“Autenticidad, libertad y amistad”. Así definió el presidente de Louis Roederer el idilio entre el diseñador Philippe Starck y una de las casas con más historia de la champaña francesa. Un mano a mano que surgió hace 20 años pero cuyo comienzo no fue tan previsible como cabe esperar; de hecho, Starck -quien en su momento era fan acérrimo de otra casa de la competencia- se negó de pleno a diseñarles una etiqueta. Un tropiezo que quedó atrás tras conocer la esencia de la casa de Reims, que finalmente contó con el icono francés en la elaboración completa de esta particular edición del espumoso: un brut nature que solo se presenta cada tres años y para el que se cosechan todas las uvas el mismo día.
El reto añadido para esta añada -que obtuvo su verificación ecológica en 2004- era tanto el cambio climático (y unos cuantos eventos históricos que vinieron después) como poder renovarse abrazando su filosofía desde el minimalismo sin perder su esencia. Algo que el mismo Starck define como “no perder la raíz”, literal y metafóricamente hablando.
Ahora, esta edición es una realidad que se lanza cada tres años y que responde tanto a los principios de la casa como de la tierra: Brut Natuture Louis Roederer x Philippe Starck. Para el resto de detalles hablamos con Frédéric Rouzaud, Presidente y Director General de la Maison Louis Roederer, en el contexto de Révélations, la Bienal Internacional de Oficios de Arte y Creación del país vecino, que este año se ha celebrado en el Grand Palais parisino.
¿Desde cuándo tiene la casa Louis Roederer una relación con el mundo del arte?
Nuestra familia siempre ha estado interesada en el arte; de hecho, el propio Louis Roederer apoyó a escritores del siglo XIX y formó una de las bibliotecas más ricas de Francia. En los años 90, mi padre, Jean-Claude Rouzaud, entonces al frente de la empresa, financió la búsqueda del avión de Saint-Exupéry para rendir homenaje a un escritor que le encantaba.
También participó en el rescate de la estatua de la emperatriz Sabina, esposa del emperador Adriano, sumergida en el Mediterráneo, que pasó a formar parte de las colecciones del Louvre.
En 2003, decidimos formalizar aún más nuestro apoyo al arte. El resto lo hicieron los encuentros y las pasiones. Durante una cena en la Biblioteca Nacional de Francia, supimos que la institución no contaba con fondos para trabajar con su patrimonio fotográfico. Propusimos entonces crear la Beca de Investigación Louis Roederer para apoyar trabajos científicos sobre esas colecciones, y empezamos a patrocinar exposiciones fotográficas.

En 2010, su familia recibió el título de «Gran Mecenas de la Cultura» de manos del ex presidente Frédéric Mitterrand, entonces Ministro de Cultura.
Este reconocimiento fue un acelerador. Me impulsó a crear en 2011 la Fundación Louis Roederer para el Arte y la Cultura, con el objetivo de desarrollar nuestra visión con coherencia y compromiso a largo plazo.
¿Qué vínculos específicos unen hoy a Louis Roederer con el arte y la cultura?
Son aspectos que están ligados a la propia naturaleza de nuestra Maison. Dos siglos y medio después de su fundación, sigue siendo una empresa familiar. En un mundo centrado en lo inmediato, seguimos apostando por el lujo del tiempo. Un ejemplo es que, para esta añada, hemos esperado 20 años a que las raíces del Cristal se profundicen en el suelo, y otros diez años más en bodega para que este champagne se exprese por completo.
Sin duda es algo de lo que muy pocas marcas pueden presumir. ¿Qué diría que hace único a este LR x PP 2018 y, en última instancia, a su marca?
Quizá que nuestra libertad creativa está en el corazón de nuestros valores. Revelamos la magia del terroir desde una hoja en blanco. No sabemos qué nos traerá la naturaleza cada año, por eso interpretamos cada nuevo ciclo vegetal de forma distinta, con ensamblajes singulares que reflejan su origen.
Al final, todo cuenta; la precisión de los gestos, la audacia de la experimentación y la mezcla entre saber hacer e imaginación tienden puentes naturales con el arte.
¿Por qué eligieron el marco de Révélations para presentar en primicia mundial el Brut Nature 2018?
Desde su creación en 2013, quisimos asociarnos con Révélations, que celebra la fuerza y vitalidad de los oficios artísticos. Compartimos valores como la transmisión del saber hacer, la transformación de la materia y la búsqueda de talento. En la maison, nos consideramos artesanos que intentamos revelar, con humildad y pasión, la belleza de la naturaleza y la materia en nuestros vinos.
Por otro lado, desde la primera edición somos socios de Révélations. Este vínculo natural se basa en valores comunes: respeto por la naturaleza y atención a los desafíos climáticos. Los artistas presentes en Révélations trabajan bajo criterios sostenibles: transformación responsable de materiales, creación duradera… como Capucine H, que habla de emergencia climática a través de joyas, o Muriel Maire con esculturas comprometidas. El Banquet Bangladesh celebra técnicas tradicionales extranjeras desde la transmisión y el respeto por los recursos.
Louis Roederer ha apostado desde muy temprano por una viticultura virtuosa, respetuosa con la naturaleza, que hoy se refleja en sus champagnes adaptados al cambio climático. Este año, Révélations volvió a su hogar original, el Grand Palais de París, lo que ha supuesto una oportunidad ideal para presentar el quinto Brut Nature, auténtico laboratorio del futuro de Champagne frente al clima.

¿Cómo fue el proceso creativo inicial con Philippe Starck? ¿Cómo evolucionó la etiqueta para esta añada?
Esta cuvée nació del diálogo libre entre la Maison (con Frédéric Rouzaud, el Chef de Caves Jean-Baptiste Lécaillon) y Philippe Starck. Su colaboración empezó en 2006 con el primer Brut Nature y ha seguido a lo largo de los años.
Compartimos con Starck su visión del «menos es más»: elegancia en lo mínimo, sobriedad feliz; o lo que es lo mismo: Minimizar la huella para maximizar sabor, sugerir para emocionar. La etiqueta refleja esta estética pura y humilde, como el vino en sí. Por otro lado, los colores como «beige rosado terracota» y «beige cálido» evocan la tierra y la verdad del terroir. En los estuches, se combinan con metal plateado, como firma terrenal y humana.
Como el mismo Starck ha dicho: «Estos champagnes no necesitan más artificios. Su belleza está en el interior. En el Brut Nature, lo único que queda por quitar es el corcho para beberlo».
¿Por qué lanzar una edición LR x PS cada tres años?
Este champagne sin dosificación solo se elabora en años cálidos y secos (2006, 2009, 2012, 2015, 2018), condiciones ideales de maduración. Es una oportunidad para que Louis Roederer explore las consecuencias del cambio climático, que pronto será la norma. De hecho, el próximo Brut Nature será de la añada 2020.

¿Cuáles fueron los principales retos de esta añada, en relación con el cambio climático?
Hace 20 años iniciamos un camino experimental, rescatando prácticas antiguas y aprovechando suelos fríos en años cálidos para equilibrar el vino. Este terroir se cultiva con suavidad, en agricultura biológica, guiada por la biodinámica. Siguiendo la filosofía de Jean-Baptiste Lécaillon: “Hay que hacer lo mínimo posible, observar con benevolencia, sin perturbar ni el lugar ni el vino.”
La mezcla de variedades antiguas, en una lógica campesina, refuerza la expresión del origen. Conservamos un vivero de plantas viejas desde hace más de dos décadas, protegiendo su material genético. Esta diversidad es nuestra mejor aliada ante las incertidumbres climáticas.
¿Puede contarnos un poco más sobre el proceso?
Las uvas se cosechan y prensan juntas, sin mezclas posteriores. Se fermentan y embotellan directamente. La crianza sobre lías dura casi un año, lo que aporta textura y untuosidad. No se realiza fermentación maloláctica, para preservar su carácter salino. Se embotella a baja presión para una burbuja suave. Y como es un vino no dosificado, mantiene su pureza intacta.
Brut Nature es una experimentación constante, un vino que evoluciona y nos ayuda a pensar el futuro del champagne.
Por último, ¿cómo ven el futuro del champagne en un contexto sostenible y exigente?
Impulsados por la familia Rouzaud, llevamos casi 30 años comprometidos con prácticas agrícolas responsables. Jean-Baptiste Lécaillon y su equipo buscan siempre expresar los terroirs de la forma más precisa posible. Su compromiso pasa por el respeto por la tierra, que es más necesario que nunca. Según suele explicar él mismo, se trata de dar resiliencia a la vid, recuperar la diversidad, enriquecer el ecosistema y trazar nuestro propio camino.
Desde los años 90, además, Louis Roederer ha desarrollado un programa de preservación del patrimonio vegetal, único en Francia, que busca conservar y estudiar la diversidad genética de sus cepas. Hoy el proyecto fotográfico “Solar Panel”, de Jean-Charles Gutner, capta esta riqueza viva que florece en las viñas, especialmente lo que representa la selección masal, una técnica sensible y preciosa.
Otras cuvées, como la Collection 245, también reflejan esta adaptación al contexto cambiante. Cada nueva edición de Collection es una interpretación diferente de los matices de una cosecha y representa una culminación de este arte del ensamblaje y de la oportunidad que el cambio climático representa para reinventarse. En última instancia, también lo hacen otras expresiones de la viticultura de ‘alta costura’ como el Cristal (creado para el zar Alejandro II), o la viticultura solar de los Coteaux champenois «Hommage à Camille».