En pasarelas y shootings se suelen defender looks que no siempre encajan con el día a día. En las conversaciones que mantiene Fer Fraga, especialmente ahora que presenta Rondallas, aparece una búsqueda constante de equilibrio entre lo que se muestra y lo que se vive.
Actor, modelo y creador, su discurso se mueve entre la introspección, la honestidad y una defensa clara de lo simple como punto de partida creativo. Hablamos con él sobre moda, interpretación, procesos emocionales y los caminos que todavía quiere explorar.
Entrevistamos a Fer Fraga
¿Cómo es tu relación real con la moda fuera de los focos? ¿Cómo conviven tu “yo” cotidiano y tu faceta más artística?
Mi objetivo como persona es ser cada vez más consciente. Buscar mi equilibrio, encontrar el balance. Estoy bastante desconectado con la moda en mi día a día; normalmente lo que más uso es ropa de deporte, ya que después de rodar me suelo quedar directamente en el gimnasio.
Siempre, a la hora de vestirme para galas, estrenos o junkets, recurro a @logga (Juanma y Maca), que son estilistas y siempre entienden mi estética. Les debo mucho. Dicen que soy un poco “dejado”, pero me aprecian igual… o eso creo (risas).
En la cotidianidad me considero una persona bastante simple. Intento estar muy conectado con lo que me arraiga, porque pienso que de ahí es de donde parte todo proceso creativo. Desde la base, la creatividad se expande.
Has trabajado en cine, series y teatro, universos muy distintos entre sí. ¿Qué aprendizajes de cada uno sigues aplicando hoy en tu forma de trabajar como actor?
Siempre entiendo el trabajo como un arte colectivo, de equipo. Todas las piezas del puzzle son necesarias; ninguna es más importante que la otra. He tenido la suerte de trabajar con directoras y directores como Daniel Sánchez Arévalo, Chloé Wallace o Jorge Coira, y en teatro con Claudio Tolcachir.
Para mí son ejemplo de buen hacer y de crear relaciones horizontales y amorosas. Creo que la idea de crear en un ambiente hostil, tenso y vertical está cada vez menos de moda. Y eso me llena de felicidad y de esperanza.
En Rondalla, tu última película como protagonista, contaste que para interpretar a Elías tuviste que aprender a tocar la gaita. ¿Cómo fue el proceso de preparación emocional y técnica para construir al personaje?
Empezamos seis meses antes con ensayos para aprender a tocar la gaita. Los recuerdo con muchísimo cariño y nostalgia.Durante todo el verano ensayamos tanto con la rondalla —compuesta por 103 rondalleiros reales— como con Dani y Judith Fernández (Andrea).
Improvisábamos con mucha intimidad y delicadeza, gracias a Dani, que creaba un espacio seguro y muy bonito donde poder compartir. Formamos una familia. Me lleno de nostalgia al recordar esos meses.
La película se rodó en tu tierra natal y tanto tú como el personaje estáis muy ligados a ese entorno. ¿Qué sientes que tienes en común con Elías? ¿Te ayudó a descubrir partes de ti mismo que quizá no conocías?
Creo que tengo muchas cosas en común con Elías. Siempre que trabajo intento poner al servicio del personaje mi mayor honestidad y humanidad. Elías me recordó que después de la oscuridad siempre hay luz, y que necesitamos de otros —como seres sociales que somos— para encontrarla.
Tras las nominaciones que han llegado con la película, ¿te preocupa que la industria intente encasillarte en una imagen concreta? ¿Cómo proteges esa “liberación de lo simple” cuando el ritmo de trabajo se acelera?
Sinceramente, intento que mi foco esté en la artesanía del oficio. Ir adquiriendo nuevas herramientas para llegar a nuevos matices. Cada vez que tengo la oportunidad de encarnar un personaje lo vivo como una suerte y una bendición. Busco que mi interpretación tenga mayor profundidad. Me centro en el trabajo diario, no tanto en reconocimientos externos que están fuera de mi control.
Has mencionado que trabajar con el equipo de Rondalla te enriqueció mucho. Fuera de ese proyecto, ¿hay alguna persona o encuentro reciente que te haya marcado en tu forma de mirar la actuación o la creatividad?
El otro día salí del cine y una chica se acercó a mí con los ojos llenos de emoción y me dijo: “Yo, como persona que se autolesiona, te quiero dar las gracias por hacer un Elías tan humano”. Cuando la escuché se me erizó la piel.
Le di un abrazo emocionado. Salí del cine teniendo aún más claro que estas son las historias que quiero contar: las que emocionan, las que ojalá, en algún lugar alguien las vea y se sienta un poco más comprendido.

Tras las nominaciones que han llegado con la película, ¿te preocupa que la industria intente encasillarte en una imagen concreta? ¿Cómo proteges esa “liberación de lo simple” cuando el ritmo de trabajo se acelera?
Sinceramente, intento que mi foco esté en la artesanía del oficio. Ir adquiriendo nuevas herramientas para llegar a nuevos matices. Cada vez que tengo la oportunidad de encarnar un personaje es una suerte y una bendición. Lo siento así. Busco que mi interpretación tenga mayor profundidad. Me centro en el trabajo diario, no tanto en reconocimientos externos fuera de mi control.
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Has mencionado que trabajar con el equipo de Rondalla te enriqueció mucho. Fuera de eso, ¿hay alguna persona o encuentro reciente que te haya marcado en tu forma de mirar la actuación o la creatividad?
El otro día salí del cine y una chica se acercó a mi con los ojos llenos de emoción y me dijo: “Yo como persona que se autolesiona, te quiero dar las gracias por hacer un Elías tan humano” . Cuando la escuché se me erizó la piel, le di un abrazo emocionado.
Salí del cine teniendo aun más claro que estas son las historias que quiero contar. Las que emocionan, las que ojalá en algún lugar alguien las vea y se sienta un poco más comprendido.

