que no. En The Rebello hay mucho más. 

Presenta tan solo 103 suites (11 tipos diferentes, y todas ellas con espíritu de apartamento), distribuidos en cuatro edificios industriales del siglo XIX que conforman el alojamiento. Imagina qué privacidad. Imagina cuánto espacio. 

Allí es fácil sentirse en casa. Fuera o no el propósito, la interiorista española Daniela Franceschini consiguió crear ese efecto. La diseñadora de interiores se encargó de convertir sus espacios en estancias donde sentirse como ese momento en el que, tras una larga jornada laboral, llegas a casa, te quitas los zapatos y te tumbas en el sofá. La sensación es la misma.

Marcas y arte portugués, como los estantes de madera de Tomaz Viana, se mezclan con electrodomésticos de firmas como Smeg, ese que todos queremos tener en casa y que queda bien en cualquier perfil armónico de Instagram. Lo hacen en una consonancia maestra donde la paleta cromática es de esas que cautivan de madera discreta: gris, marrón, negro y beige abrazan de inmediato en espacios tan funcionales, como también armoniosos. Incluso su Kids Club lo es, pues cualquiera que entre en él desea rebobinar al pasado.

En The Rebello Hotel & Spa no hay nada que falte. Como cualquier buen alojamiento que se precie, nada más entrar y dejarse cautivar por un lobby con sofás y libros de arte y diseño, llama rápidamente la atención su restaurante de la planta baja, Pot&Pan. Antes era una fábrica de utensilios de cocina, ahora se trata de un templo gastronómico en el que degustar algunas delicias portuguesas. Pero ¡eh!, a pesar de estar ubicado en una zona de la ciudad donde es fácil deleitar las recetas portuguesas más típicas (y, probablemente, una de las mejores selecciones de vinos del país), el hotel disfruta de más espacios gastro donde degustar propuestas más informales, como en su rooftop (con una panorámica inigualable de Oporto),o en el lobby.

Y, es precisamente en el lobby, donde ahora cuelga una obra de arte que nunca pasa desapercibida. Si bien The Rebello cuenta con multitud de referencias artísticas que ofrece a los visitantes la posibilidad de habitar y dormir entre ellas, ahora el alojamiento disfruta de una nueva instalación artística que le otorga un plus (más) a su ya conocidísimo sello Premium. 

‘Pelo Rio Abaixo’, la instalación de Filipe Fangueiro en The Rebello

Tiene, nada menos, que 2,5 metros de ancho por 1 metro de largo aproximadamente, y se convierte en uno de los elementos más singulares que se encuentran nada más entrar y girar la cabeza a la derecha. Se trata de Pelo Rio Abaixo, obra del artista Filipe Fangueiro, una pieza suspendida que dialoga con el paisaje del río Douro y la historia de los tradicionales barcos rabelos.

Con una estructura ligera de red metálica recubierta por hilos textiles reciclados, la obra adopta una forma orgánica y fluida que evoca el movimiento del agua y los reflejos cambiantes del río al atardecer. Toda una oda al lugar, pues sus tonalidades azules y acabado brillante refuerzan esa conexión entre naturaleza, memoria y arquitectura, así como remite también al movimiento del río, como su propio artista señala, “porque las personas también atravesamos ese oleaje”.

Más que una pieza decorativa, la instalación se integra en la narrativa del hotel, un proyecto que celebra el diseño, el arte y la herencia industrial y ribereña de Gaia. Ubicado en antiguos edificios del siglo XIX, The Rebello es puro arte contemporáneo.

La intervención refleja además la sensibilidad artística de Filipe Fangueiro, creador multidisciplinar cuya práctica se mueve entre las artes plásticas, la dirección creativa y la exploración material. Cofundador de la revista DSection Magazine, Fangueiro ha desarrollado un lenguaje visual propio en el que convergen textura, movimiento y una profunda atención al contexto. En Pelo Rio Abaixo, resume su interés por piezas que no solo ocupan un espacio, sino que lo transforman.

Un spa de película

Sin embargo, aunque el arte está en todas partes en sus instalaciones, hablar de The Rebello sin mencionarle como un destino (sí, has leído bien) wellness no tendría mucho sentido. A pesar de que ya convence por el resto de sus cualidades, su punto fuerte reside en su oferta wellness. No hay más que ver su spa para darse cuenta. Parece un sueño.

Bañado en color salmón, con unas cortinas que garantizan intimidad a quién pase por delante, y piscinas de esas que perfectamente podrían ser uno de los fotogramas preciosos de Wes Anderson, son algunos de los muchos atributos que definen a este espacio donde el color salmón toma protagonismo. Y, es que todo tiene storytelling: lámparas inspiradas en el sol y la luna, una estructura inspirada en las termas romanas, y varias salas que rodean a su piscina-sauna donde rematar el descanso con alguno de los tratamientos de su catálogo. Un plus: también cuenta con un gimnasio equipado con maquinaria de Tecnogym. ¿Lo mejor? Abre 24 horas.

En The Rebello el tiempo fluye a toda cadencia. Allí se va sin prisa y con ganas de conocer la ciudad, pero también de habitar el alojamiento que, indiscutiblemente, forma parte de la experiencia. El tiempo transcurre suave y lleva a darse un baño al atardecer… o incluso nada más despertarse. 

Previous Post

Kill Bill: un vestuario infalible que sobrevive al paso del tiempo

Next Post

Ginebras anuncia las primeras fechas de la gira de salas de “Donde nada es para tanto” para 2027

Advertisement